Sor Juana Inés de la Cruz

Los empeños de una casa



Edición a cargo de:
Evangelina Rodríguez Cuadros
Procedencia:
LÉXICO Y VOCABULARIO - TC/12
Texto base consultado:
  • Los empeños de una casa, en Segundo volumen de las obras de Sor Juana Inés de la Cruz, monja profesa en el monasterio del señor san Jerónimo de la ciudad de México […] En Sevilla, Tomas López de Haro, 1692. Consultado el ejemplar de BNM R/19252
Ediciones antiguas consultadas:
  • Los empeños de una casa, comedia famosa, Barcelona, Joseph Llopis, 1693, pp. 385-450. Suelta de la edición de 1693 referida. Consultado el ejemplar de la Biblioteca Histórica de la Universitat de Valencia.
Ediciones modernas consultadas:
  • Dramáticos posteriores a Lope de Vega, II. Ed. de Mesonero Romanos. Madrid, Rivadeneyra, 1859, pp. 285-303.
  • Los empeños de una casa, ed. estudio, bibliografía y notas de Celsa Carmen García Valdés, Barcelona PPU, 1989.
  • Los empeños de una casa, ed. de Celsa Carmen García Valdés, Madrid, Cátedra, 2010.
Digitalización a cargo de:
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes Saavedra, 2014

Loa que precedió a la comedia que se sigue

INTERLOCUTORES

LA DICHA
LA FORTUNA
LA DILIGENCIA
EL MÉRITO
EL ACASO
MÚSICA

MÚSICA
Para celebrar cuál es
de las dichas la mayor,
a la ingeniosa palestra
convoca a todos mi voz.
5
¡Venid al pregón!
¡Atención! ¡Silencio! ¡Atención, atención!,
siendo el asumpto, a quién puede
atribuirse mejor,
si al gusto de la [Fortuna]
10
o del Mérito al sudor.
¡Venid todos! ¡Venid, venid al pregón
de la más ingeniosa, lucida cuestión!
¡Atención! ¡Silencio! ¡Atención, atención!

(Salen el MÉRITO y la DILIGENCIA, por un lado; y por otro, la FORTUNA y el ACASO.)

MÉRITO
Yo vengo al pregón, mas juzgo
15
que es superflua la cuestión.

FORTUNA
Yo, que tanta razón llevo,
a vencer, no a lidiar voy.

ACASO
Yo no vengo a disputar
lo que puedo darme yo.

MÚSICA
20
¡Venid todos! ¡Venid, venid al pregón
de la más ingeniosa, lucida cuestión!
¡Atención! ¡Silencio! ¡Atención, atención!

MÉRITO
Sonoro acento que llamas,
pause tu canora voz,
25
pues si el asumpto es cuál sea
de las dichas la mayor
y a quién debe atribuirse
después su consecución,
punto que determinado
30
por la natural razón
está ya, y aun sentenciado
(como se debe) a favor
del Mérito, ¿para qué
es ponerlo en opinión?

DILIGENCIA
35
Bien has dicho, y pues lo eres
tú, y yo parte tuya soy,
que la Diligencia siempre
al Mérito acompañó;
pues, aunque Mérito seas,
40
si no te acompaño yo,
llegas hasta merecer,
pero hasta conseguir, no;
que Mérito, a quien, de omiso,
la Diligencia faltó,
45
se queda con el afán,
y no alcanza el galardón;
pero supuesto que ahora
estamos juntos los dos,
pues el Mérito eres tú
50
y la Diligencia yo,
no hay que temer competencias
de Fortuna.

FORTUNA
¿Cómo no?
Pues ¿vosotros estrechar
queréis mi jurisdicción,
55
mayormente cuando traigo
al Acaso en mi favor?

MÉRITO
Pues ¿al Mérito hacer puede
la Fortuna oposición?

FORTUNA
Sí, pues ¿cuándo la Fortuna
60
al Mérito no venció?

DILIGENCIA
Cuando al Mérito le asiste
la Diligencia.

ACASO
¡Qué error!
Pues ¿a impedir un Acaso,
qué Diligencia bastó?

DILIGENCIA
65
Muchas veces hemos visto
que puede la prevención
quitar el daño al Acaso.

ACASO
Si se hace regulación,
las más veces llega cuando
70
ya el acaso sucedió.

MÉRITO
Fortuna, llevar no puedo
que quiera tu sinrazón
quitarme a mí de la Dicha
la corona y el blasón.
75
Ven acá, ¿quién eres para
oponerte a mi valor,
más que una deidad mentida
que la indignación formó?
Pues cuando en mi tribunal
80
los privo de todo honor,
se van a ti los indignos
en grado de apelación.
¿Eres tú más que un tirano
tan bárbaramente atroz,
85
que castiga sin delito
y premia sin elección?
¿Eres tú más que un efugio
del interés y el favor,
y una razón que se da
90
por obrar la sinrazón?
¿No eres tú del desconcierto
un mal regido relox
que si quiere da las veinte
al tiempo de dar las dos?
95
¿No eres tú de tus alumnos
la más fatal destruición,
pues al que ayer levantaste
intentas derribar hoy?
¿Eres más...?

FORTUNA
¡Mérito, calla,
100
pues tu vana presumpción,
en ser discurso se queda
sin pasar a oposición!
¿De qué te sirve injuriarme
si, cuando está tu furor
105
envidiando mis venturas,
las estoy gozando yo?
Si sabes que en cualquier premio,
en que eres mi opositor,
te quedas tú con la queja
110
y yo con la posesión,
¿de qué sirve la porfía?
¿No te estuviese mejor
el rendirme vasallaje
que el tenerme emulación?
115
Discurre por los ejemplos
pasados. ¿Qué oposición
me has hecho en que decir puedas
que has salido vencedor?
En la destruición de Persia,
120
donde asistí, ¿qué importó
tener Darío el derecho,
si ayudé a Alejandro yo?
Y cuando quise después
desdeñar al Macedón,
125
¿le defendió de mis iras
el ser del mundo señor?
[Cuando] se exaltó en el trono
Tarmolán con mi favor,
¿no hice una cerviz real
130
grada del pie de un pastor?
Cuando quise hacer a César
en Farsalia vencedor,
¿de qué le sirvió a Pompeyo
el estudio y la razón?
135
Y el más hermoso prodigio,
la más cabal perfección
a que el Mérito no alcanza,
a un Acaso se rindió.
¿Quién le dio el hilo a Teseo?
140
¿Quién a Troya destruyó?
¿Quién dio las armas a Ulises,
aunque Áyax las mereció?
¿No soy de la paz y guerra
el árbitro superior,
145
pues de mi voluntad sola
pende su distribución?

