Calderón de la Barca, Pedro

A secreto agravio, secreta venganza



Edición a cargo de:
Santiago Fernández Mosquera
Procedencia:
CALDERÓN - TC/12
Manuscrito
  • Ms. BNE, 14.927, La gran comedia de la secreta benganza de don Lope de Almeyda, de don Pedro Calderón de la Barca, firmado por Diego Martínez de Mora y fechado en 1635.
Impresos
  • A secreto agravio, secreta venganza, comedia famosa de don Pedro Calderón de la Barca, en Segunda parte de las comedias de don Pedro Calderón de la Barca, Madrid, María de Quiñones, 1637, fols. 185-205. QC.
  • A secreto agravio, secreta venganza, comedia famosa de don Pedro Calderón de la Barca, en Segunda parte de las comedias de don Pedro Calderón de la Barca, Madrid, Imprenta de Carlos Sánchez, 1641, fols. 189-209. S.
  • A secreto agravio, secreta venganza, comedia famosa de don Pedro Calderón de la Barca, en Segunda parte de las comedias de don Pedro Calderón de la Barca, Madrid, María de Quiñones, “1637”, fols. 180v-200. Q.
  • Comedia famosa. A secreto agravio secreta venganza. Fiesta que se representó a sus Magestades en el Salón de su Real Palacio. De don Pedro Calderón de la Barca, en Parte segunda de comedias del celebre poeta español don Pedro Calderón de la Barca, edición de Juan de Vera Tassis y Villarroel, Madrid, Francisco Sanz, 1686. VT.
  • Vengarse con fuego y agua. Comedia famosa de don Pedro Calderón, en Sexta parte de Comedias escogidas de los mejores ingenios de España, “Zaragoza”, Herederos de Pedro Lanaja y Lamarca, “1653”.
Digitalización a cargo de:
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes Saavedra, 2014

PERSONAS QUE HABLAN EN ELLA

EL REY DON SEBASTIÁN
DON LOPE DE ALMEIDA
DON JUAN DE SILVA
DON LUIS DE BENAVIDES
DON BERNARDINO, viejo
DUQUE DE BERGANZA
LEONOR, dama
SIRENA, criada
CELIO, criado
UN BARQUERO
DOS SOLDADOS
MANRIQUE, criado
GENTE DE ACOMPAÑAMIENTO

Jornada I

Sale el REY DON SEBASTIÁN, DON LOPE DE ALMEIDA, MANRIQUE, criado, y GENTE DE ACOMPAÑAMIENTO.

DON LOPE
Otra vez, gran señor, os he pedido
esta licencia y otra habéis tenido
por bien mi casamiento;
mas yo, que, siempre a tanta luz atento,
5
vivo en vuestro semblante, vengo a daros
cuenta de mi elección y a suplicaros
que en vuestra gracia pueda
colgar las armas y que Marte ceda
a amor la gloria, cuando en paz reciba
10
en vez de alto laurel sagrada oliva.
Yo os he servido y solamente espero
esta merced por galardón postrero,
pues con esta licencia venturosa
hoy saldré a recebir mi amada esposa.

REY
15
Yo estimo vuestro gusto y vuestro aumento
y, a no estar ocupado
en la guerra que en África he intentado,
fuera vuestro padrino.

DON LOPE
Eterno dure ese laurel divino
20
que tus sienes corona.

REY
Estimo en mucho yo vuestra persona.

(Vase el REY y acompañamiento.)

MANRIQUE
Contento estás.

DON LOPE
Mal supiera
la dicha y la gloria mía
disimular su alegría.
25
¡Felice yo si pudiera
volar hoy!

MANRIQUE
Al viento igualas.

DON LOPE
Poco aprovecha, que el viento
es perezoso elemento.
Diérame el amor sus alas;
30
volara abrasado y ciego,
pues quien al viento se entrega
olas de viento navega
y las de amor son de fuego.

MANRIQUE
Para que desengañarme
35
pueda creyendo que tienes
causa, dime a lo que vienes
con tanta prisa.

DON LOPE
A casarme.

MANRIQUE
¿Y no miras que es error
digno de que al mundo asombre
40
que vaya a casarse un hombre
con tanta prisa, señor?
Si hoy, que te vas a casar,
del mismo viento te quejas,
¿qué dejas que hacer, qué dejas
45
cuando vayas a enviudar?

(Sale DON JUAN DE SILVA muy pobremente vestido.)

DON JUAN
¡Cuán diferente pensé
volver a ti, patria mía,
aquel infelice día
que tus umbrales dejé!
50
¡Quién no te hubiera pisado!
Pues siempre mejor ha sido
adonde no es conocido
vivir el que es desdichado.
Gente hay aquí; no es razón
55
verme en el mal que me veo.

DON LOPE
Aguárdate. No lo creo.
¿Si es verdad? ¿Si es ilusión?
¡Don Juan!

DON JUAN
¡Don Lope!

DON LOPE
Dudoso
de tanta dicha, mis brazos
60
han suspendido sus lazos.

DON JUAN
Deteneos, que es forzoso
que me defienda de quien
tanto honor y valor tiene,
que hombre que tan pobre viene,
65
Don Lope amigo, no es bien
que toque, ¡oh, suerte importuna!,
pecho de riquezas lleno.

DON LOPE
Vuestras razones condeno,
porque, si da la fortuna
70
humanos bienes del suelo,
el cielo un amigo da
como vos: ¡ved lo que va
desde la fortuna al cielo!

DON JUAN
Aunque hacéis que aliento cobre,
75
en mí mayor mal está;
¡mirad cuán grande será
mal que es mayor que ser pobre!
Y, por que mi sentimiento
algún alivio prevenga,
80
si es posible que le tenga,
escuchad, don Lope, atento.
A la conquista famosa
de la India, que eligió
para su tumba la noche
85
y para su cuna el sol,
amigos y tan amigos
pasamos juntos los dos
que asistieron en dos cuerpos
un alma y un corazón.
90
No codicia de riqueza,
sino codicia de honor
obligó nuestros deseos
a tan atrevida acción
como tocar con bajeles
95
la provincia que ignoró
por tantos años la ciencia,
nunca creída hasta hoy.
La nobleza lusitana
de su fortuna fio
100
naves que ciertas exceden
las fingidas de Jasón.
Dejo esta alabanza a quien
pueda con más dulce voz
contar los famosos hechos
105
desta invencible nación,
porque el gran Luis de Camões,
escribiendo lo que obró,
con pluma y espada muestra
ya el ingenio, ya el valor
110
en esta parte. Después,
Don Lope invicto, que vos
por muerte de vuestro padre
volvisteis, me quedé yo
bien sabéis con cuánta fama
115
de amigos y de opinión,
que agora, perdidos, hacen
el sentimiento mayor.
Pero, en efeto, es consuelo
-¡ved si desgraciado soy!-
120
que nunca le di, malquisto,
a la fortuna ocasión.
Había en Goa una señora,
hija de un hombre a quien dio
grande cantidad de hacienda
125
codicia y contratación.
Era hermosa, era discreta,
que, aunque enemigos las dos,
en ella hicieron las paces
hermosura y discreción.
130
Servila tan venturoso
que merecí algún favor,
pero ¿quién ganó al principio
que a la postre no perdió?
¿Quién fue antes tan felice
135
que después no declinó?
Porque son muy parecidos
juego, fortuna y amor.
Don Manuel de Sosa, un hombre
-hijo del gobernador
140
Manuel de Sosa- por sí
de mucha resolución,
muy valiente, muy cortés,
bizarro y cuerdo -que yo,
aunque le quité la vida,
145
no he de quitarle el honor-,
de Violante enamorado
-que este es el nombre que dio
ocasión a mi ventura
y a mi desdicha ocasión-,
150
en Goa públicamente
era mi competidor.
Poco cuidado me daba
su amorosa pretensión,
porque, siendo, como era,
155
el favorecido yo,
la pena del despreciado
hizo mi dicha mayor.
Un día que el sol hermoso
saliera -pluguiera a Dios
160
sepultara eterna noche
su continuo resplandor-,
salió con el sol Violante:
bastaba pedirle yo
que aun el uno no saliera
165
para que salieran dos.
De criados rodeada
a la marina llegó,
donde estaba mucha gente,
porque en aquella ocasión
170
había llegado una nave
al puerto y su admiración
dio causa a aqueste concurso
y a mi desdicha la dio.
Estábamos en un corro
175
de mucha gente los dos,
todos soldados y amigos,
cuando a la vista pasó
Violante. Iba tan airosa
que allí ninguno dejó
180
de poner el alma en ella,
porque su planta veloz
era el móvil que llevaba
tras sí la imaginación.
Dijo un capitán: «¡Qué bella
185
mujer!». A quien respondió
don Manuel: «Y como tal
ha sido la condición».
«Será cruel». «No por eso
lo digo -le replicó-,
190
sino por ver que ha escogido,
como hermosa, lo peor».
Yo entonces dije: «Ninguno
sus favores mereció,
porque no hay quien los merezca,
195
y si hay alguno, soy yo».
«Mentís», dijo. Aquí no puedo
proseguir, porque la voz
muda, la lengua turbada,
frío el pecho, el corazón
200
palpitante, los sentidos
muertos y vivo el dolor,
quedan repitiendo aquella
afrenta. ¡Oh, tirano error
de los hombres! ¡Oh, vil ley
205
del mundo! ¡Que una razón
o que una sinrazón pueda
manchar el altivo honor
tantos años adquirido
y que la antigua opinión
210
de honrado quede postrada
a lo fácil de una voz!
¡Que el honor, siendo un diamante,
pueda un frágil soplo, ¡ay, Dios!,
abrasarle y consumirle,
215
y que, siendo su esplendor
más que el sol puro, un aliento
sirva de nube a este sol!
Mucho del caso me aparto,
llevado de la pasión.
220
Perdonad, vuelvo al suceso.
Apenas él pronunció
tales razones, don Lope,
cuando mi espada veloz
pasó de la vaina al pecho
225
tal que a todos pareció
que imitaron trueno y rayo
juntos mi espada y su voz.
Bañado en su misma sangre
muerto en la arena cayó,
230
cuando para mi defensa
tomé una iglesia, a quien dio
en aquel sitio lugar
la sagrada religión
de Francisco, que por ser
235
su padre el gobernador
me fue forzoso esconderme
con tanto asombro y temor
que tres días un sepulcro
habité vivo. ¿Quién vio
240
que siendo el contrario el muerto
fuese el sepultado yo?
Al cabo de los tres días,
por amistad y favor
el capitán de la nave
245
que a nuestros puertos llegó
y que a Lisboa venía
en ella me recibió
una noche, cuyo manto
fue de mi vida ocasión.
250
En esta nave escondido
estuve hasta que el veloz
monstruo del viento y del agua
los piélagos dividió
de Neptuno. ¡Injusto engaño
255
de la vida! O su pasión
no dé por infame al hombre
que sufre su deshonor
o le dé por disculpado
si se venga, que es error
260
dar a la afrenta castigo
y no al castigo perdón.
Hoy he llegado a Lisboa,
adonde tan pobre estoy
que no osaba entrar en ella.
265
Estas mis fortunas son,
ya no tristes, sino alegres,
pues me dieron ocasión
de llegar a vuestros brazos.
Estos mil veces os doy,
270
si un hombre tan infelice
puede merecer de vos,
oh, gran don Lope de Almeida,
tal merced, honra y favor.

DON LOPE
Atentamente escuché,
275
don Juan de Silva, las quejas
que en lágrimas anegadas
dais desde el pecho a la lengua
y atentamente he pensado
que no hay opinión que pueda,
280
por más sutil que discurra,
tener dudosa la vuestra.
¿Quién, en naciendo, no vive
sujeto a las inclemencias
del tiempo y de la fortuna?
285
¿Quién se libra, quién se excepta
de una intención mal segura,
de un pecho doble que alienta
la ponzoña de una mano
y el veneno de una lengua?
290
Ninguno. Solo dichoso
puede llamarse el que deja,
como vos, limpio su honor
y castigada su ofensa.
Honrado estáis; negras sombras
295
no deslustren, no escurezcan
vuestro honor antiguo, y hoy
en nuestra amistad se vea
la virtud de aquellas plantas
tan conformemente opuestas
300
que una con calor consume
y otra con frialdad penetra
y son veneno las dos
y, estando juntas, se templan,
de suerte que son entonces
305
salud más segura y cierta.
Vos estáis triste; yo, alegre:
partamos la diferencia
entre los dos y, templando
el contento y la tristeza,
310
queden en igual balanza
mi alegría y vuestra pena,
mi gusto y vuestro dolor,
mi ventura y vuestra queja,
por que el pesar ni el placer
315
matar a ninguno pueda.
Yo me he casado en Castilla
por poder con la más bella
mujer -mas, para ser propia,
es lo menos la belleza-,
320
con la más noble, más rica,
más virtuosa y más cuerda
que pudo en el pensamiento
hacer dibujos la idea.
Doña Leonor de Mendoza
325
es su nombre, y hoy con ella
don Bernardino, mi tío,
llegará a Aldeagallega,
donde salgo a recebilla
con tan venturosas muestras
330
como veis; y un bello barco,
que las ondas lisonjea
del Tajo por no haber visto
tan hermoso cisne en ellas,
la está esperando, y un alma
335
tan venturosa la espera
que juzga por perezosas
hoy del tiempo las ligeras
alas, porque el bien que tarda
no llega bien cuando llega.
340
Esta es mi dicha, mayor
por ver cuánto la acrecienta
vuestra venida, don Juan.
No os dé temor, no os dé pena
venir pobre; rico soy:
345
mi casa, amigo, mi mesa,
mis caballos, mis criados,
mi honor, mi vida, mi hacienda,
todo es vuestro. Consolaos
de que la fortuna os deja
350
un amigo verdadero
y que no ha tenido fuerza
contra vos, pues no os quitó
este valor que os alienta
esta alma que os anima,
355
y este brazo que os defienda.
No me respondáis; dejad
las cortesanas finezas,
entre amigos escusadas,
y venid a donde sea
360
testigo vuestra persona
de la dicha que me espera,
que hoy en Lisboa ha de entrar
mi esposa, y estas tres leguas
de mar, para mí de fuego,
365
hemos de venir con ella,
que de esotra parte está,
sin duda.

DON JUAN
Pues no pretenda
con mi humildad deslucirse,
Don Lope, vuestra nobleza,
370
porque el mundo, no la sangre,
sino el vestido respeta.

DON LOPE
Ese es engaño del mundo,
que no ve ni considera
que al cuerpo le viste el oro,
375
pero al alma la nobleza.
Venid conmigo. Suspiros,
ofreced viento a las velas,
si es que en los mares del fuego
bajeles de amor navegan.
(Vanse los dos.)

MANRIQUE
380
Yo me quiero adelantar
en alguna barca destas
que llaman muletas y hoy,
siendo cojo con muletas,
pedir a mi nueva ama
385
las albricias de que llega
su esposo, que el primer día
da las albricias cualquiera,
porque sale de forzada,
si es lo mismo de doncella.

(Vase. Sale DON BERNARDINO, viejo, y DOÑA LEONOR y SIRENA.)

DON BERNARDINO
390
En la falda lisonjera
deste monte coronado
de flores, donde ha llamado
a cortes la primavera,
puedes descansar en tanto,
395
bella Leonor, que dichoso
llega don Lope, tu esposo,
y perdona al dulce llanto,
aunque no es gran maravilla
que con sentimiento igual
400
a vista de Portugal
te despidas de Castilla.

DOÑA LEONOR
Ilustre don Bernardino
de Almeida, mi tierno llanto
no es ingratitud a tanto
405
honor como me previno
la suerte y la dicha mía.
Viendo tan cercano el bien,
gusto ha sido, que también
hay lágrimas de alegría.

DON BERNARDINO
410
Cuerdamente te disculpa
la discreción lisonjera
y, aunque por disculpa fuera,
te agradeciera la culpa.
Yo quiero dar más lugar
415
a divertir la porfía
de aquesta melancolía.
Aquí puedes descansar,
venciendo el rigor aquí
del sol, que en sus rayos arde.
420
El cielo tu vida guarde.
(Vase.)

DOÑA LEONOR
¿Fuese ya, Sirena?

SIRENA
Sí.

DOÑA LEONOR
¿Óyenos alguien?

SIRENA
Sospecho
que estamos solas las dos.

DOÑA LEONOR
Pues salga mi pena, ¡ay, Dios!,
425
de mi vida y de mi pecho;
salga en lágrimas deshecho
el dolor que me provoca
el fuego que al alma toca,
remitiendo sus enojos
430
en lágrimas a los ojos
y en suspiros a la boca.
Y sin paz y sin sosiego
todo lo abrasen veloces,
pues son de fuego mis voces
435
y mis lágrimas de fuego.
Abrasen, cuando navego
tanto mar y viento tanto,
mi vida y mi fuego cuanto
consume el fuego violento,
440
pues mi voz es fuego y viento;
mis lágrimas, fuego y llanto.

SIRENA
¿Qué dices, señora? Advierte
en tu peligro y tu honor.

DOÑA LEONOR
Tú, que sabes mi dolor;
445
tú, que conoces mi muerte,
¿me reportas desa suerte?
Tú, ¿de mi llanto me alejas?
Tú, ¿que calle me aconsejas?

SIRENA
Tu inútil queja escuchando
450
estoy.

DOÑA LEONOR
¡Ay, Sirena! ¿Cuándo
son inútiles las quejas?
Quéjase una flor constante,
si el aura sus hojas hiere
cuando el sol caduco muere
455
en túmulos de diamante;
quéjase un monte arrogante
de las injurias del viento
cuando le ofende violento,
y el eco, ninfa vocal,
460
quejándose de su mal,
responde el último acento.
Quéjase, porque amar sabe,
una hiedra, si perdió
el duro tronco que amó;
465
y con acento suave
se queja una simple ave
cuando le falta su unión;
y en amorosa prisión
así aliviarse pretende,
470
que al fin la queja se entiende
si se ignora la canción.
Quéjase el mar a la tierra
cuando en lenguas de agua toca
los labios de opuesta roca;
475
quéjase el fuego, si encierra
rayos que al mundo hacen guerra.
¿Qué mucho, pues, que mi aliento
se rinda al dolor violento,
si se quejan monte, piedra,
480
ave, flor, eco, sol, hiedra,
tronco, rayo, mar y viento?

SIRENA
Sí, mas ¿qué remedio así
consigues desesperada?
Don Luis muerto y tú casada,
485
¿qué pretendes?

DOÑA LEONOR
¡Ay de mí!
Di, Sirena hermosa, di
don Luis muerto y muerta yo.
Pues, si el cielo me forzó,
me verás en esta calma
490
sin gusto, sin ser, sin alma,
muerta sí, casada no.
Lo que yo una vez amé,
lo que una vez aprendí,
podré perderlo, ¡ay de mí!,
495
olvidarlo no podré.
¿Olvido donde hubo fe?
Miente amor. ¿Cómo se hallara
burlada verdad tan clara?
Pues la que constante fuera
500
no olvidara si quisiera,
no quisiera si olvidara.
¡Mira tú lo que sentí
cuando su muerte escuché,
pues forzada me casé
505
solo por vengarme en mí!
Ya la voz última aquí
se despida del dolor:
hasta las aras, amor,
te acompañé; aquí te quedas,
510
por que atreverte no puedas
a las aras del honor.
(Sale MANRIQUE.)

MANRIQUE
¡Dichoso yo que he llegado,
venturoso yo que he sido,
felice yo que he venido,
515
refelice yo que he dado
el primero labio mío
a la estampa de ese pie,
que, lleno de flores, fue
primavera en el estío!
520
Y, pues he llegado a vos,
beso y vuelvo a rebesar
cuanto se puede besar
sin ofender a mi Dios.

DOÑA LEONOR
¿Quién sois?

MANRIQUE
El menor criado
525
de don Lope, mi señor,
mas no el hablador menor,
que veloz me he adelantado
por albricias de que viene.

DOÑA LEONOR
Descuido fue, bien decís;
530
tomad. ¿Y de qué servís
a don Lope?

MANRIQUE
Hombre que tiene
este humor, ¿ya no os avisa
que es gentilhombre su nombre?

DOÑA LEONOR
¿Y de qué sois gentilhombre?

MANRIQUE
535
De la boca de la risa.
Criado a quien le prefieren
a los mayores cuidados
es pendanga de criados
hecha del palo que quieren:
540
cuando guardo, mayordomo;
cuando algún vestido espero
de mi amo, camarero;
maestresala, cuando tomo
para mí el mejor bocado;
545
secretario poco amigo,
cuando sus secretos digo;
caballerizo estremado,
cuando, por no andar a pie,
con achaque de pasealle
550
salgo a caballo a la calle;
cuando alguna cosa fue
tal que se guarda de mí,
soy entonces su veedor
y después su contador,
555
pues a todos desde allí
lo cuento, a todos lo aviso;
cuando hurto lo que quiero
de la plata, repostero;
despensero, cuando siso;
560
soy valiente, cuando huyo,
y soy su cochero el día
que sus amores me fía,
y así claramente arguyo
que soy por tan varios modos,
565
sirviéndole siempre así,
cada oficio de por sí
y, murmurándole, todos.
(Hablan aparte.)

(Salen DON BERNARDINO y DON LUIS y CELIO, criado.)

DON LUIS
Soy mercader y trato en los diamantes,
que hoy son piedras y rayos fueron antes
570
del sol, que perficiona y ilumina
rústico grano la abrasada mina.
Paso desde Lisboa hasta Castilla
y en esta aldea vi la maravilla
del cielo, reducida en una dama
575
que acompañáis, y luego de la fama
supe que va casada o a casarse.
Y, como suele en todas emplearse
este caudal más bien, porque las bodas
en la gala y la joya empiezan todas,
580
enseñaros quisiera alguna dellas,
que no son más lucientes las estrellas,
por ver si la ocasión con el deseo
hacen en el camino algún empleo.

DON BERNARDINO
La prevención y la advertencia ha sido
585
acertada. A buen tiempo habéis venido,
pues yo, por divertilla y alegralla,
que está triste, una joya he de ferialla.
Aquí esperad, y llegaré primero
a prevenilla.

DON LUIS
Pues agora quiero
590
que la llevéis, señor, para bastante
prueba de mi verdad, este diamante,
que, visto su valor y su excelencia,
no dudo yo, señor, que os dé licencia
de llegar a sus pies.

DON BERNARDINO
¡Es piedra rara!
595
¡Qué fondo! ¡Qué caudal! ¡Qué limpia y clara!
Aquí, divina Leonor,
ha llegado un mercader,
en cuya mano has de ver
joyas de grande valor,
600
ricas, costosas y bellas.
Divierte un poco el pesar,
que yo te quiero feriar
la que te agradare dellas.
Este diamante, farol
605
que con luz hermosa y nueva
para su limpieza prueba
ser luciente hijo del sol,
viene por testigo aquí.
Toma el diamante.

DOÑA LEONOR
(¿Qué veo?
610
¡Cielos!).

DON BERNARDINO
Dime...

DOÑA LEONOR
(Aún no lo creo).

DON BERNARDINO
...si ha de llegar.

DOÑA LEONOR
(¡Ay de mí,
este diamante es el mismo!)
Dile que llegue. (¡Sirena!
Sáqueme amor desta pena,
615
deste encanto, deste abismo.
Este diamante que ves,
luz que con el sol la mides,
di a don Luis de Benavides;
prenda mía y suya es.
620
O mis lágrimas me ciegan
o es el mismo. Hoy sabré yo
cómo a mis manos volvió.)

SIRENA
(Disimula, que ya llegan.)

DON LUIS
Yo soy, hermosa señora...

DOÑA LEONOR
625
(¡Alma de la pena mía!
¡Cuerpo de mi fantasía!).

SIRENA
(Disimula y calla agora,
que ya veo la razón
que tienes para admirarte).

DON LUIS
630
Yo soy quien en esta parte
piensa lograr la ocasión,
habiendo a tiempo llegado
en que pueda mi deseo
hacer el felice empleo
635
tantos años esperado.
Traigo joyas que vender
de inumerable riqueza
y, entre otras, una firmeza
sé que os ha de parecer
640
bien, porque della sospecho
que adorne esta bizarría,
si es que la firmeza mía
llega a verse en vuestro pecho.
Un cupido de diamantes
645
traigo de grande valor,
que quise hacer al amor
yo de piedras semejantes,
por que, labrándole así,
cuando alguno le culpase
650
de vario y fácil, le hallase
firme solamente en mí.
Un corazón traigo, en quien
no hay piedra falsa ninguna;
sortijas bellas, y en una
655
unas memorias se ven.
Una esmeralda que había
me hurtaron en el camino,
por el color, imagino,
que perfeto le tenía.
660
Estaba con un zafiro,
mas la esmeralda llevaron
solamente y me dejaron
esta azul piedra que miro,
y así dije a mis desvelos:
665
«¿Cómo con tanta venganza
me llevasteis la esperanza
para dejarme los celos?».
Si gusta vuestra belleza,
descubriré, por más glorias,
670
el corazón, las memorias,
el amor y la firmeza.

DON BERNARDINO
(El mercader es discreto.
¡Qué bien a las joyas bellas
para dar gusto de vellas
675
las fue aplicando su efeto!).