DILIGENCIA
No os canséis en argüir,
pues la voz que nos llamó
de oráculo servirá,
150
dando a nuestra confusión
luz.

ACASO
Sí, que no Acaso fue
el repetir el pregón.

MÚSICA
¡Atención, atención! ¡Silencio, atención!

MÉRITO
Voz, que llamas importuna
155
a tantas, sin distinguir,
¿a quién se ha de atribuir
aquesta ventura?

MÚSICA
A una.

FORTUNA
¿De cuáles, si son opuestas?

MÚSICA
De estas.

DILIGENCIA
160
¿Cuál? Pues hay en el teatro...

MÚSICA
Cuatro.

ACASO
Sí, mas ¿a qué fin rebozas?

MÚSICA
Cosas.

FORTUNA
Aunque escuchamos medrosas,
165
hallo que van pronunciando
los ecos que va formando:

MÚSICA
A una de estas cuatro cosas.

MÉRITO
Mas ¿quién tendrá sin desdicha...

MÚSICA
...la Dicha?

FORTUNA
170
Si miro que para quién...

MÚSICA
...es bien.

MÉRITO
¿A quién es bien que por suya...

MÚSICA
...se atribuya?

DILIGENCIA
Pues de fuerza ha de ser tuya,
175
que juntando el dulce acento
dice que al Merecimiento...

MÚSICA
...la dicha es bien se tribuya.

ACASO
¿Se dará, sin embarazo...

MÚSICA
...a el Acaso?

ACASO
180
¿Y qué pondrá en consecuencia?

MÚSICA
Diligencia.

ACASO
Sí, mas ¿cuál es fundamento?

MÚSICA
Merecimiento

ACASO
Y lo logrará oportuna...

MÚSICA
185
...Fortuna.

ACASO
Bien se ve que solo es una;
pero da la preeminencia...

MÚSICA
...al Acaso, Diligencia,
Merecimiento y Fortuna.

MÉRITO
190
Atribuirlo a un tiempo a todas
no es posible; pues confusas
sus cláusulas con las nuestras,
confunden lo que articulan.
Vamos juntando los ecos,
195
que responden a cada una,
para formar un sentido
de tantas partes difusas.

FORTUNA
Bien has dicho, pues así
se penetrará su obscura
inteligencia.

ACASO
200
Con eso
podrá ser que se construya
su recóndito sentido.

DILIGENCIA
Pues digamos todas juntas
con la Música, ayudando
205
las cláusulas que pronuncia.

[TODOS y
LA MÚSICA]
A una de estas cuatro cosas...
...la Dicha es bien se atribuya:
al Acaso, Diligencia,
Merecimiento y Fortuna.

MÉRITO
210
Nada responde, supuesto
que ha respondido que a una
se le debe atribuir,
con que en pie deja la duda
pues no determina cuál.

FORTUNA
215
Sin duda, que se reduzga
a los argumentos quiere.

ACASO
Sin duda, que se refunda
en el Acaso es su intento.

DILIGENCIA
Sin duda, que se atribuya,
220
pretende, a la Diligencia.

MÉRITO
¡Oh, qué vanas conjecturas,
siendo el Mérito el primero!

FORTUNA
Si no lo pruebas, se duda.

MÉRITO
Bien puede uno ser dichoso
225
sin tener Merecimiento;
pero este mismo contento
le sirve de afán penoso,
pues siempre está receloso
del defecto que padece
230
y el gusto le desvanece,
sin alcanzarlo jamás.
Luego no es dichoso más
de aquel que serlo merece.

MÚSICA
¡Que para ser del todo
235
feliz, no basta
el tener la ventura,
sino el gozarla!

FORTUNA
Tu razón no satisfaga,
pues antes, de ella se infiere
240
que la que el Mérito adquiere
no es ventura, sino paga;
y antes, el deleite estraga,
pues como ya se antevía,
no es novedad la alegría.
245
Luego, en sentir rigoroso,
sólo se llama dichoso
el que no lo merecía.

MÚSICA
¡Que para ser del todo
grande una Dicha,
250
no ha de ser esperada
sino improvisa!

ACASO
Del Acaso una sentencia
dice que se debe hacer
mucho caso, pues el ser
255
pende de la contingencia.
Y aun lo prueba la evidencia,
pues no se puede dar paso
sin que intervenga el Acaso;
y no hacer de él caso fuera
260
grave error: pues en cualquiera
caso, hace el Acaso al caso.

MÚSICA
¡Porque, ordinariamente,
son las venturas
más hijas del Acaso
265
que de la industria!

DILIGENCIA
Este sentir se condena;
pues que es más ventura, es llano,
labrarla uno de su mano,
que esperarla de la ajena.
270
Pues no podrán darle pena
riesgos de la contingencia,
y aun en la común sentencia
se tiene por más segura,
pues dice que es la ventura
275
hija de la Diligencia.

MÚSICA
¡Y así, el temor no tiene
de perder dichas,
el que, si se le pierden,
sabe adquirirlas!

MÉRITO
280
Aunque a la primera vista
cada uno, al parecer,
tiene razón, es engaño,
pues de la Dicha el laurel
sólo al Mérito le toca,
285
pues premio a su sudor es.

[MÚSICA]
¡No es!

MÉRITO
¡Sí es!

FORTUNA
No es, sino de la Fortuna,
cuya soberbia altivez
es la máquina del Orbe
290
estrecha basa a sus pies.

MÚSICA
¡No es!

FORTUNA
¡Sí es!

DILIGENCIA
No es, sino condigno premio
de la Diligencia, pues
si allá se pide de gracia,
295
aquí como deuda es.

MÚSICA
¡No es!

DILIGENCIA
¡Sí es!

ACASO
¡No es tal; porque si el Acaso
su causa eficiente es,
claro está que será mía,
300
pues soy yo quien la engendré!

MÚSICA
¡No es!

ACASO
¡Sí es!

MÉRITO
Baste ya, que esta cuestión
se ha reducido a porfía;
y pues todo se vocea
305
y nada se determina,
mejor es mudar de intento.

FORTUNA
¿Cómo?

MÉRITO
Invocando a la Dicha;
que, pues la que hoy viene a casa
se tiene por más divina
310
que humana, como deidad
sabrá decir, de sí misma,
a cuál de nosotros cuatro
debe ser atribuida.

FORTUNA
Yo cederé mi derecho,
315
sólo con que ella lo diga.
Mas ¿cómo hemos de invocarla,
o adónde está?

DILIGENCIA
En las delicias
de los Elisios, adonde
sólo es segura la Dicha.
320
Mas ¿cómo hemos de invocarla?

ACASO
Mezclando con la armonía
de los coros nuestras voces.

DILIGENCIA
Pues empezad sus festivas
invocaciones mezclando
325
el respeto a la caricia.

(Cantan y representan.)

MÉRITO
¡Oh, reina del Elisio coronada!

FORTUNA
¡Oh, emperatriz de todos adorada!

DILIGENCIA
¡Común anhelo de las intenciones!

ACASO
¡Causa final de todas las acciones!

MÉRITO
330
¡Riqueza, sin quien pobre es la riqueza!

FORTUNA
¡Belleza, sin quien fea es la belleza!

MÉRITO
Sin quien Amor no logra sus dulzuras.

FORTUNA
Sin quien Poder no logra sus alturas.

DILIGENCIA
Sin quien el mayor bien el mal se vuelve.

ACASO
335
Con quien el mal en bienes se resuelve.

MÉRITO
¡Tú, que donde tú asistes no hay desdicha!

FORTUNA
En fin ¡tú, Dicha!

ACASO
¡Dicha!

DILIGENCIA
¡Dicha!

[MÉRITO]
¡Dicha!

TODOS
¡Ven, ven a nuestras voces;
porque tú misma
340
sólo descifrar puedes
de ti el enigma!

(Dentro, un clarín.)

MÚSICA
¡Albricias, albricias!

TODOS
¿De qué las pedís?

MÚSICA
De que ya benigna
345
a la invocación
se muestra la Dicha.
¡Albricias, albricias!

(Córrense dos cortinas y aparece LA DICHA con corona y cetro.)

MÉRITO
¡Oh, qué divino semblante!

FORTUNA
¡Qué beldad tan peregrina!

DILIGENCIA
350
¡Qué gracia tan milagrosa!

ACASO
Pues ¿cuándo no fue la Dicha
hermosa?

MÉRITO
Todas lo son;
mas ninguna hay que compita
con aquesta. Pero atiende
355
a ver lo que determina.

DICHA
Ya que llamada vengo
a informar de mí misma,
y a ser de vuestro pleito
el árbitro común que lo decida;
360
y pues es la cuestión:
¿a quién mejor, la Dicha,
por razones que alegan,
de los cuatro, ser debe atribuida?
Y el mérito me alega
365
tenerme merecida,
como que equivalieran
a mi valor sagrado sus fatigas.
La Diligencia alega
que en buscarme me obliga,
370
como que humana huella
pudiera penetrar sagradas [simas].
La Fortuna, más ciega,
de serlo se acredita,
pues quiere en lo sagrado
375
tener jurisdicciones electivas.
El Acaso, sin juicio
pretende, o con malicia,
el que la Providencia
por un acaso se gobierne y rija.
380
Y para responderos
con orden, es precisa,
Diligencia, advertiros
que no soy yo de las vulgares dichas,
que esas, la Diligencia
385
es bien que las consiga,
que el Mérito las gane,
que el Acaso o Fortuna las elijan;
mas yo mido, sagrada,
distancias tan altivas,
390
que a mi [elevado] solio
no llegan impresiones peregrinas.
Y ser yo de Fortuna
dádiva, es cosa indigna,
que de tan ciegas manos
395
no son alhajas dádivas divinas.
Del Mérito, tampoco,
que sagradas caricias
pueden ser alcanzadas,
pero nunca ser pueden merecidas.
400
Pues soy (mas con razón
temo no ser creída,
que ventura tan grande,
aun la dudan los ojos que la miran)
la venida dichosa
405
de la excelsa María
y del invicto Cerda,
que eternos duren y dichosos vivan.
Ved si a Dicha tan grande
como gozáis, podría
410
Diligencia ni Acaso,
Mérito ni Fortuna, conseguirla.
Y así, pues pretendéis
a alguno atribuirla,
solo atribuirse debe
415
tanta ventura a su grandeza misma,
y al José generoso
que, sucesión florida,
a multiplicar crece
los triunfos de su real progenie invicta.
420
Y pues ya conocéis
que, a tan sagrada Dicha,
ni volar la esperanza,
ni conocerla pudo la noticia,
al agradecimiento
425
los júbilos se sigan,
que si no es recompensa,
de gratitud al menos se acredita.

MÉRITO
Bien dice: celebremos
la gloriosa venida
430
de una dicha tan grande
que en tres se multiplica.
Y alegres digamos
a su hermosa vista:
¡Bienvenida sea
435
tan sagrada Dicha,
que la Dicha siempre
es muy bien venida!

MÚSICA
¡Bien venida sea!
¡Sea bien venida!

FORTUNA
440
Bien venida sea
la excelsa María,
diosa de la Europa,
deidad de las Indias.

ACASO
Bien venido sea
445
el Cerda, que pisa
la cerviz ufana
de América altiva.

MÚSICA
¡Bien venida sea!
¡Sea bien venida!

MÉRITO
450
Bien en José venga
la Belleza misma,
que ser más no puede
y a crecer aspira.

MÚSICA
¡Bien venida sea!
455
¡Sea bien venida!

FORTUNA
Y a ese bello Anteros
un Cupido siga,
que sus glorias parta
sin disminuirlas.

DICHA
460
Porque de una y otra
casa esclarecida,
crezca a ser gloriosa,
generosa cifra.

FORTUNA
Fortuna a su arbitrio
465
esté tan rendida,
que pierda de ciega
la costumbre antigua.

MÚSICA
¡Bien venida sea!
¡Sea bien venida!

MÉRITO
470
Mérito, pues es
tan de su familia,
como nació en ella,
eterno le asista.

MÚSICA
¡Bien venida sea!
475
¡Sea bien venida!

DILIGENCIA
Diligencia siempre
tan fina le asista,
que aumente renombres
de ser más activa.

MÚSICA
480
¡Bien venida sea!
¡Sea bien venida!

ACASO
El Acaso tanto
se esmere en servirla,
que haga del Acaso
485
venturas precisas.