DOÑA LEONOR
Aunque vuestras joyas son
tales como encarecéis,
para mostrarlas habéis
llegado a mala ocasión.
680
Y yo, en ver su hermoso alarde,
contento hubiera tenido
si antes hubierais venido,
pero habéis venido tarde.
¿Qué se dijera de mí
685
si, cuando casada soy,
si, cuando esperando estoy
a mi noble esposo, aquí
pusiera, no mi tristeza,
sino mi imaginación
690
en ver ese corazón,
ese amor y esa firmeza?
No los mostréis, que no es bien
que, tan sin tiempo miradas,
agora desestimadas
695
memorias vuestras estén.
Y tomad vuestro diamante,
que yo sé que pierdo en él
una luz hermosa y fiel,
al mismo sol semejante.
700
No culpéis la condición
que en mí tan esquiva hallasteis;
culpaos a vos, que llegasteis
sin tiempo y sin ocasión.

MANRIQUE
Ya don Lope, mi señor,
705
llega.

DON LUIS
(¿Habrá en desdicha igual
mal que compita a mi mal
ni dolor a mi dolor?).

DOÑA LEONOR
(¡Qué veneno!).

DON LUIS
(¡Qué crueldad!).

DON BERNARDINO
A recibille lleguemos.
(Vase.)

MANRIQUE
710
(Callen todos y escuchemos
la primera necedad,
porque un novio a quien le place
la dama y a verla llega,
como necedades juega,
715
es tahúr que dice y hace).
(Vase.)

DON LUIS
¿Qué me podrá responder
mujer tan fácil, liviana,
mudable, inconstante y vana,
y mujer, en fin, mujer,
720
que pueda satisfacer
a tu mudanza y tu olvido?

DOÑA LEONOR
Haber tu muerte creído,
haber tu vida llorado,
causa a mi mudanza ha dado,
725
que a mi olvido no ha podido,
pues, cuando te llego a ver,
a no estar ya desposada,
vieras hoy determinada
si soy mudable mujer.
730
Desposeme por poder.

DON LUIS
Y bien por poder se advierte:
por poder borrar mi suerte,
por poder dejarme en calma,
por poder quitarme el alma,
735
por poder darme la muerte.
Esta dices que creíste,
y no fue vana apariencia,
que, si creíste mi ausencia,
es lo mismo: bien dijiste.

DOÑA LEONOR
740
No puedo, no puedo, ¡ay, triste!,
responder, que está conmigo,
no mi esposo, mi enemigo.
Mas, por que me culpes fiel,
lo que le dijere a él
745
también ha de hablar contigo.

(Salen DON LOPE, DON BERNARDINO y MANRIQUE.)

DON LOPE
Cuando la fama en lenguas dilatada
vuestra rara hermosura encarecía,
por fe os amaba yo, por fe os tenía,
Leonor, dentro del alma idolatrada.
750
Cuando os mira suspensa y elevada
el alma que os amaba y os quería,
culpa la imagen de su fantasía,
que sois vista mejor que imaginada.
Vos sola a vos podéis acreditaros;
755
dichoso aquel que llega a mereceros
y más dichoso si acertó a estimaros.
Mas ¿cómo ha de olvidaros ni ofenderos?
Que quien antes de veros pudo amaros
mal os podrá olvidar después de veros.

DOÑA LEONOR
760
Yo me firmé rendida antes que os viese,
y vivo y muerto sólo en vos estaba,
porque sólo una sombra vuestra amaba,
pero bastó que sombra vuestra fuese.
Dichosa yo mil veces, si pudiese
765
amaros como el alma imaginaba,
que la deuda común así pagaba
la vida, cuando humilde me rindiese.
Disculpa tengo cuando, temeroso
y cobarde, mi amor llega a miraros,
770
si no pago un amor tan generoso.
De vos, y no de mí, podéis quejaros,
pues, aunque yo os estime como esposo,
es imposible, como sois, amaros.

DON LOPE
Agora, tío y señor,
775
me dad los invictos brazos.

DON BERNARDINO
Y serán eternos lazos
de deudo, amistad y amor.
Y, por que no culpe agora
la dilación, a embarcar
780
nos lleguemos.

DON LOPE
Hoy el mar
segunda Venus adora.

MANRIQUE
(Y pues que con tanta gloria
dama y galán se han casado,
perdonad, noble senado,
785
que aquí se acaba la historia).
(Vanse.)

CELIO
Señor, pues que desta suerte
hallaste tu desengaño,
vuelve en ti, prevén el daño
de tu vida y de tu muerte.
790
Ya no hay estilo ni medio
que tú debas eligir.

DON LUIS
Sí hay, Celio.

CELIO
¿Cuál es?

DON LUIS
Morir,
que es el último remedio.
Muera yo, pues vi casada
795
a Leonor, pues que Leonor
dejó burlado mi amor
y mi esperanza burlada.
Mas ¿qué me podrá matar,
si los celos me han dejado
800
con vida? Aunque mi cuidado
me pretende consolar
dándome alguna esperanza,
pues cuando a su esposo habló,
conmigo se disculpó
805
de su olvido y su mudanza.

CELIO
¿Cómo disculpar contigo?
A mil locuras te pones.

DON LUIS
Estas fueron sus razones;
mira si hablaron conmigo:
810
Yo me firmé rendida antes que os viese,
y vivo y muerto siempre en vos estaba,
porque sólo una sombra vuestra amaba,
pero bastó que sombra vuestra fuese.
Dichosa yo mil veces, si pudiese
815
amaros como el alma imaginaba,
que la deuda común así pagaba
la vida, cuando humilde me rindiese.
Disculpa tengo cuando, temeroso
y cobarde, mi amor llega a miraros,
820
si no pago un amor tan generoso.
De vos, y no de mí, podéis quejaros,
pues, aunque yo os estime como esposo,
es imposible, como sois, amaros.
Y puesto que así me ha dado
825
disculpa de su mudanza,
sea mi loca esperanza
veneno y puñal dorado.
Si ha de matarme el dolor,
mejor es el gusto, ¡cielos!
830
Y, si he de morir de celos,
mejor es morir de amor.
Siga mi suerte atrevida
su fin contra tanto honor,
porque he de amar a Leonor,
835
aunque me cueste la vida.
(Vanse.)


Jornada II

Salen SIRENA y MANRIQUE.

MANRIQUE
Sirena de mis entrañas,
que para aumentar mi pena
eres la misma sirena,
pues enamoras y engañas;
840
duélate ver el rigor
con que tratas mis cuidados,
que también a los criados
hiere de barato amor.
Dame un favor de tu mano.

SIRENA
845
Pues ¿qué puedo darte yo?

MANRIQUE
Mucho puedes, pero no
quiero bien más soberano
que aquese verde listón
con que yaces declarada
850
por dama de la lazada
o fregona del tusón.

SIRENA
¿Una cinta quieres?

MANRIQUE
Sí.

SIRENA
Ya aquese tiempo pasó
que un galán se contentó
855
con una cinta.

MANRIQUE
Es así,
pero, si yo la tuviera,
desparramando concetos,
mil y ciento y un sonetos
hoy en tu alabanza hiciera.

SIRENA
860
Por ver tanta sonetada
te la doy; y vete agora,
porque sale mi señora.

(Vase MANRIQUE y sale LEONOR.)

DOÑA LEONOR
Ya vuelvo determinada.
Esto, Sirena, es forzoso;
865
declárese mi rigor,
porque mi vida -y mi honor-
ya no es mía: es de mi esposo.
Dile a don Luis que, pues es
principal, noble y honrado,
870
por español y soldado
obligado a ser cortés,
que una mujer -no Leonor,
porque le basta saber
a un noble que una mujer-
875
le suplica que su amor
olvide, que maravilla
cuidado en la calle tal
y no sufre Portugal
galanteos de Castilla;
880
que con lágrimas bañada
vuelvo a pedirle se vuelva
a Castilla y se resuelva
a no hacerme mal casada,
porque fiera y ofendida,
885
si no lo hace, vive Dios
que podrá ser que a los dos
nos venga a costar la vida.

SIRENA
Desa suerte lo diré,
si puedo velle o hablalle.

DOÑA LEONOR
890
¿Cuándo falta de la calle?
Mas no hables en ella; ve
a buscarle a su posada.

SIRENA
Mucho, señora, te atreves.
(Vase.)

DOÑA LEONOR
¡Ay honor, mucho me debes!

(Sale DON LOPE, DON JUAN y MANRIQUE.)

DON JUAN
895
Ya se acerca la jornada.

DON LOPE
No queda en toda Lisboa
fidalgo ni caballero
que ser no piense el primero
que merezca eterna loa
900
con su muerte.

MANRIQUE
Justo es,
mas no pienso desa suerte
tener yo loa en mi muerte
ni comedia ni entremés.

DON LOPE
¿Luego tú no piensas ir
905
al África?

MANRIQUE
Podrá ser
que vaya, mas será a ver,
por tener más que decir;
no a matar, quebrando en vano
la ley en que vivo y creo,
910
pues allí explicar no veo
que sea moro ni cristiano.
«No matar», dice. Y los dos
este me veréis guardar,
que yo no he de interpretar
915
los mandamientos de Dios.

DON LOPE
¡Mi Leonor!

DOÑA LEONOR
¡Esposo mío!
¿Vos tanto tiempo sin verme?
Quejoso vive el amor
de los instantes que pierde.

DON LOPE
920
¡Qué castellana que estáis!
Cesen las lisonjas, cesen
las repetidas finezas.
Mirad que los portugueses
al sentimiento dejamos
925
la razón, porque el que quiere
todo lo que dice quita
de valor a lo que siente.
Si en vos es ciego el amor,
en mí, mudo.

MANRIQUE
Y desa suerte
930
en mí endemoniado; así
hoy en los tres llega a verse
mudo, endemoniado y ciego.

DON LOPE
Siempre, Manrique, parece
que al paso que yo estoy triste
935
tú estás contento y alegre.

MANRIQUE
Y dime, ¿cuál es mejor
en pasiones diferentes:
la alegría o la tristeza?

DON LOPE
La alegría.

MANRIQUE
Pues ¿qué quieres?
940
¿Que deje yo lo mejor
por lo peor? Tú, que tienes
la tristeza, que es la mala,
eres quien mudarte debes
y pasarte a la alegría,
945
pues será más conveniente
que el ir yo de alegre a triste
venir tú de triste a alegre.
(Vase.)

DOÑA LEONOR
¿Vos estáis triste, señor?
Muy poco mi pecho os debe
950
o yo le debo muy poco,
pues vuestro dolor no siente.

DON LOPE
Forzosas obligaciones,
heredadas dignamente
con la sangre, a quien obligan
955
divinas y humanas leyes,
me dan voces y recuerdan
desta blanda paz y deste
olvido en que yacen hoy
mis heredados laureles.
960
El famoso Sebastián,
nuestro rey, que viva siempre,
heredero de los siglos,
a la imitación del fénix,
hoy al África hace guerra.
965
No hay caballero que quede
en Portugal, que a las voces
de la fama naide duerme.
Quisiérale acompañar
a la jornada y, por verme
970
casado, no me he ofrecido
hasta que licencia lleve
de tu boca, Leonor mía.
Esta merced has de hacerme,
en esta ocasión honrarme
975
y este gusto he de deberte.

DOÑA LEONOR
Bien ha sido menester
con prevenciones hacerme
oraciones que me animen
y discursos que me alienten.
980
Vos ausente, señor mío,
y por mi consejo ausente,
fuera pronunciar yo misma
la sentencia de mi muerte.
Idos vos sin que lo diga
985
mi lengua, pues que no puede
negaros la voluntad
lo que la vida os concede.
Mas, por que veáis que estimo
vuestra inclinación valiente,
990
ya no quiero que el amor,
sino el valor me aconseje.
Servid hoy a Sebastián,
cuya vida el cielo aumente,
que es la sangre de los nobles
995
patrimonio de los reyes,
que no quiero que se diga
que las cobardes mujeres
quitan el valor a un hombre,
cuando es razón que le aumenten.
1000
Esto el alma os aconseja,
aunque como al alma os quiere;
mas como ajena lo dice,
si como propia lo siente.
(Vase.)

DON LOPE
¿Habéis visto en vuestra vida
1005
igual valor?

DON JUAN
Dignamente
es bien que lenguas y plumas
de la fama la celebren.

DON LOPE
Y vos ¿qué me aconsejáis?

DON JUAN
Yo, don Lope, de otra suerte
1010
os respondiera.

DON LOPE
Decid.

DON JUAN
Quien ya colgó los laureles
de Marte y en blanda paz
ciñe de palma las sienes,
¿para qué otra vez, decidme,
1015
ha de limpiar los paveses
tomados de orín y polvo
en que ahora yacen y duermen?
Yo fuera justo que fuera
a no estar por esta muerte
1020
retirado y escondido;
y no es razón ofrecerme,
porque a los ojos del Rey
llega mal un delincuente.
Si esto me disculpa a mí,
1025
bastante disculpa tiene
quien soldado fue soldado.
No os vais, amigo, y creedme,
aunque un hombre os acobarde
y una mujer os aliente.
(Vase.)