MÚSICA
¡Bien venida sea!
¡Sea bien venida!

FORTUNA
En sus bellas damas,
cuya bizarría,
490
de Venus y Flora,
es hermosa envidia.

MÚSICA
¡Bien venida sea!
¡Sea bien venida!

MÉRITO
Y pues esta casa,
495
a quien iluminan
tres soles con rayos,
un Alba con risa,

ACASO
no ha sabido cómo
festejar su Dicha,
500
si no es con mostrarse
de ella agradecida.

DILIGENCIA
Que a merced que en todo
es tan excesiva,
que aun de los deseos
505
pasa la medida,

FORTUNA
nunca hay recompensa,
y si alguna hay digna,
es sólo el afecto
que hay a recibirla.

MÉRITO
510
Que al que las deidades
al honor destinan,
el Mérito dan
con las honras mismas.

ACASO
Y porque el festejo
515
pare en alegría,
los coros acordes
otra vez repitan:

MÚSICA
¡Bienvenida sea
tan sagrada Dicha,
520
que la Dicha siempre
es muy bien venida!

DICHA
¡Y sea en su Casa,
porque eterna viva,
como la Nobleza,
525
vínculo la Dicha!

FORTUNA
Y porque la causa es bien
que estemos agradecidas,
repetid conmigo todos:

TODOS
¡Que con bien Su Señoría
530
Ilustrísima haya entrado,
pues en su entrada festiva,
fue la dicha de su entrada
la entrada de nuestra Dicha!

MÚSICA
¡Fue la dicha de su entrada
535
la entrada de nuestra Dicha!


Letra

ErrorMetrica
Divina Lisi, permite
a los respetos cobardes
que por indignos te pierden,
que por humildes te hallen.
5
No es ufano sacrificio
el que llega a sus altares,
que aun se halla indigno el afecto
de poder sacrificarse.
Ni agradarte solicita,
10
que no son las vanidades
tan soberbias, que presuman
que a ti puedan agradarte.
Sólo es una ofrenda humilde,
que entre tantos generales
15
tributos, a ser no aspira,
ni aun a ser parte integrante.
La pureza de tu altar
no es bien macular con sangre,
que es mejor que arda en las venas
20
que no que las aras manche.
Mentales víctimas son
las que ante tu trono yacen,
a quien hieren del deseo
segures inmateriales.
25
No temen tu ceño, porque
cuando llegues a indignarte,
¿qué más dicha que lograr
el merecerte un desaire?
Seguro, en fin, de la pena
30
obra el amor, porque sabe
que a quien pretende el castigo,
castigo no es castigarle.

INTERLOCUTORES

DON CARLOS
DON JUAN
DON PEDRO
DON RODRIGO
DOÑA LEONOR
DOÑA ANA
CELIA
HERNANDO
CASTAÑO
DOS EMBOZADOS
DOS COROS DE MÚSICA

Jornada I

Salen DOÑA ANA y CELIA.

DOÑA ANA
Hasta que venga mi hermano,
Celia, le hemos de esperar.

CELIA
Pues eso será velar,
porque él juzga que es temprano
5
la una o las dos; y a mi ver,
aunque es grande ociosidad,
viene a decir la verdad,
pues viene al amanecer.
Mas, ¿por qué ahora te dio
10
esa gana de esperar,
si te entras siempre a acostar
tú, y le espero sola yo?

DOÑA ANA
Has de saber, Celia mía,
que aquesta noche ha fiado
15
de mí todo su cuidado,
tanto de mi afecto fía.
Bien sabes tú que él salió
de Madrid dos años ha,
y a Toledo, donde está,
20
a una cobranza llegó,
pensando luego volver,
y así en Madrid me dejó,
donde estando sola yo,
y a poder ser vista y ver,
25
me vio don Juan y le vi,
y me solicitó amante,
a cuyo pecho constante
atenta correspondí;
cuando, o por no ser tan llano
30
como el pleito se juzgó,
o lo cierto, porque no
quería irse mi hermano,
porque vive aquí una dama
de perfecciones tan summas
35
que dicen que faltan plumas
para albarla a la Fama,
de la cual enamorado,
aunque no correspondido,
por conseguirla perdido
40
en Toledo se ha quedado;
y porque yo no estuviese
sola en la Corte sin él,
o porque su amor crüel
de algún alivio le fuese,
45
dispuso el que venga aquí
a vivir yo, que al instante
di cuenta a don Juan, que amante
vino a Toledo tras mí;
fineza a que agradecida
50
toda el alma estar debiera,
si ya (¡ay de mí!) no estuviera
del empeño arrepentida,
porque el amor, que es villano
en el trato y la bajeza,
55
se ofende de la fineza.
Pero, volviendo a mi hermano,
sábete que él ha [inquirido]
con obstinada porfía
qué motivo haber podía
60
para no ser admitido;
y hallando que es otro amor,
aunque yo no sé de quién,
sintiendo más que el desdén
que otro gozase el favor,
65
-que como este fiero engaño
es envidioso veneno,
se siente el provecho ajeno
mucho más que el propio daño-,
sobornando (¡oh vil costumbre
70
que así la razón estraga,
que es tan ciego Amor que paga
porque le den pesadumbre!)
una crïada, que era
de quien ella se fiaba,
75
en el estado que estaba
su amor, con el fin que espera
y con lo demás que pasa,
supo de la infiel crïada
que estaba determinada
80
a salirse de su casa
esta noche con su amante;
de que mi hermano furioso,
como a quien está celoso
no hay peligro que le espante,
85
con unos hombres trató
que fingiéndose Justicia
(¡mira qué astuta malicia!)
prendan al que la robó,
y que al pasar por aquí
90
[el] galán y dama bella,
como en depósito, a ella,
me la entregasen a mí,
y que luego al apartarse,
como que acaso ellos van
95
descuidados, [al] galán
den lugar para escaparse,
con lo cual claro se arguye
que él se valdrá de los pies
huyendo, pues piensa que es
100
la Justicia de quien huye;
y mi hermano con la traza
que su amor ha discurrido,
sin riesgo habrá conseguido
traer su dama a su casa,
105
y en ella es bien fácil cosa
galantearla abrasado
sin que él parezca culpado
ni ella pueda estar quejosa,
porque si tanto despecho
110
ella llegase a entender,
visto es que ha de aborrecer
a quien tal daño le ha hecho.
Aquesto que te he contado,
Celia, tengo que esperar;
115
mira ¿cómo puedo entrar
a acostarme sin cuidado?

CELIA
Señora, nada me admira,
que en amor no es novedad
que se vista la verdad
120
del color de la mentira;
ni quién habrá que se espante
si lo que es, llega a entender,
temeridad de mujer,
ni resolución de amante;
125
ni de traidoras criadas,
que eso en todo el mundo pasa,
y quizá dentro de casa
hay algunas calderadas.
Sólo admirado me han,
130
por las acciones que has hecho,
los indicios que tu pecho
da de olvidar a don Juan;
y no sé por qué el cuidado
das en trocar en olvido,
135
cuando ni causa has tenido
tú, ni don Juan te la ha dado.

DOÑA ANA
Que él no me la da, es verdad;
que no la tengo, es mentira.

CELIA
¿De qué modo?

DOÑA ANA
¿Qué te admira?
140
Es ciega la voluntad.
Tras mí, como sabes, vino,
amante y fino, don Juan,
quitándose de galán
lo que se añade de fino,
145
sin dejar a qué aspirar
a la ley del albedrío,
porque si él es ya tan mío,
¿qué tengo que desear?
Pero no es aquesa sola
150
la causa de mi despego,
sino porque ya otro fuego
en mi pecho se acrisola.
Suelo en esta calle ver
pasar a un galán mancebo
155
que, si no es el mismo Febo,
yo no sé quién pueda ser.
A este, (¡ay de mí!), Celia mía,
no sé si es gusto o capricho,
y... pero ya te lo he dicho,
160
sin saber que lo decía.

CELIA
¿Lloras?

DOÑA ANA
¿Pues no he de llorar,
¡ay infeliz de mí!, cuando
conozco que estoy errando
y no me puedo enmendar?

CELIA
165
(Aparte.)
Qué buenas nuevas me dan
con esto que ahora he oído,
para tener yo escondido
en su cuarto al tal don Juan;
que habiendo notado el modo
170
con que le trata enfadada,
quiere hacer la tarquinada
y dar al traste con todo.
-¿Y quién, señora, ha logrado
tu amor?

DOÑA ANA
Solo decir puedo
175
que es un don Carlos de Olmedo
el galán. Mas han llamado;
mira quién es, que después
te hablaré, Celia.

CELIA
¿Quién llama?
(Dentro.)
¡La justicia!

DOÑA ANA
Esta es la dama.
Abre, Celia.

CELIA
180
Entre quien es.

(Entran EMBOZADOS y DOÑA LEONOR.)

EMBOZADO
Señora, aunque yo no ignoro
el decoro de esta casa,
pienso que el entrar en ella
ha sido más venerarla
185
que ofenderla; y así, os ruego
que me tengáis esta dama
depositada, hasta tanto
que se averigüe la causa
por qué le dio muerte a un hombre
190
otro que le acompañaba.
Y perdonad, que a hacer vuelvo
diligencias no escusadas
en tal caso.

(Vanse.)

DOÑA ANA
¿Qué es aquesto?
Celia, a aquesos hombres llama
195
que lleven a esta mujer,
que no estoy acostumbrada
a oír estas liviandades.

CELIA
(Aparte.)
Bien la deshecha mi ama
hace de querer tenerla.

DOÑA LEONOR
200
Señora, en la boca el alma
tengo (¡ay de mí!), si piedad
mis tiernas lágrimas causan
en tu pecho (hablar no acierto),
te suplico arrodillada
205
que ya que no de mi vida,
tengas piedad de mi fama,
sin permitir, puesto que
ya una vez entré en tu casa,
que a otra me lleven adonde
210
corra mayores borrascas
mi opinión; que a ser mujer,
como imaginas, liviana,
ni a ti te hiciera este ruego,
ni yo tuviera estas ansias.

DOÑA ANA
215
A lástima me ha movido
tu belleza y tu desgracia.
[Aparte.]
Bien dice mi hermano, Celia.

CELIA
[Aparte a DOÑA ANA.]
Es belleza sobrehumana,
y si está así en la tormenta,
220
¿cómo estará en la bonanza?

DOÑA ANA
Alzad del suelo, señora,
y perdonad si turbada
del repentino suceso,
poco atenta y cortesana
225
me he mostrado, que ignorar
quién sois, pudo dar la causa
a la estrañeza; mas ya
vuestra persona gallarda
informa en vuestro favor,
230
de suerte que toda el alma
ofrezco para serviros.

DOÑA LEONOR
¡Déjame besar tus plantas,
bella deidad, cuyo templo,
cuyo culto, cuyas aras,
235
de mi deshecha fortuna
son el asilo!

DOÑA ANA
Levanta,
y cuéntame qué sucesos
a tal desdicha te arrastran;
aunque, si eres tan hermosa,
240
no es mucho ser desdichada.

CELIA
(Aparte.)
De la envidia que le tiene
no le arriendo la ganacia.

DOÑA LEONOR
Señora, aunque la vergüenza
me pudiera ser mordaza
245
para callar mis sucesos,
la que como yo se halla
en tan infeliz estado,
no tiene por qué callarlas;
antes pienso que me abono
250
en hacer lo que me mandas,
pues son tales los indicios
que tengo de estar culpada,
que por culpables que sean
son más decentes sus causas;
y así, escúchame.

DOÑA ANA
255
El silencio
te responda.

CELIA
¡Cosa brava!
¿Relación a media noche
y con vela? ¡Que no valga!