DON LOPE
1030
¡Válgame Dios! ¡Quién pudiera
aconsejarse prudente,
si en la ocasión hay alguno
que a sí mismo se aconseje!
¿Quién hiciera de sí otra
1035
mitad con quien él pudiese
descansar? Pero mal digo:
¿quién hiciera cuerdamente
de sí mismo otra mitad,
por que en partes diferentes
1040
pudiera la voz quejarse
sin que el pecho lo supiese?
¡Pudiera sentir el pecho
sin que la voz lo dijese!
¡Pudiera yo, sin que yo
1045
llegara a oírme ni a verme,
conmigo mismo culparme
y conmigo defenderme!
Porque unas veces cobarde,
como atrevido otras veces,
1050
tengo vergüenza de mí.
¡Que tal diga y que tal piense!
¡Que tenga el honor mil ojos
para ver lo que le pese,
mil oídos para oíllo
1055
y una lengua solamente
para quejarse de todo!
Fuera todo lenguas, fuese
nada oídos, nada ojos,
porque, oprimido de verse
1060
guardado, no rompa el pecho
y como mina reviente.
Ahora bien, fuerza es quejarme,
mas no sé por dónde empiece,
que, como en guerra y en paz
1065
viví tan honrado siempre,
para quejarme ofendido
no es mucho que no aprendiese
razones, porque ninguno
previno lo que no teme.
1070
¿Osará decir la lengua
qué tengo? ¡Lengua, detente!
No pronuncies, no articules
mi afrenta, que, si me ofendes,
podrá ser que, castigada
1075
con mi vida o con mi muerte,
siendo ofensor y ofendido,
yo me agravie y yo me vengue.
No digas que tengo celos...
Ya lo dije, ya no puede
1080
volverse al pecho la voz.
¿Posible es que tal dijese
sin que, desde el corazón
al labio, consuma y queme
el pecho este aliento, esta
1085
respiración fácil, este
veneno infame, de todos
tan distinto y diferente,
que otros desde el labio al pecho
hacer sus efetos suelen
1090
y este desde el pecho al labio?
¿A qué áspid, qué serpiente
mató su mismo veneno?
A mí, ¡cielos!, solamente,
porque quiere mi dolor
1095
que él me mate y yo le engendre.
Celos tengo, ya lo dije.
¡Válgame Dios! ¿Quién es este
caballero castellano
que, a mis puertas y a mis redes
1100
y a mis umbrales clavado,
estatua viva parece?
En la calle, en la visita,
en la iglesia atentamente
es girasol de mi honor,
1105
bebiendo sus rayos siempre.
¡Válgame Dios! ¿Qué será
darme Leonor fácilmente
licencia para ausentarme
y con un semblante alegre
1110
no sólo darme licencia,
sino decirme y hacerme
discursos tales que aun ellos
me obligaran a que fuese
cuando yo no lo intentara?
1115
Y ¿qué será, finalmente,
decirme don Juan de Silva
que ni me vaya ni ausente?
¿En más razón no estuviera
que aquí mudados viniesen
1120
de mi amigo y de mi esposa
consejos y pareceres?
¿No fuera mejor, si fuera
que se mudaran las suertes
y que don Juan me animase
1125
y Leonor me detuviese?
Sí, mejor fuera, mejor.
Pero ya que el cargo es este,
hablemos en el descargo
-vaya que el honor no quiere
1130
por tan sutiles discursos
condenar injustamente-.
¿No pudo ser que Leonor
tales consejos me diese
por ser noble como es,
1135
varonil, sagaz, prudente,
por que, quedándome yo,
mi opinión no padeciese?
Bien puede ser, pues que dice
que da el consejo y le siente.
1140
¿No puede ser que don Juan
que me quedase dijese
por parecerle que estaba
escusado y parecerle
que es dar disgusto a Leonor?
1145
Sí puede ser. Y ¿no puede
ser también que este galán
mire a parte diferente?
Y, apretando más el caso,
cuando sirva, cuando espere,
1150
cuando mire, cuando quiera,
¿en qué me agravia ni ofende?
Leonor es quien es y yo
soy quien soy, y nadie puede
borrar fama tan segura
1155
ni opinión tan excelente.
Pero sí puede, ¡ay de mí!,
que al sol claro y limpio siempre,
si una nube no le eclipsa,
por lo menos se le atreve;
1160
si no le mancha, le turbia
y al fin, al fin le escurece.
¿Hay, honor, más sutilezas
que decirme y proponerme,
más tormentos que me aflijan,
1165
más penas que me atormenten,
más sospechas que me maten,
más temores que me cerquen,
más agravios que me ahoguen
y más celos que me afrenten?
1170
¿No? Pues no podrás matarme,
si mayor poder no tienes,
que yo sabré proceder
callado, cuerdo y prudente,
advertido, cuidadoso,
1175
solícito y asistente,
hasta tocar la ocasión
de mi vida y de mi muerte;
y en tanto que esta se llega,
¡valedme, cielos, valedme!

(Vase. Sale SIRENA con manto y MANRIQUE tras ella.)

SIRENA
1180
Escaparme no he podido
de Manrique para entrar
en casa: todo el lugar
hoy siguiéndome ha venido.
¿Qué haré?

MANRIQUE
Tapada de azar,
1185
que mira, camina y calla,
con el arte de batalla
y el tallazo de picar;
la de entrecano picote,
que con viento en popa vuelas,
1190
con el manto de tres suelas
y chinelas de anascote,
habla o descúbrete, y sea
desengaño tu fachada,
porque, callando y tapada,
1195
dice boba sobre fea;
aunque en tu brío confieso
que indicios de todo das.

SIRENA
¿No dice más?

MANRIQUE
No sé más.

SIRENA
¿Y a cuántas ha dicho eso?

MANRIQUE
1200
Antes soy muy recatado.
No he hablado, a fe de quien soy,
sino a cinco en todo hoy,
que ya estoy muy reformado.

SIRENA
¡Gracias al cielo que veo
1205
un hombre firme y constante!
Yo tampoco soy amante
de más de nueve.

MANRIQUE
Sí creo
y, por que me creas a mí,
de todas mostrarte quiero
1210
un favor. Sea el primero
el moño que sale aquí.
Este moño pecador
su papel un tiempo hizo,
y de rizado y postizo
1215
fue mártir y confesor.
No es de aljófar lo ensartado;
liendres son con que me alegro,
que, desde lejos mirado,
parece un penacho negro
1220
de blancas moscas nevado.
Aquesta sutil varilla
es de barba de ballena
sacada de una cotilla,
que fue entregar a mi pena
1225
lo mismo que una costilla.
Vara es de virtudes llena,
que hace bueno el pecho y buena
la espalda más eminente,
que ya todo talle miente
1230
por la barba de ballena.
La zapatilla que estás
mirando agora en mis manos
casa fue, donde sabrás
que vivieron dos enanos
1235
sin encontrarse jamás.
Este es un guante y no hay duda
de que, como ruiseñor,
mucho tiempo estuvo en muda;
pregúntaselo al olor:
1240
sebo de cabrito suda.
Esta cinta es de una dama
de gran porte, pero yo
no la quiero.

SIRENA
¿Por qué no?

MANRIQUE
Porque sé que ella me ama.
1245
¿No es causa bastante?

SIRENA
Sí.

MANRIQUE
La que yo tengo de amar
me ha de mentir, engañar
y se ha de burlar de mí,
dar celos cada momento,
1250
maltratarme, despedirme
y en efeto ha de pedirme,
que es la cosa que más siento,
porque, si al fin es costumbre
en ellas, tengo por justo
1255
hacer desde luego gusto
lo que ha de ser pesadumbre.

SIRENA
¿Y es hermosa esa señora?

MANRIQUE
No, pero es puerca.

SIRENA
En verdad
que es muy buena calidad.

MANRIQUE
1260
Arrope un ojo la llora
y otro aceite.

SIRENA
¿Es entendida?

MANRIQUE
Cuanto dice entiendo yo,
mas cuanto la dicen, no,
que es, entendida, entendida.

SIRENA
1265
Por muestra de que es verdad
que amarle a su gusto espero,
este listón solo quiero.

MANRIQUE
De muy buena voluntad.

SIRENA
¡Ay, triste de mí!

MANRIQUE
¿Qué ha sido?

SIRENA
1270
Mi marido viene allí;
váyase presto de aquí,
que es un diablo mi marido.
Dé vuelta a la calle presto,
que en tanto, señor, que él pasa,
1275
le esperaré en esta casa.

MANRIQUE
En buen sagrado te has puesto,
que aquí vivo yo, y vendré
en estando asegurada.
(Vase.)

SIRENA
A un bellaco, una taimada.
1280
Bien dentro de casa entré
sin que fuese conocida.
Lindamente le he engañado,
aunque él más, pues me ha dejado
tan afrentada y corrida.
1285
Que dijera que era fea
no importaba, aunque lo fuese,
ni importaba que dijese
que necia y que sucia sea;
pero ¡aceite un ojo a mí
1290
y otro arrope! No, por Dios.
Y aun si lloraran los dos
una cosa, entonces sí
que callara, mas ¿que tope
un picarón, un taimado
1295
que mis ojos han llorado
uno aceite y otro arrope?
(Sale LEONOR.)

DOÑA LEONOR
Sirena.

SIRENA
Señora mía.

DOÑA LEONOR
¡Cuánto tu ausencia me cuesta!
¿Hablástele?

SIRENA
Y la respuesta
1300
en este papel te envía
y de palabra me dijo
que si él una vez te hablara,
él se fuera y te dejara.

DOÑA LEONOR
Con mayor causa me aflijo.
1305
¿Para qué el papel tomaste?

SIRENA
Para traerte el papel.

DOÑA LEONOR
¡Ay, pensamiento cruel,
qué fácil entrada hallaste
en mi pecho!

SIRENA
Pues ¿qué importa
1310
que le tomes y le leas?

DOÑA LEONOR
¿Eso es bien que de mí creas?
La voz, Sirena, reporta
con abrasalle y rompelle.
(Entiéndeme, necia, y sea
1315
rogándome que le vea,
que estoy muerta por leelle).

SIRENA
¿Qué culpa tiene el papel
que viene mandado aquí,
señora, para que así
1320
vengues tu cólera en él?

DOÑA LEONOR
Pues, si le tomo, verás
que es sólo para rompelle.

SIRENA
Rómpele después de leelle.

DOÑA LEONOR
(Eso sí, ruégame más).
1325
Pesada estás y por ti
rompo la nema y le leo;
por ti sola.

SIRENA
Ya lo veo.
Ábrele, pues.

DOÑA LEONOR
Dice así:
(Leyendo.)
«Leonor, si yo pudiera obedecerte
1330
y pudiera olvidar, vivir pudiera;
fuera contigo liberal, si fuera
bastante yo conmigo a no quererte.
Mi muerte injusta tu rigor me advierte,
si mi vida en amarte persevera;
1335
pluguiera a Dios que de una vez muriera
quien de tantas no acierta con su muerte.
¿Que te olvide pretendes? ¿Cómo puedo
despreciado olvidar y aborrecido?
¿No ha de quejarse del dolor el labio?
1340
Quiéreme tú, que, si obligado quedo,
yo olvidaré después, favorecido,
que el bien puede olvidarse, no el agravio».

SIRENA
¿Lloras leyendo el papel?
Son, en fin, pasadas glorias.

DOÑA LEONOR
1345
Lloro unas muertas memorias
que vienen vivas en él.

SIRENA
Quien bien quiere tarde olvida.

DOÑA LEONOR
Como el que muerte me dio
está presente, brotó
1350
reciente sangre la herida.
Este hombre ha de obligarme,
con seguirme y ofenderme,
a matarme y a perderme
-que aun fuera menos matarme-,
1355
si no se ausenta de aquí.

SIRENA
Pues tú lo puedes hacer.

DOÑA LEONOR
¿Cómo?

SIRENA
Oyéndole, que él dice
que, en oyéndole una vez,
se ausentará de Lisboa.

DOÑA LEONOR
1360
¿Cómo, Sirena, podré?
Que a trueco de que se vaya
imposibles sabré hacer.
¿Cómo vendrá?

SIRENA
Escucha atenta:
Ahora es el anochecer,
1365
que es la hora más segura,
porque ni temprano es
para que a un hombre conozcan,
ni tarde para temer
que la vecindad lo note.
1370
De mi señor ya tú ves
que nunca viene a esta hora;
Don Luis no dudo que esté
en la calle y podrá entrar
a esta sala donde habléis
1375
los dos, y entonces podrás
decirle tu parecer.
Óyele lo que él dijere
y obre fortuna después.

DOÑA LEONOR
Tan fácilmente lo dices
1380
que no le dejas qué hacer
al temor ni aun al honor
qué dudar ni qué temer.
Ve ya por don Luis.
(Vase SIRENA.)
Amor,
aunque en la ocasión esté,
1385
soy quien soy, vencerme puedo.
No es liviandad, honra es
la que en la ocasión me puso;
ella me ha de defender,
que, cuando ella me faltara,
1390
quedara yo, que también
supiera darme la muerte,
si no supiera vencer.
Temblando estoy; cada paso
que siento, pienso que es
1395
Don Lope y el viento mismo
se me figura que es él.
¿Si me escucha? ¿Si me oye?
¡Qué propio del miedo fue!
¡Que a tales riesgos se ponga
1400
una principal mujer!

(Salen SIRENA y DON LUIS como a escuras.)

SIRENA
Esta es Leonor.

DON LUIS
(¡Ay de mí!
¡Cuántas veces esperé
esta ocasión! Ya quisiera
no haberla llegado a ver).

DOÑA LEONOR
1405
Ya, señor don Luis, estáis
en mi casa, ya tenéis
la ocasión que habéis deseado.
Hablad aprisa, por que
os volváis, que, temerosa
1410
de mí misma, tengo al pie
grillos de hielo y el alma
de mi aliento puede hacer
al corazón un cuchillo
y a la garganta un cordel.

DON LUIS
1415
Ya sabéis, Leonor hermosa,
si es que olvidado no habéis
pasados gustos -que ya
ignoráis lo que sabéis-,
que en Toledo, nuestra patria,
1420
perdonadme, os quise bien,
desde que en la Vega os vi
un día al amanecer,
que, aumentando nuevas flores
al campo hermoso, tal vez
1425
lo que las manos robaron
restituyeron los pies.
Ya sabéis...

DOÑA LEONOR
Esperad; yo
seré más breve. Ya sé
que muchos días rondasteis
1430
mi calle, y a mi desdén
constante siempre tuvisteis
amor firme y firme fe
hasta que os favorecí.
¿Qué no han llegado a vencer
1435
lágrimas de amor que lloran
los hombres que quieren bien?
Y, favorecido ya,
siendo tercera fiel
la noche -¿qué no consiguen
1440
una reja y un papel?-,
tratábamos de casarnos,
cuando os hicieron merced
de una jineta y fue fuerza
iros a servir al rey.
1445
Fuisteis a Flandes...

DON LUIS
Sí fui
-que aqueso yo lo diré-,
donde dimos un asalto
y murió valiente en él
un don Juan de Benavides,
1450
caballero aragonés.
La equivocación del nombre
dio causa para entender
que fuese yo el muerto: ¡cuándo
una mentira se cree!
1455
Llegó la nueva a Toledo...

DOÑA LEONOR
Eso diré yo más bien,
que sin vida la sentí
y con vida la lloré;
pero callo aquí, aunque aquí
1460
os pudiera encarecer
los sentimientos que hice,
las tristezas que pasé.
En efeto, persuasiones
de muchos pudieron ser
1465
bastantes a que en Toledo
me casase por poder.

DON LUIS
Yo lo supe en el camino
y, pensando deshacer
el casamiento, corrí
1470
hasta que os vi y os hablé
con equívocas razones
en traje de mercader.

DOÑA LEONOR
Estaba casada ya
y, pues os desengañé,
1475
¿a qué habéis venido aquí?

DON LUIS
Sólo he venido por ver
si hay ocasión de quejarme,
que, si culpando tu fe
descanso, iré luego a Flandes,
1480
donde una bala me dé,
porque la pólvora cumpla
lo que me ofreció otra vez.

SIRENA
¡Gente sube la escalera!

DOÑA LEONOR
¡Ay, cielos! ¿Qué puedo hacer?
1485
Escura está aquesta sala;
que aquí te quedes es bien,
por que a ti solo te halle;
y, habiendo entrado quien es,
podrás irte, no a Castilla,
1490
que ocasión habrá otra vez
para acabar de quejarte.

SIRENA
Yo voy contigo también.
(Vanse las dos.)

DON LUIS
¿Qué confusión es esta
que a mi desdicha iguala?
1495
Escura está la sala
y la noche funesta,
ya de sombras cubierta,
baja. Ni sé la casa ni la puerta,
que otra vez no he llegado
1500
aquí. ¡Forzosa pena!
Temerosa Sirena
y Leonor me han dejado
confuso y sin sentido.

(Sale DON JUAN como a escuras y encuentra con DON LUIS y sacan las espadas.)

DON JUAN
¿A estas horas no hubieran encendido
1505
una luz? Mas ¿qué es esto?
¿Quién es? ¿No me responde?

DON LUIS
¡Hallé puerta por donde
salir!
(Vase tentando por otra puerta.)

DON JUAN
Responda presto
o, ya desenvainada
1510
lengua de acero, lo dirá mi espada.

(Sale DON LOPE a escuras y MANRIQUE.)

DON LOPE
¡Ruido de cuchilladas
y escuro el aposento!

DON JUAN
Aquí los pasos siento.

MANRIQUE
Voy por luz.
(Vase.)

DON LOPE
¡Aquí espadas!
1515
Ya es fuerza que me asombre.

DON JUAN
Ya le he dicho otra vez que diga el nombre.

DON LOPE
¿Quién mi nombre pregunta?

DON JUAN
Quien, porque habléis, sospecho
que abrirá en vuestro pecho
1520
mil bocas con la punta
deste acero.

DOÑA LEONOR
(Dentro.)
¡Luz, presto!

(Salen LEONOR, SIRENA y MANRIQUE con luz.)

DON LOPE
¿Don Juan?

DON JUAN
¿Don Lope?

DOÑA LEONOR
(¡Ay, cielos!).

DON LOPE
Pues ¿qué es esto?

DON JUAN
En esta cuadra entraba
cuando un hombre salía.

DOÑA LEONOR
1525
Algún hombre sería
que robarla intentaba.

DON LOPE
¿Hombre?

DON JUAN
Sí, y preguntando
quién era, la respuesta dio callando.

DON LOPE
(Disimular conviene;
1530
no crean que yo puedo
tener tan bajo miedo
que mi valor condene).
¡Bueno fuera, a fe mía,
mataros! Yo era el mismo que salía,
1535
que, tan desconocida
la voz, viendo que un hombre
me preguntaba el nombre
en mi casa, ofendida
la paciencia y turbada,
1540
callando doy respuesta con la espada.

SIRENA
¡Por cuánto aquí se viera
un infeliz suceso!

DON JUAN
¿Cómo puede ser eso,
si el que yo digo que era
1545
dentro está, cosa es cierta,
pues no pudo salir por esta puerta,
que vos entrasteis?

DON LOPE
Digo
que era yo.

DON JUAN
Es cosa estraña.

DON LOPE
(¡Oh, cuánto a un hombre daña
1550
un ignorante amigo!
¡Que no puedan los cuerdos, los más sabios,
celar de un necio amigo los agravios!).
Pues, si por cosa cierta
tenéis que dentro ha entrado,
1555
fuerte y determinado
guardadme aquella puerta,
en tanto, si eso pasa,
que yo examino toda aquesta casa.

DON JUAN
Pues no saldrá por ella.
1560
Mirar seguro puedes.
(Vase.)

DON LOPE
Mira que en ella quedes,
y no te apartes della.
(Hoy seré cuerdamente,
si es que ofendido soy, el más prudente;
1565
y a la venganza mía
tendrá ejemplos el mundo,
porque en callar la fundo).
Ea, Manrique, guía
con esa luz.

MANRIQUE
No oso,
1570
que yo de duendes soy poco goloso.

DOÑA LEONOR
No entréis, señor, aquí: yo soy testigo
que aseguraros este cuarto puedo.

DON LOPE
Pues ¿de qué tienes miedo?

MANRIQUE
De todo.

DON LOPE
Suelta, digo.
1575
Y tú vete de aquí (que antes es dicha
que falte otro testigo a mi desdicha).

(Toma la luz y éntrase y por otra parte se va MANRIQUE.)

DOÑA LEONOR
¡Ay, Sirena! ¿Qué suerte
es esta tan airada?
Estoy desesperada
1580
por darme aquí la muerte,
pues ya es fuerza que tope
a don Luis escondido, ¡ay, Dios!, don Lope.
Él pensó que salía
por la puerta que entraba
1585
a mi cuarto: allí estaba.
Mas ¿por qué mi porfía
duda lo que ha pasado?
Ya le ha visto don Lope, ya le ha hablado.
¿Qué haré? Irme no puedo,
1590
porque en desdichas tantas,
oprimidas las plantas,
cadenas pone el miedo
de cobardes prisiones.
Toda soy confusión de confusiones.

(Sale DON LUIS con la espada desnuda y arrebozado y DON LOPE tras él con la luz y la espada desnuda.)

DON LOPE
1595
No os encubráis, caballero.

DON LUIS
Detened, señor, la espada,
que en la sangre de un rendido,
más que se ilustra, se mancha.
Yo soy de Castilla, donde
1600
por los celos de una dama
di a un caballero la muerte
cuerpo a cuerpo en la campaña.
Vine a ampararme a Lisboa,
donde estoy por esta causa
1605
de Castilla desterrado.
He sabido esta mañana
que aquí un hermano del muerto
cautelosamente anda
encubierto por vengarse
1610
con traición y con ventaja.
Con este cuidado, pues,
por esta calle pasaba,
cuando tres hombres me embisten
a las puertas desta casa.
1615
Viendo que -aunque el corazón
algunas veces se engaña-
era imposible defensa
contra tres de mano armada,
subime por la escalera;
1620
y ellos o por ver que estaba
en sagrado o por no hacer
tan dudosa la venganza,
no me siguieron y estuve
en esa primera sala
1625
esperando a que se fuesen
y, sintiendo sosegada
la calle, bajarme quise,
pero al salir de la cuadra
topé un hombre que me dijo:
1630
«¿Quién va?». Yo, que imaginaba
que eran mis propios contrarios,
no les respondo palabra.
De una sala en otra entré
hasta aquí. Esta es la causa
1635
de haberme hallado, señor,
escondido en vuestra casa.
Agora dadme la muerte,
que, como yo dicho haya
la verdad y no padezca
1640
alguna virtud, sin causa
moriré alegre, rindiendo
el ser, la vida y el alma
a un honrado sentimiento
y no a una infame venganza.

DON LOPE
1645
(¿Pueden juntarse en un hombre
confusiones más estrañas,
tantos asombros y miedos,
penas y desdichas tantas?
Si en la calle este hombre, ¡cielos!,
1650
tantos pesares me daba,
¿qué vendrá a darme escondido
dentro de mi misma casa?
Basta, basta, pensamiento;
sufrimiento, basta, basta,
1655
que verdad puede ser todo
y, cuando no, aquí no hay causa
para mayores estremos:
sufre, disimula y calla).
Caballero castellano,
1660
yo me huelgo de que haya
sido contra una traición
sagrado vuestro mi casa.
En ella, a ser hoy soltero,
os sirviera y hospedara,
1665
porque un caballero debe
amparar nobles desgracias.
Lo que podré hacer por vos
será acudiros en cuantas
ocasiones hoy se ofrezcan
1670
por que, a ese lado mi espada,
contra tres mil no os suceda
otra vez volver la espalda.
Y agora, por que salgáis
más secreto de mi casa,
1675
podréis salir del jardín
por aquella puerta falsa.
Yo la abriré y también hago
prevención tan recatada,
por que criados, que al fin
1680
son enemigos de casa,
no cuenten que os hallé en ella
y sea fuerza que vaya
a todos satisfaciendo
de cuál ha sido la causa.
1685
Porque, aunque es cierto que nadie
dude una verdad tan clara
y yo de mí mismo tengo
la satisfación que basta,
¿quién de una malicia huye?
1690
¿Quién de una sospecha escapa?
¿Quién de una lengua se libra?
¿Quién de una intención se guarda?
Y si llegara a creer...
¿qué es a creer?, si llegara
1695
a imaginar, a pensar
que alguien pudo poner mancha
en mi honor... ¿qué es en mi honor?,
en mi opinión y en mi fama,
y en la voz tan solamente
1700
de una criada, una esclava,
no tuviera, ¡vive Dios!,
vidas que no le quitara,
sangre que no le vertiera,
almas que no le sacara;
1705
y estas rompiera después
a ser visibles las almas.
Venid, ireos alumbrando
hasta que salgáis.

DON LUIS
(Helada
tengo la voz en el pecho.
1710
¡Qué portuguesa arrogancia!).
(Vanse los dos.)