DOÑA LEONOR
Si de mis sucesos quieres
260
escuchar los tristes casos
con que ostentan mis desdichas
lo poderoso y lo vario,
escucha, por si consigo
que, divirtiendo tu agrado,
265
lo que fue trabajo propio
sirva de ajeno descanso,
o porque en el desahogo
hallen mis tristes cuidados
a la pena de sentirlos,
270
el alivio de contarlos.
Yo nací noble; este fue
de mi mal el primer paso,
que no es pequeña desdicha
nacer noble un desdichado;
275
que aunque la nobleza sea
joya de precio tan alto,
es alhaja que en un triste
solo sirve de embarazo;
porque estando en un sujeto
280
repugnan como contrarios,
entre plebeyas desdichas
haber respetos honrados.
Decirte que nací hermosa
presumo que es escusado,
285
pues lo atestiguan tus ojos
y lo prueban mis trabajos.
Solo diré... Aquí quisiera
no ser yo quien lo relato,
pues en callarlo o decirlo
290
dos inconvenientes hallo:
porque, si digo que fui
celebrada por milagro
de discreción, me desmiente
la necedad del contarlo;
295
y, si lo callo, no informo
de mí, y en un mismo caso
me desmiento, si lo afirmo,
y lo ignoras, si lo callo.
Pero es preciso al informe
300
que de mis sucesos hago
(aunque pase la modestia
la vergüenza de contarlo),
para que entiendas la historia,
presuponer asentado
305
que mi discreción la causa
fue principal de mi daño.
Inclineme a los estudios
desde mis primeros años
con tan ardientes desvelos,
310
con tan ansiosos cuidados,
que reduje a tiempo breve
fatigas de mucho espacio.
Conmuté el tiempo, industriosa,
a lo intenso del trabajo,
315
de modo que en breve tiempo
era el admirable blanco
de todas las atenciones,
de tal modo, que llegaron
a venerar como infuso
320
lo que fue adquirido lauro.
Era de mi patria toda
el objeto venerado
de aquellas adoraciones,
que forma el común aplauso;
325
y como lo que decía
(fuese bueno o fuese malo)
ni el rostro lo deslucía
ni lo desairaba el garbo,
llegó la supersitición
330
popular a empeño tanto,
que ya adoraban deidad
el ídolo que formaron.
Voló la fama parlera,
discurrió reinos estraños,
335
y en la distancia segura
acreditó informes falsos.
La pasión se puso antojos
de tan engañosos grados,
que a mis moderadas prendas
340
agrandaban los tamaños.
Víctima en mis aras eran,
devotamente postrados,
los corazones de todos
con tan comprehensivo lazo,
345
que habiendo sido al principio
aquel culto voluntario,
llegó después la costumbre,
favorecida de tantos,
a hacer como obligatorio
350
el festejo cortesano;
y, si alguno disentía,
paradojo o avisado,
no se atrevía a proferirlo
temiendo que, por estraño,
355
su dictamen no incurriese,
siendo de todos contrario,
en la nota de grosero
o en la censura de vano.
Entre estos aplausos yo,
360
con la atención zozobrando
entre tanta muchedumbre,
sin hallar seguro blanco,
no acertaba a amar a alguno,
viéndome amada de tantos.
365
Sin temor en los concursos
defendía mi recato
con peligros del peligro
y con el daño del daño.
Con una afable modestia
370
igualando el agasajo,
quitaba lo general
lo sospechoso al agrado.
Mis padres en mi mesura
vanamente asegurados,
375
se descuidaron conmigo.
¡Qué dictamen tan errado!,
pues fue quitar por de fuera
las guardas y los candados
a una fuerza que en sí propia
380
encierra tantos contrarios.
Y como tan neciamente
conmigo se descuidaron,
fue preciso hallarme el riesgo
donde me perdió el cuidado.
385
Sucedió, pues, que entre muchos
que de mi fama incitados
contextar con mi persona
intentaban mis aplausos,
llegó acaso a verme (¡Ay cielos!,
390
¿cómo permitís tiranos
que un afecto tan preciso
se forjase de un acaso?)
don Carlos de Olmedo, un joven
forastero, mas tan claro
395
por su origen, que en cualquiera
lugar que llegue a hospedarlo,
podrá no ser conocido,
pero no ser ignorado.
Aquí, que me des te pido
400
licencia para pintarlo,
por disculpar mis errores,
o divertir mis cuidados,
o porque al ver de mi amor
los estremos temerarios,
405
no te admire que el que fue
tanto, mereciera tanto.
Era su rostro un enigma
compuesto de dos contrarios
que eran valor y hermosura,
410
tan felizmente hermanados,
que faltándole a lo hemoso
la parte de afeminado,
hallaba lo más perfecto
en lo que estaba más falto;
415
porque ajando las facciones
con un varonil desgarro,
no consintió a la hermosura
tener imperio asentado,
tan remoto a la noticia,
420
tan ajeno del reparo,
que aun no le debió lo bello
la atención de despreciarlo;
que como en un hombre está
lo hermoso como sobrado,
425
es bueno para tenerlo
y malo para ostentarlo.
Era el talle como suyo,
que aquel talle y aquel garbo,
aunque la Naturaleza
430
a otro dispuesta darlo,
solo le asentara bien
al espíritu de Carlos:
que fue de su providencia
esmero bien acertado,
435
dar un cuerpo tan gentil
a espíritu tan gallardo.
Gozaba un entendimiento
tan sutil, tan elevado,
que la edad de lo entendido
440
era un mentís de sus años.
Alma de estas perfecciones
era el gentil desenfado
de un despejo tan airoso,
un gusto tan cortesano,
445
un recato tan amable,
un tan atractivo agrado,
que en el más bajo descuido
se hallaba el primor más alto;
tan humilde en los afectos,
450
tan tierno en los agasajos,
tan fino en las persuasiones,
tan apacible en el trato
y en todo, en fin, tan perfecto,
que ostentaba cortesano
455
despojos de lo rendido,
por galas de lo alentado.
En los desdenes sufrido,
en los favores callado,
en los peligros resuelto,
460
y prudente en los acasos.
Mira si con estas prendas,
con otras más que te callo,
quedaría en la más cuerda
defensa para el recato.
465
En fin, yo le amé; no quiero
cansar tu atención contando
de mi temerario empeño
la historia caso por caso;
pues tu discreción no ignora
470
de empeños enamorados,
que es su ordinario principio
desasosiego y cuidado;
su medio, lances y riesgos;
su fin, tragedias o agravios.
475
Creció el amor en los dos
recíproco, y deseando
que nuestra feliz unión
lograda en tálamo casto
confirmase de Himeneo
480
el indisoluble lazo;
y porque acaso mi padre,
-que ya para darme estado
andaba entre mis amantes
los méritos regulando-
485
atento a otras conveniencias
no nos fuese de embarazo,
dispusimos esta noche
la fuga, y atropellando
el cariño de mi padre,
490
y de mi honor el recato,
salí a la calle, y apenas
daba los primeros pasos
entre cobardes recelos
de mi desdicha, fiando
495
la una mano a las basquiñas
y a mi manto la otra mano,
cuando a [nosotros] resueltos
llegaron dos embozados.
-«¿Qué gente?» dicen, y yo
500
con el aliento turbado,
sin reparar lo que hacía
(porque suele en estos casos
hacer publicar secretos
el cuidado de guardarlos),
505
-«¡Ay Carlos, perdidos somos!»
dije, y apenas tocaron
mis voces a sus oídos
cuando los dos arrancando
los aceros, dijo el uno:
510
-«Matadlo, don Juan, matadlo,
que esa tirana que lleva,
es doña Leonor de Castro,
mi prima». Sacó mi amante
el acero, y alentado,
515
apenas con una punta
llegó al pecho del contrario,
cuando diciendo: «¡Ay de mí!»
dio en tierra, y viendo el fracaso
dio voces el compañero,
520
a cuyo estruendo llegaron
algunos; y aunque pudiera
la fuga salvar a Carlos,
por no dejarme en el riesgo,
se detuvo temerario
525
de modo que la Justicia,
que acaso andaba rondando,
llegó a nosotros, y aunque
segunda vez obstinado
intentaba defenderse,
530
persuadido de mi llanto
rindió la espada a mi ruego,
mucho más que a sus contrarios.
Prendiéronle, en fin; Y a mí,
como a ocasión del estrago,
535
viendo que el que queda muerto
era don Diego de Castro,
mi primo, en tu noble casa,
señora, depositaron
mi persona y mis desdichas,
540
donde en un punto me hallo
sin crédito, sin honor,
sin consuelo, sin descanso,
sin aliento, sin alivio,
y finalmente esperando
545
la ejecución de mi muerte
en la sentencia de Carlos.