DOÑA LEONOR
Aun mejor ha sucedido,
Sirena, que yo pensaba.
Solo una vez vino el mal
menor del que se esperaba.
1715
Ya puedo hablar y ya puedo
mover las heladas plantas.
¡Ay, Sirena, en qué me vi!
Vuelva a respirar el alma.
(Sale DON LOPE con luz.)

DON LOPE
Leonor.

DOÑA LEONOR
Señor, pues ¿qué intentas?
1720
¿Ya no supiste la causa
con que él entró? Y ya supiste
que yo no he sido culpada.

DON LOPE
¿Tal pudiera imaginar
quien te estima y quien te ama?
1725
No, Leonor, sólo te digo
que ya que aquí se declara
con nosotros...

DOÑA LEONOR
¿Ya él no dijo
que aquí de Castilla estaba
ausente por una muerte?
1730
Pues yo, señor, no sé nada.

DON LOPE
No te disculpes, Leonor.
Mira, mira que me matas.
Tú, Leonor, pues ¿de qué habías
de saberlo? Pero basta
1735
que él se fíe de nosotros
para que de aquí no salga.
Y tú, Sirena, no digas
lo que entre los tres nos pasa
a ninguno, ni a don Juan.
(Sale DON JUAN.)

DON JUAN
1740
Tanto don Lope se tarda
que me ha dado algún cuidado.

DON LOPE
¡Por Dios, don Juan, linda gracia
es hacerme andar así
buscando toda la casa,
1745
siendo cierto que fui yo!
Tomad otro poco el hacha;
andadla vos.

DON JUAN
¿Para qué,
si ya aquí me desengaña
el saber que fuisteis vos?
1750
Ya conozco mi ignorancia.

DON LOPE
Con todo, habemos los dos
segunda vez de miralla.

DOÑA LEONOR
(¡Qué prudencia tan notable!).

DON JUAN
(¡Qué valor y qué arrogancia!).

SIRENA
1755
(¡Qué temor!).

DON LOPE
(Desta manera
el que de vengarse trata
hasta mejor ocasión
sufre, disimula y calla).


Jornada III

Salen DON JUAN y MANRIQUE.

DON JUAN
¿Dónde está don Lope?

MANRIQUE
Cuando
1760
entró en palacio, yo aquí
me quedé.

DON JUAN
Búscale y di
que yo le estoy esperando.
(Vase MANRIQUE.)
Quedareme imaginando
a solas, sin mí y conmigo,
1765
el dudoso fin que sigo
y la obligación que tiene
quien a hacer discursos viene
en la opinión de un amigo.
Yo de don Lope lo soy,
1770
tanto que no ha celebrado
amigo más obligado
la Antigüedad hasta hoy.
Huésped en su casa soy
su hacienda gasto y es mía,
1775
su vida y alma me fía.
¿Pues cómo, ¡cielos!, podré
ser ingrato a tanta fe,
amistad y cortesía?
¿Podré yo ver y callar
1780
que su limpio honor padezca
sin que mi vida le ofrezca
para ayudarle a vengar?
¿Podré yo ver mormurar
que este castellano adore
1785
a Leonor, que la enamore
y le dé lugar Leonor,
y, padeciendo su honor,
yo lo sepa y él lo ignore?
No podré, pues, si él quedara
1790
satisfecho, siendo mía
la venganza, en este día
al castellano matara.
A él sin él yo le vengara,
prudente, advertido y sabio,
1795
mas de la intención del labio
satisfación no se alcanza
si el brazo de la venganza
no es del cuerpo del agravio.
Hoy a don Lope diré
1800
clara y descubiertamente
que no hable al Rey ni se ausente;
mas, si me dice por qué,
¿cómo le responderé
la causa? Duda mayor
1805
es esta, que al que el valor
eterno honor le previene,
quien dice que no le tiene
es quien le quita el honor.
¿Qué debe hacer un amigo
1810
en tal caso? Pues entiendo
que, si lo callo, le ofendo,
y le ofendo, si lo digo;
oféndole, si castigo
su agravio. Yo fui su espejo;
1815
¿por qué bien no le aconsejo?
Mas él mismo viene allí.
No ha de quejarse de mí;
él me ha de dar el consejo.

(Sale DON LOPE y MANRIQUE.)

DON LOPE
Vuélvete, Manrique, y di
1820
que luego a la quinta voy,
que esperando a hablar estoy
al Rey.

MANRIQUE
Don Juan está allí
y viene a hablarte.
(Vase.)

DON LOPE
(¡Ay de mí!
¿Qué puede haber sucedido?
1825
¿A qué puede haber venido?).
Don Juan, pues ¿qué hay por acá?
(¡Oh, cómo un cobarde está
siempre a su temor rendido!).

DON JUAN
Don Lope, amigo, yo vengo,
1830
si estamos solos los dos,
a aconsejarme con vos
en una duda que tengo.

DON LOPE
(Ya para oír me prevengo
alguna desdicha mía).
1835
Decid.

DON JUAN
Un caso me envía
un amigo a preguntar,
y quiérole consultar
con vos.

DON LOPE
¿Y es?

DON JUAN
Jugando un día
dos hidalgos, se ofreció
1840
una duda, en caso tal
forzosa, sobre la cual
uno a otro desmintió.
Con las voces no lo oyó
entonces el desmentido;
1845
un amigo lo ha sabido
y que se murmura de él
y, por serlo tan fiel,
esta duda se ha ofrecido:
si este tendrá obligación
1850
de decirlo claramente
al otro, que está inocente,
o si dejar es razón
que padezca su opinión,
pues él no basta a vengalle.
1855
Si lo calla, es agravialle,
y si lo dice, es error
de amigo. ¿Cuál es mejor:
que lo diga o que lo calle?

DON LOPE
Dejadme pensar un poco.
1860
(Honor, mucho te adelantas,
que una duda sobre tantas
bastará a volverme loco.
En otro sujeto toco
lo que ha pasado por mí.
1865
Don Juan pregunta por sí;
luego alguna cosa vio.
¿Haré que la diga? No,
pero que la calle, sí).
Don Juan, yo he considerado,
1870
si es que mi voto he de dar,
que no puede un hombre estar
ignorante y agraviado.
Aquel que ha disimulado
su ofensa por no vengalla
1875
es quien culpado se halla,
porque en un caso tan grave
no yerra el que no lo sabe,
sino el que lo sabe y calla.
Y yo de mí sé decir
1880
que, si un amigo cual vos,
siendo quien somos los dos,
tal me llegara a decir,
tal pudiera presumir
de mí, tal imaginara,
1885
que el primero en quien vengara
mi desdicha fuera en él,
porque es cosa muy cruel
para dicha cara a cara.
Y no sé que en tal rigor
1890
haya razón que no asombre
con que se le pueda a un hombre
decir: «No tenéis honor».
¡Darme el amigo mayor
el mayor pesar! Testigo
1895
es Dios, otra vez lo digo,
que, si yo me lo dijera,
a mí la muerte me diera,
y soy mi mayor amigo.

DON JUAN
Yo quedo agora de vos
1900
enseñado. Eso diré
y a este amigo avisaré
que calle. Quedad con Dios.
(Vase.)

DON LOPE
¿Quién duda que entre los dos
pasa el caso que ponía
1905
en tercero, que sabía
que Leonor matarme intenta?
Pues el que supo mi afrenta
sabrá la venganza mía,
y el mundo la ha de saber.
1910
Basta, amor, no hay que esperar,
que quien llega a sospechar
no ha de llegar a creer;
no esperes a suceder
el mal; y, pues su mudanza
1915
logra tan baja esperanza,
volveré donde contemplo
que dé su traición ejemplo
y escarmiento mi venganza.

(Sale el REY y acompañamiento.)

REY
Aunque en la quinta que «del Rey» la llama
1920
el vulgo aquesta noche duerma, digo
que no me he de quedar hoy en Lisboa.
Esté la gente toda prevenida,
que desde allí saldrá la más lucida
a competir con plumas y colores
1925
del sol los rayos, del abril las flores.

DON LOPE
(Cobarde al Rey me llego,
que esta pena, esta rabia y este fuego
tan cobarde me tiene que sospecho,
con vergüenza, dolor y cobardía,
1930
que todos saben la desdicha mía).
Dame tus pies; será feliz mi boca,
que con su aliento estas esferas toca.

REY
¡Oh, don Lope de Almeida! Si tuviera
en África esa espada, yo venciera
1935
la morisca arrogancia y bizarría.

DON LOPE
¿Pues pudiera quedar la espada mía
en la paz envainada cual se os muestra,
cuando vos, gran señor, sacáis la vuestra?
Con vos voy a morir. ¿Qué causa hubiera
1940
que en Portugal, señor, me detuviera
en aquesta ocasión?

REY
¿No estáis casado?

DON LOPE
Sí, señor; mas no el serlo me ha estorbado
el ser quien soy, porque antes hoy me llama
tener mayor honor a mayor fama.

REY
1945
¿Cómo recién casada
quedará vuestra esposa?

DON LOPE
Muy honrada
en ver que os ha ofrecido
a esta empresa un soldado en su marido,
que es noble, es varonil y más sintiera
1950
que a vuestro lado, gran señor, no fuera,
pues, si antes por mi fama os acudía,
agora por la suya y por la mía,
y no es inconveniente a mi deseo
el ausentarme della.

REY
Así lo creo,
1955
que yo lo dije porque no era justo
descasaros tan presto, y desto gusto,
que en vuestra casa, aunque la empresa es alta,
podréis hacer, don Lope, mayor falta.

(Vase el REY y acompañamiento.)

DON LOPE
¡Válgame el cielo! ¿Qué es esto
1960
por que pasan mis sentidos?
Alma, ¿qué habéis escuchado?
Ojos, ¿qué es lo que habéis visto?
¿Tan pública es ya mi afrenta
que ha llegado a los oídos
1965
del Rey? ¿Qué mucho? ¿Fue fuerza
ser los postreros los míos?
¿Hay hombre más infelice?
¿No fuera menor castigo,
¡cielos!, desatar un rayo
1970
que con mortal precipicio
me abrasara, viendo antes
el incendio que el aviso,
que la palabra de un rey
que grave y severo dijo
1975
que yo haré falta en mi casa?
Pero ¿qué rayo más vivo
si, fénix de las desdichas,
fui ceniza de mí mismo?
Cayeran sobre mis hombros
1980
estos montes y obeliscos
de hiedra; fueran sepulcros
que me sepultaran vivo.
Menos peso fueran, menos,
que esta afrenta que ha caído,
1985
a cuya gran pesadumbre
ya desmayado me rindo.
¡Ay, honor, mucho me debes:
júntate a cuentas conmigo!
¿Qué quejas tienes de mí?
1990
¿En qué, dime, te he ofendido?
Al heredado valor
¿no he juntado el adquerido,
haciendo la vida en mí
desprecio al mayor peligro?
1995
¿Yo, por no ponerte a riesgo,
toda mi vida no he sido
con el humilde, cortés;
con el caballero, amigo;
con el pobre, liberal;
2000
con el soldado, bienquisto?
Casado, ¡ay de mí!, casado,
¿en qué he faltado? ¿En qué he sido
culpado? ¿No hice elección
de noble sangre, de antiguo
2005
valor? Y agora a mi esposa
¿no la quiero? ¿No la estimo?
Pues, si en nada no he faltado,
si en mis costumbres no ha habido
acciones que te ocasionen
2010
con ignorancia o con vicio,
¿por qué me afrentas? ¿Por qué?
¿En qué tribunal se ha visto
condenar al inocente?
¿Sentencias hay sin delito,
2015
informaciones sin cargo,
y sin culpas hay castigo?
¡Oh, locas leyes del mundo!
¡Que un hombre que por sí hizo
cuanto pudo para honrado
2020
no sepa si está ofendido!
¡Que de ajena causa agora
venga el defeto a ser mío
para el mal, no para el bien,
pues nunca el mundo ha tenido
2025
por las virtudes de aquel
a este en más! Pues ¿por qué, digo
otra vez, han de tener
a este en menos por los vicios
de aquella que fácilmente
2030
rindió alcázar tan altivo
a las fáciles lisonjas
de su liviano apetito?
¿Quién puso el honor en vaso
que es tan fácil? Y ¿quién hizo
2035
esperiencias en redoma,
no habiendo esperiencia en vidrio?
Pero acortemos discursos,
porque será un ofendido
culpar las costumbres necias
2040
proceder en infinito.
Yo no basto a reducirlas
-con tal condición nacimos-;
yo vivo para vengarlas,
no para enmendarlas vivo.
2045
Iré con el Rey y luego,
volviéndome del camino,
que ocasión habrá, también
la tendré para el castigo.
La más pública venganza
2050
será que el mundo haya visto.
Sabrá el Rey, sabrá don Juan,
sabrá el mundo y en los siglos
futuros, ¡cielos!, quién es
un portugués ofendido.

(Ruido dentro de cuchilladas, y salen DON JUAN y otros huyendo de él, y vanse.)

DON JUAN
2055
¡Cobardes! ¡El satisfecho
soy yo, que no el desmentido!

UNO
Huye, que es rayo su espada.

DON LOPE
¿No es don Juan aquel que miro?
A vuestro lado me halláis.

DOS
2060
¡Muerto soy!

DON JUAN
Si estáis conmigo,
poco fuera el mundo.

DON LOPE
Ya
huyeron. Decid qué ha sido,
si la ocasión que tenéis
no nos obliga a seguirlos.

DON JUAN
2065
¡Ay, don Lope, muerto estoy!
Hoy nuevamente recibo
la afrenta que en la venganza
pensé que estaba su olvido.
Mas, ¡ay de mí!, ha sido engaño,
2070
porque bastante no ha sido
la venganza a sepultar
un agravio recebido.
Cuando me aparté de vos,
llegué hasta este propio sitio
2075
que bate el mar con el fin
que vos propio habéis venido,
que es de volver a la quinta
adonde habéis reducido
vuestra casa y, previniendo
2080
vuestra ausencia, cuerdo aviso,
llegué, pues, y en esta parte
estaban en un corrillo
unos hombres, y al pasar
el uno a los otros dijo:
2085
«Aqueste es don Juan de Silva».
Yo, oyendo mi nombre mismo,
que es lo que se oye más fácil,
apliqué entrambos oídos.
Otro preguntó: «¿Y quién es
2090
este don Juan?». «¿No has oído
-le respondió- su suceso?
Pues este fue el desmentido
de Manuel de Sosa». Yo,
que ya no pude sufrirlo,
2095
saco la espada y a un tiempo
tales razones les digo:
«Yo soy aquel que maté
a don Manuel, mi enemigo,
tan presto que de mi agravio
2100
la última razón no dijo.
Yo soy el desagraviado,
que no soy el desmentido,
pues con su sangre quedó
lavado mi honor y limpio».
2105
Dije y, cerrando los ojos
siguiéndolos he venido
hasta aquí, porque me huyeron
luego, que es usado estilo
ser cobarde el maldiciente
2110
y así ninguno se ha visto
valiente, que todos hacen
a las espaldas su oficio.
Esta es mi pena, don Lope,
y, ¡vive Dios!, que atrevido,
2115
que loco y desesperado,
de aquí no me precipito
al mar o con esta espada
mi propia vida me quito,
por que me mate el dolor.
2120
¡«Este es aquel desmentido»,
dijo, no «aquel satisfecho»!
¿Quién en el mundo previno
su desdicha? ¿No hizo harto
aquel que la satisfizo,
2125
aquel que puso su vida
desesperado al peligro
por quedar muerto y honrado
antes que afrentado y vivo?
Mas no es así, que mil veces,
2130
por vengarse uno atrevido,
por satisfacerse honrado
publicó su agravio mismo,
porque dijo la venganza
lo que la ofensa no dijo.
(Vase.)

DON LOPE
2135
«Porque dijo la venganza
lo que la ofensa no dijo»...
Luego, si me vengo yo
de aquella que me ofendió,
la publico; claro está
2140
que la venganza dirá
lo que la desdicha no.
Y, después de haber vengado
mis ofensas atrevido,
el vulgo dirá engañado:
2145
«Este es aquel ofendido»
y no «aquel desagraviado».
Y, cuando la mano mía
se bañe en sangre este día,
ella mi agravio dirá,
2150
pues la venganza sabrá
quien la ofensa no sabía.
Pues ya no quiero buscalla,
¡ay, cielos!, públicamente,
sino encubrilla y celalla,
2155
que un ofendido prudente
sufre, disimula y calla,
que del secreto colijo
más honra, más alabanza.
Callando mi intento rijo,
2160
porque dijo la venganza
lo que el agravio no dijo,
pues de don Juan, que atrevido
su honor ha restituido,
no dijo el otro soldado:
2165
«este es el desagraviado»,
sino «este es el desmentido».
Pues tal mi venganza sea,
obrando discreto y sabio,
que apenas el sol la vea,
2170
porque el que creyó mi agravio
me bastará que la crea.
Y, hasta que pueda logralla
con más secreta ocasión,
ofendido corazón,
2175
sufre, disimula y calla.
¡Barquero!
(Sale un BARQUERO.)

BARQUERO
Señor.

DON LOPE
¿No tienes
un barco aprestado?

BARQUERO
Sí.
No faltará para ti,
aunque en una ocasión vienes
2180
que, siguiendo a Sebastián,
nuestro rey, que el cielo guarde,
hasta su quinta esta tarde
los barcos vienen y van.

DON LOPE
Pues prevenle, porque tengo
2185
de ir hasta mi quinta yo.

BARQUERO
¿Ha de ser luego?

DON LOPE
¿Pues no?

BARQUERO
Al momento le prevengo.
(Vase.)

(Sale DON LUIS leyendo un papel.)

DON LUIS
(Otra vez quiero leer
letras de mi vida jueces,
2190
porque ya es placer dos veces
el repetido placer.
«Esta noche va el Rey a la quinta y entre la gente podéis venir disimulado, donde habrá ocasión para que acabemos, vos de quejaros y yo de disculparme. Dios os guarde. Leonor».
¡Que no haya un barco en que pueda
pasar! ¡Oh, suerte importuna!
¡Plegue a Dios que la fortuna
2195
nunca un gusto me conceda!).

DON LOPE
(Leyendo viene un papel
quien mi venganza previene.
¿Y quién dudará que viene
leyendo mi afrenta en él?
2200
¡Qué cobarde es el honor!
Nada escucho, nada veo
que ser mi pena no creo).

DON LUIS
(Don Lope es este).

DON LOPE
(Rigor,
disimulemos y, dando
2205
rienda a toda la pasión,
esperemos ocasión
sufriendo y disimulando;
y, pues la serpiente halaga
con pecho de ofensas lleno,
2210
yo, hasta verter mi veneno,
es bien que lo mismo haga).
En muy poco, caballero,
mi ofrecimiento estimáis,
pues que nada me mandáis
2215
cuando serviros espero.
Yo quedé tan obligado
de vuestra gran cortesía,
discreción y valentía
que en Lisboa os he buscado
2220
para que a vuestro valor
servir mi espada pudiera
cuando otra vez pretendiera
vengarse el competidor
que aquí os busca aventajado,
2225
y tanto que desta suerte
pretende daros la muerte
cuando estéis más descuidado.

DON LUIS
Yo, señor don Lope, estimo
merced que pagar espero;
2230
mas yo, como forastero,
a pediros no me animo
que en esta ocasión me honréis
por no empeñaros, señor,
con ese competidor
2235
de quien vos me defendéis;
fuera de que ya los dos
que estamos amigos creo,
pues ya le hablo y le veo
del modo que estoy con vos.

DON LOPE
2240
Créolo, pero mirad
vuestro riesgo con cuidado,
que amistad de hombre agraviado
no es muy segura amistad.

DON LUIS
Yo, al contrario, siento y digo,
2245
cuando su amistad procuro:
¿de quién no estaré seguro,
si lo estoy de mi enemigo?

DON LOPE
Aunque argüiros podía
con razón o sin razón,
2250
seguid vos vuestra opinión,
que yo seguiré la mía.
Y decidme, ¿qué buscáis
por aquí?

DON LUIS
Un barco quisiera
en que hasta la quinta fuera
2255
del Rey.

DON LOPE
A tiempo llegáis
que os podré servir, creed,
que yo le tengo fletado.

DON LUIS
Ocasión la gente ha dado
a recebir tal merced
2260
que, siendo tanta, no ha habido
en qué pasar, y yo quiero
ver fación que considero
que otra vez no ha sucedido.

DON LOPE
Pues conmigo iréis. (Llegó
2265
la ocasión de mi venganza).

DON LUIS
(¿Cuál hombre en el mundo alcanza
mayor ventura que yo?).

DON LOPE
(A mis manos ha venido
y en ellas ha de morir).

DON LUIS
2270
(¡Que me viniese a servir
de tercero su marido!).
(Sale el BARQUERO.)

BARQUERO
Ya el barco ha llegado.

DON LOPE
Entrad
vos en el barco primero,
porque yo un criado espero.
2275
Pero no, vos le esperad,
pues conocéis el criado,
que al barco nos vamos ya.

BARQUERO
No entréis en él, porque está
solo y a una cuerda atado,
2280
que no estará muy segura.

DON LOPE
Buscad al criado vos,
que allí esperamos los dos.

DON LUIS
(¿Quién ha visto igual ventura?
Él me lleva desta suerte
2285
a donde a su honor me atrevo).

DON LOPE
(Yo desta suerte le llevo
donde le daré la muerte).
(Vanse los dos.)

BARQUERO
El criado no vendrá
en mil horas, según creo.
2290
Mas, ¿qué es aquello que veo?
¡Desasido el barco está!
¡Rompiose la cuerda! Dios
solo los puede amparar,
que sin duda que en el mar
2295
tendrán sepulcro los dos.
(Vase.)

(Salen MANRIQUE y SIRENA.)

MANRIQUE
Sirena, cuyo mirar
suspende, enamora, encanta,
¿vienes acaso a escuchar
a su orilla cómo canta
2300
la sirena de la mar?
Oye un soneto oportuno,
heroico, grave y discreto,
porque este es el un soneto
2305
de los mil y ciento y uno.
«A una cinta verde». Soneto.
Cinta verde, que en término sucinta,
su cinta pudo hacerte aquel dios tinto
en sangre que gobierna el globo quinto
2310
para que Venus estuviese en cinta;
la primavera tus colores pinta,
por quien yo traigo en este laberinto
tamaño como pasa de Corinto
el corazón más negro que la tinta.
2315
Hoy tu esperanza a mi temor se junte,
por que en su verde y amarillo tinte
amor flemas y cóleras barrunte,
que, como a mí de su color me pinte,
no podrá hacer, aunque su arpón me apunte,
2320
que mi esperanza no se encaraminte.

SIRENA
¡Qué lindo soneto has hecho!
Pero enseña a ver si es verde
la cinta.

MANRIQUE
(En bien se me acuerde
lo que la cinta se ha hecho).
2325
Así estaba cierto día
junto al Tajo en su frescura,
contemplando tu hermosura,
Sirena, y la dicha mía.
Saqué aquella cinta bella
2330
para aliviar mi esperanza
y, culpando tu mudanza,
empecé a llorar con ella.
Besábala con placer,
y un águila, que me vio
2335
llegarla al labio, pensó
que era cosa de comer.
Bajó de una piedra viva
y con gran resolución
arrebatome el listón
2340
y volvió a subirse arriba.
Yo, aunque con gran ligereza
subir a su nido quiero,
no pude hallar un caldero
que ponerme en la cabeza.
2345
Con esta ocasión se pierde
de tu listón la memoria.
Esta es, Sirena, la historia
llamada El águila verde.

SIRENA
Pues óyeme lo que a mí
2350
después acá me pasó.
Estando en el campo yo,
volar un águila vi,
que era la misma, pues viendo
no ser cosa de comer,
2355
la cinta dejó caer
junto a mí y yo, acudiendo
a ver lo que había caído,
hallé entre las flores puesta
la cinta. Mira si es esta.

MANRIQUE
2360
¡Notable suceso ha sido!

SIRENA
Más notable será agora
la venganza.

MANRIQUE
Mejor es
dejarlo para después,
que sale al campo señora.

(Vase MANRIQUE y sale DOÑA LEONOR.)

DOÑA LEONOR
2365
Sirena.

SIRENA
Señora.

DOÑA LEONOR
Mucha
es mi tristeza.

SIRENA
¿Pues no
sabré qué es la causa yo?

DOÑA LEONOR
Ya la sabes, pero escucha:
Desde la noche triste
2370
que en tantas confusiones abrasada
Troya a mi casa viste,
quedando yo de todo disculpada,
Don Juan más engañado,
libre don Luis, don Lope asegurado;
2375
después que por la ausencia
que quiere hacer, en esta hermosa quinta,
adonde la excelencia
de la naturaleza borda y pinta
campaña y monte altivo,
2380
más estimada de don Lope vivo;
perdí, Sirena, el miedo
que a mi propio respeto le tenía,
pues, si escaparme puedo
de lance tan forzoso, la osadía
2385
ya sin freno me alienta,
que peligro pasado no escarmienta.
A aquesto se ha llegado:
ver a don Lope más amante agora,
porque, desengañado,
2390
si algo temió, su desengaño adora
y en amor le convierte.
¡Oh, cuántos han amado desta suerte!
¡Oh, cuántos han querido
recibiendo por gracias los agravios!
2395
Deste error no han podido
librarse los más doctos, los más sabios,
que la mujer más cuerda,
de haber amado, amada, no se acuerda.
Cuando don Luis me amaba,
2400
pareció que a don Luis aborrecía;
cuando sin culpa estaba,
pareció que temía,
y ya, ¡qué loco extremo!,
ni amo querida ni culpada temo,
2405
antes amo olvidada y ofendida,
antes me atrevo, cuando estoy culpada,
y pues para mi vida
hoy sigue al Rey don Lope en la jornada,
escribo que don Luis a verme venga,
2410
y tenga fin mi amor, porque él le tenga.
(Sale DON JUAN.)