DOÑA ANA
(Aparte.)
¡Cielos! ¿Qué es esto que escucho?
Al mismo que yo idolatro
es el que quiere Leonor.
550
¡Oh que presto que ha vengado
Amor a don Juan! ¡Ay triste!
-Señora, vuestros cuidados
siento como es justo. -Celia,
lleva esta dama a mi cuarto,
555
mientras yo a mi hermano espero.

CELIA
Venid, señora.

DOÑA LEONOR
Tus pasos
sigo (¡ay de mí!), pues es fuerza
obedecer a los hados.

(Vanse CELIA y DOÑA LEONOR.)

DOÑA ANA
Si de Carlos la gala y bizarría
560
pudo por sí mover a mi cuidado,
¿cómo parecerá, siendo envidiado,
lo que solo por sí bien parecía?
Si sin triunfo rendirle pretendía,
sabiendo que ya vive enamorado
565
¿qué victoria será verle apartado
de quien antes por suyo le tenía?
Pues perdone don Juan, que aunque yo quiera
pagar su amor, que a olvido ya condeno,
¿cómo podré, si ya en mi pena fiera
570
introducen los celos su veneno?
Que es Carlos más galán, y aunque no fuera,
tiene de más galán el ser ajeno.

(Sale DON CARLOS con la espada desnuda, y CASTAÑO.)

DON CARLOS
Señora, si en vuestro amparo
hallan piedad las desdichas,
575
lograd el triunfo mayor
siendo amparo de las mías.
Siguiendo viene mis pasos
no menos que la Justicia,
y como huir de ella es
580
generosa cobardía,
al asilo de esos pies
mi acosado aliento aspira,
aunque si ya perdí el alma,
poco me importa la vida.

CASTAÑO
585
A mí sí me importa mucho;
y así, señora, os suplica
sin medio, que me escondáis
debajo de las basquiñas.

DON CARLOS
¡Calla necio!

CASTAÑO
¿Pues será
590
la primer vez, si lo miras,
esta, que los sacristanes
a los delicuentes libran?

DOÑA ANA
[Aparte.]
Carlos es, ¡válgame el cielo!
La ocasión a la medida
595
del deseo se me viene
de obligar con bizarrías
su amor, sin hacer ultraje
a mi presumpción altiva;
pues amparándome aquí
600
con generosas caricias,
cubriré lo enamorada
con visos de compasiva;
y sin ajar la altivez
que en mi decoro es precisa,
605
podré, sin rendirme yo,
obligarle a que se rinda;
que aunque sé que ama a Leonor,
¿qué voluntad hay tan fina
en los hombres, que si ven
610
que otra ocasión los convida
la dejen por la que quieren?
Pues alto, Amor, ¿qué vacilas,
si de que puede mudarse
tengo el ejemplo en mí misma?
615
-Caballero, las desgracias
suelen del valor ser hijas,
y cebo de las piedades;
y así, si las vuestras libran
en mí su alivio, cobrad
620
la respiración perdida,
y en esta cuadra, que cae
a un jardín, entrad aprisa,
antes que venga un hermano
que tengo, y con la malicia
625
de veros conmigo solo
otro riesgo os aperciba.

DON CARLOS
No quisiera yo, señora,
que el amparo de mi vida
a vos os costara un susto.

CASTAÑO
630
¿Ahora en aqueso miras?
¡Cuerpo de quien me parió!

DOÑA ANA
Nada a mí me desanima.
Venid, que aquí hay una pieza
que nunca mi hermano pisa,
635
por ser en la que se guardan
alhajas que en las visitas
de cumplimiento me sirven,
como son alfombras, sillas
y otras cosas; y además
640
de aqueso, tiene salida
a un jardín, por si algo hubiere;
y porque nada os aflija,
venid y os la mostraré;
pero antes será precisa
645
diligencia el que yo cierre
la puerta, por que advertida
salga en llamando mi hermano.

CASTAÑO
[Aparte de DON CARLOS.]
Señor, ¡qué casa tan rica
y qué dama tan bizarra!
650
¿No hubieras (¡pese a mis tripas,
que claro es que ha de pesarles,
pues se han de quedar vacías!)
enamorado tú a aquesta
y no a aquella pobrecita
655
de Leonor, cuyo caudal
son cuatro bachillerías?

DON CARLOS
¡Vive Dios, villano!

DOÑA ANA
Vamos.
(Aparte.)
Amor, pues que tú me brindas
con la dicha, no le niegues
660
después el logro a la dicha

(Vanse.)
(Salen DON RODRIGO y HERNANDO.)

DON RODRIGO
¿Qué me dices, Hernando?

HERNANDO
Lo que pasa:
que mi señora salió de casa.

DON RODRIGO
¿Y con quién, no has sabido?

HERNANDO
¿Cómo puedo,
si, como sabes tú, todo Toledo
665
y cuantos a él llegaban,
su belleza e ingenio celebraban?
Con lo cual, conocerse no podía
cuál festejo era amor, cuál cortesía;
en que no sé si tú culpado has sido,
670
pues festejarla tanto has permitido,
sin advertir que, aunque era recatada,
es fuerte la ocasión y el verse amada,
y que es fácil que, amante e importuno,
entre los otros le agradase alguno.