DON JUAN
(No sé cómo el corazón
tan grandes rigores sufre
sin que se rinda a los golpes
de una y otra pesadumbre).

DOÑA LEONOR
2415
Señor don Juan, ¿pues no viene
con vos don Lope?

DON JUAN
No pude
esperarle, aunque él me dijo
que antes que en el mar sepulte
el sol sus rayos vendrá.

DOÑA LEONOR
2420
¿Cómo puede, si ya cubren
al mundo lóbregas sombras
y al cielo pálidas nubes?

DON JUAN
A mí me trujo violento
un gran disgusto que tuve,
2425
y esperar no puede a nadie
el que de sí mismo huye.

DON LUIS
(Dentro.)
¡Válgame el cielo!

DOÑA LEONOR
¡Qué voz
tan lastimosa discurre
el viento!

DON JUAN
En tierra no hay nadie.

DOÑA LEONOR
2430
En las ondas se descubre
del mar un bulto que, ya
siendo trémulas las luces
del día, no se termina
quién es.

DON JUAN
Osado presume
2435
escaparse, pues parece
que hacia nosotros se induce
piedad del cielo. Lleguemos
donde valientes le ayuden
nuestros brazos.

(Sale DON LOPE mojado con una daga.)

DON LOPE
¡Ay de mí!

DON JUAN
2440
¡Llegá!

DON LOPE
¡Oh, tierra, oh, patria dulce
del hombre!

DON JUAN
¿Qué es lo que veo?
¡Don Lope!

DOÑA LEONOR
¡Esposo!

DON LOPE
No pude
hallar puerto más piadoso
que el que en tal favor acude
2445
a mi fatiga. ¡Oh, Leonor!
¡Oh, mi bien! No es bien que dude
que el cielo me ha prevenido
con sus favores comunes
tan grande dicha en descuento
2450
de tan grande pesadumbre.
¡Amigo!

DON JUAN
¿Qué ha sido esto?

DON LOPE
La mayor lástima incluye
aquesta ventura mía
que vio el mundo.

DOÑA LEONOR
Como ayude
2455
el cielo mis esperanzas
y vivo estéis, no hay quien culpe
a la fortuna, aunque usase
de su trágica costumbre.

DON LOPE
Hablé al Rey, busqueos a vos
2460
y, como hallaros no pude,
fleté un barco. Estando ya
para entrar en él, acude
a mí un galán caballero,
cuyo nombre apenas supe
2465
-que pienso que era un don Luis
de Benavides-. Acude
diciéndome que por ser
forastero, a quien se suple
un cortés atrevimiento,
2470
me ruega que no le culpe
el pedirme que en el barco
le traiga, que es bien procure
ver en la quinta del Rey
la gente cuando se junte.
2475
Obligome a que le diese
un lugar y, apenas hube
entrado con él y el barco
de los dos el peso sufre
-que el barquero aún no había entrado-,
2480
cuando el cabo, a quien le pudren
las mismas aguas del mar,
falta, porque le recude
una onda reciamente,
a cuyo golpe no pude
2485
resistir, aunque tomé
los remos. Al fin no tuve
fuerza, y los dos en el barco
entrando por las azules
ondas del mar, padecimos
2490
mil saladas inquietudes.
Ya de los montes del agua
ocupé las altas cumbres,
ya en bóvedas de zafir
sepulcro en su arena tuve;
2495
al fin, guiado a esta parte,
a vista ya de las luces
de tierra, chocando el barco,
de arena y agua se cubre.
El gallardo caballero,
2500
a quien yo librar no pude
por apartarnos la fuerza
del golpe, sin que se ayude
a sí mismo, se rindió
al mar, donde le sepulte
2505
su olvido.

DOÑA LEONOR
¡Ay de mí!
(Desmáyase.)

DON LOPE
¡Leonor,
mi bien, mi esposa! ¡No turbes
tu hermosura! ¡Ah, cielo mío!
Un hielo manso discurre
por el cristal de sus manos.
2510
¡Ay, don Juan!, la pesadumbre
de verme así no fue mucho
que la rindiese; no sufren
corazones de mujer
que estas lástimas escuchen.
2515
Llevalda al lecho entre todos.
(Llévanla entre dos.)

DON JUAN
(¡Qué bien en un hombre luce
que, callando sus agravios,
aun las venganzas sepulte!
Desta suerte ha de vengarse
2520
quien espera, calla y sufre).
(Vase.)

DON LOPE
Bien habemos aplicado,
honor, con cuerda esperanza
disimulada venganza
a agravio disimulado.
2525
¡Bien la ocasión advertí,
cuando la cuerda corté,
cuando los remos tomé
para apartarme de allí,
haciendo que pretendía
2530
acercarme! ¡Y bien logré
mi intento, pues que maté
al que ofenderme quería
-testigo es este puñal-,
al agresor de mi afrenta,
2535
a quien di en urna violenta
monumento de cristal!
¡Bien en la tierra rompí
el barco, dando a entender
que esto pudo suceder
2540
sin sospecharse de mí!
Pues ya que conforme a ley
de honrado, maté primero
al galán, matar espero
a Leonor: no diga el Rey,
2545
viendo que su sangre esmalta
el lecho que aún no violó,
que no vaya, porque yo
en mi casa no haga falta,
pues esta noche ha de ver
2550
el fin de mi desagravio
medio más prudente y sabio
para acabarlo de hacer.
Leonor, ¡ay de mí!, Leonor,
tan bella como viciosa,
2555
tan infeliz como hermosa,
ruina fatal de mi honor;
Leonor, que, al dolor rendida
y al sentimiento postrada,
dejó la muerte burlada
2560
en las manos de la vida,
ha de morir. Mis intentos
sólo los he de fiar,
porque los sabrán callar,
de todos cuatro elementos:
2565
allí al agua y viento entrego
la media venganza mía;
y aquí la otra media fía
mi dolor de tierra y fuego,
pues esta noche mi casa
2570
pienso intrépido abrasar.
Fuego al cuarto he de pegar,
y yo, en tanto que se abrasa,
osado, atrevido y ciego,
la muerte a Leonor daré,
2575
por que presuman que fue
sangriento verdugo el fuego.
Sacaré acendrado de él
el honor que me ilustró,
ya que la liga ensució
2580
una mancha tan cruel;
y en una esperiencia tal,
por los crisoles no ignoro
que salga acendrado el oro
sin aquel bajo metal
2585
de la liga que tenía
y su valor deslustraba.
Así el mar las manchas lava
de la gran desdicha mía;
el viento la lleva luego
2590
donde no se sepa della;
la tierra arde por no vella
y cenizas la hace el fuego,
por que así el mortal aliento
que a turbar al sol se atreve,
2595
consuma, arda, lave y lleve
tierra, agua, fuego y viento.

(Vase y salen el REY, el DUQUE DE BERGANZA y acompañamiento.)

DUQUE
Pensando el mar que dormía
segundo sol en su esfera,
mansamente retrató
2600
a sus ondas las estrellas.

REY
Vine, Duque, por el mar,
que, aunque pude por la tierra,
me pareció que tardaba,
cuanto por aquí es más cerca.
2605
Y, habiendo estado las aguas
tan dulces y lisonjeras
que el cielo, narciso azul,
se vio contemplado en ellas,
ha sido justo venir
2610
donde tantos barcos vea,
cuyos fanales parecen
mil abrasados cometas,
mil alados cisnes, pues,
formando esta competencia,
2615
unos con las alas corren
y otros con los remos vuelan.

DUQUE
A todo ofrece ocasión
la noche apacible y fresca.

REY
Entre la tierra y el mar
2620
deleitosa vista es esta,
porque mirar tantas quintas,
cuyas plantas lisonjean
ninfas del mar que obedientes
con tanta quietud las cercan,
2625
es ver un monte portátil,
es ver una errante selva,
pues vistas dentro del mar
parece que se menean.
A Dios, dulce patria mía,
2630
que en Él espero que vuelva,
puesto que es la causa suya,
donde ceñido me veas
de laurel entrar triunfante
de mil vitorias sangrientas,
2635
dando a mi honor nueva fama,
nuevos triunfos a la Iglesia,
que espero ver...

DENTRO
¡Fuego, fuego!

REY
¿Qué voces, Duque, son estas?

DUQUE
Fuego dicen; y hacia allí
2640
la quinta que está más cerca
-y, si no me engaño, es
la de don Lope de Almeida-
se está abrasando.

REY
Ya veo
en ímpetu salir della,
2645
hecha un Volcán de humo y fuego,
las nubes y las centellas.
Grande incendio, al parecer,
de todas partes la cerca;
parece imposible cosa
2650
que nadie escaparse pueda.
Acerquémonos a ver
si hay contra el fuego defensa.

DUQUE
¡Señor! ¿Tal temeridad?

REY
Duque, acción piadosa es esta,
2655
no temeridad.

(Sale DON JUAN medio desnudo.)

DON JUAN
Aunque
cenizas mi vida sea,
he de sacar a don Lope,
que es su cuarto el que se quema.

REY
Detened a aquese hombre.

DUQUE
2660
Desesperado, ¿qué intentas?

DON JUAN
Dejar en el mundo fama
de una amistad verdadera.
Y, pues que presente estás,
es bien que la causa sepas.
2665
Apenas, oh, gran señor,
nos recogimos, apenas,
cuando en un punto, un instante,
creció el fuego de manera
que parece que tomaba
2670
venganza de su violencia.
Don Lope de Almeida está
con su esposa y yo quisiera
librarlos.
(Sale MANRIQUE.)

MANRIQUE
Echando chispas,
como diablo de comedia,
2675
salgo huyendo de mi casa,
que soy desta Troya Eneas.
Al mar me voy a arrojar,
aunque menor daño fuera
quemarme que beber agua.

(Sale DON LOPE medio desnudo y saca a DOÑA LEONOR muerta en los brazos.)

DON LOPE
2680
¡Piadosos cielos, clemencia!,
por que, aunque arriesgue mi vida,
escapar la tuya pueda.
¡Leonor!

REY
¿Es don Lope?

DON LOPE
Yo
soy, señor, si es que me deja
2685
el sentimiento, no el fuego,
alma y vida con que pueda
conoceros para hablaros,
cuando vida y alma, atentas
a esta desdicha, a este asombro,
2690
a este horror, a esta tragedia,
yace en pálidas cenizas.
Esta muerta beldad, esta
flor en tanto fuego helada,
que solo el fuego pudiera
2695
abrasarla, que de envidia
quiso que no resplandezca;
esta, señor, fue mi esposa,
noble, altiva, honrada, honesta,
que en los labios de la fama
2700
deja esta alabanza eterna.
Esta es mi esposa, a quien yo
quise con tanta terneza
de amor, por que sienta más
el no vella y el perdella,
2705
con una tan gran desdicha,
como en vivo fuego envuelta,
en humo denso anegada,
pues cuando librarla intenta
mi valor, rindió la vida
2710
en mis brazos. ¡Dura pena!
¡Triste horror! ¡Fuerte suceso!
Aunque un consuelo me deja,
y es que ya podré serviros;
pues libre desta manera,
2715
en mi casa no haré falta.
Con vos iré donde pueda
tener mi vida su fin,
si hay desdicha que fin tenga.
(Y vos, valiente don Juan,
2720
decid a quien se aconseja
con vos cómo ha de vengarse
sin que ninguno lo sepa
y no dirá la venganza
lo que no dijo la afrenta).

REY
2725
¡Notable desdicha ha sido!

DON JUAN
Pues óigame vuestra Alteza
aparte, porque es razón
que solo este caso sepa.
Don Lope sospechas tuvo
2730
que pasaron de sospechas
y llegaron a verdades;
y, en resolución tan cuerda,
por dar a secreto agravio
también venganza secreta,
2735
al galán mató en el mar,
porque en un barco se entra
con él solo; así el secreto
al agua y fuego le entrega,
porque el que supo el agravio
2740
solo la venganza sepa.

REY
Es el caso más notable
que la Antigüedad celebra,
porque secreta venganza
requiere secreta ofensa.

DON JUAN
2745
Esta es verdadera historia
del gran don Lope de Almeida,
dando con su admiración
fin a la tragicomedia.