DON RODRIGO
675
Hernando no me apures la paciencia
que aqueste ya no es tiempo de advertencia.
¡Oh fiera! ¿Quién diría
de aquella mesurada hipocresía,
de aquel punto y recato que mostraba,
680
que liviandad tan grande se encerraba
en su pecho alevoso?
¡Oh mujeres! ¡Oh monstruo venenoso!
¿Quién en vosotras fía,
si con igual locura y osadía,
685
con la misma medida
se pierde la ignorante y la entendida?
Pensaba yo, hija vil, que tu belleza,
por la incomodidad de mi pobreza,
con tu ingenio sería
690
lo que más alto dote te daría;
y ahora, en lo que has hecho,
conozco que es más daño que provecho;
pues al ser conocida y celebrada
y por nuevo milagro festejada,
695
me sirve, hecha la cuenta,
solo de que se sepa más tu afrenta.
Pero ¿cómo a la queja se abalanza
primero mi valor, que a la venganza?
Pero ¿cómo (¡ay de mí!), si en lo que lloro
700
la afrenta sé y el agresor ignoro?
Y así ofendido, sin saber que me quedo
ni cómo, ni de quién vengarme puedo.

HERNANDO
Señor, aunque no sé con evidencia
quién pudo de Leonor causar la ausencia,
705
por el rumor que había
de los muchos festejos que le hacía,
tengo por caso llano
que la llevó don Pedro de Arellano.

DON RODRIGO
Pues si don Pedro fuera,
710
di ¿qué dificultad hallar pudiera
en que yo por mujer se la entregara
sin que tan grande afrenta me causara?

HERNANDO
Señor, como eran tantos los que amaban
a Leonor, y su mano deseaban,
715
y a ti te la han pedido,
temería no ser el elegido;
que todo enamorado es temeroso,
y nunca juzga que será el dichoso;
y aunque usando tal medio
720
le alabo yo el temor y no el remedio,
sin duda, por quitar la contingencia,
se quiso asegurar con el ausencia.
Y así, señor, si tomas mi consejo
-tú estás cansado y viejo,
725
don Pedro es mozo, rico y alentado,
y, sobre todo, el mal ya está causado-,
pórtate con él cuerdo, cual conviene,
y ofrécele lo mismo que él se tiene:
dile que vuelva a casa a Leonor bella
730
y luego al punto cásale con ella,
y él vendrá en ello, pues no habrá quién huya
lo que ha de resultar en honra suya;
y con lo que te ordeno,
vendrás a hacer antídoto el veneno.

DON RODRIGO
735
¡Oh Hernando! ¿Qué tesoro es tan preciado
un fiel amigo, o un leal crïado?
Buscar a mi ofensor aprisa elijo
por convertirle de enemigo en hijo.

HERNANDO
Sí, señor, que el remedio es bien se aplique
740
antes que el mal que pasa se publique.

(Vanse.)
(Sale DOÑA LEONOR retirándose de DON JUAN.)

DON JUAN
Espera, hermosa homicida.
¿De quién huyes? ¿Quién te agravia?
¿Qué harás de quien te aborrece
si así a quien te adora tratas?
745
Mira que ultrajas huyendo
los mismos triunfos que alcanzas,
pues siendo el vencido yo
tú me vuelves las espaldas,
y que haces que se ejerciten
750
dos acciones encontradas:
tú, huyendo de quien te quiere;
yo, siguiendo a quien me mata.

DOÑA LEONOR
Caballero, o lo que sois,
si apenas en esta casa
755
-que aún su dueño ignoro- acabo
de poner la infeliz planta,
¿cómo queréis que yo pueda
escuchar vuestras palabras,
si de ellas entiendo solo
760
el asombro que me causan?
Y así, si como sospecho
me juzgáis otra, os engaña
vuestra pasión. Deteneos
y conoced, más cobrada
765
la atención, que no soy yo
la que vos buscáis.

DON JUAN
¡Ah ingrata!
Solo eso falta, que finjas,
para no escuchar mis ansias,
como que mi amor tuviera
770
condición tan poco hidalga,
que en escuchar mis lamentos
tu decoro peligrara.
Pues bien para asegurarte,
las experiencias pasadas
775
bastaban, de nuestro amor,
en que viste veces tantas
que las olas de mi amor,
cuando más crespas llegaban
a querer con los deseos
780
de amor anegar la playa,
era margen tu respeto
al mar de mis esperanzas.

DOÑA LEONOR
Ya he dicho que no soy yo,
caballero, y esto basta.
785
Idos, y yo llamaré
a quien oyendo esas ansias
las premie por verdaderas
o las castigue por falsas.

DON JUAN
Escucha.

DOÑA LEONOR
No tengo qué.

DON JUAN
790
¡Pues vive el cielo, tirana,
que forzada me has de oír
si no quieres voluntaria,
y ha de escucharme grosero
quien de lo atento se cansa!

(Cógela de un brazo.)

DOÑA LEONOR
795
¿Qué es esto? ¡Cielos, valedme!

DON JUAN
En vano a los cielos llamas,
que mal puede hallar piedad
quien siempre piedad le falta.

DOÑA LEONOR
¡Ay de mí! ¿No hay quién socorra
mi inocencia?

(Salen DON CARLOS y DOÑA ANA deteniéndole.)

DOÑA ANA
800
Tente, aguarda,
que yo veré lo que ha sido,
sin que tú al peligro salgas
si es que mi hermano ha venido.

DON CARLOS
Señora, esta voz el alma
805
me ha atravesado, perdona.

DOÑA ANA
[Aparte.]
La puerta tengo cerrada;
y así, de no ser mi hermano
segura estoy; mas me causa
inquietud el que no sea
810
que Carlos halle a su dama;
pero si ella está en mi cuarto
y Celia fue a acompañarla,
¿qué ruido puede ser este?
Y a escuras toda la cuadra
está. -¿Quién va?

DON CARLOS
815
Yo, señora;
¿qué me preguntas?

DON JUAN
Doña Ana,
mi bien, señora, ¿por qué
con tanto rigor me tratas?
¿Estas eran las promesas,
820
estas eran las palabras
que me distes en Madrid
para alentar mi esperanza?
Si obediente a tus preceptos,
de tus rayos salamandra,
825
girasol de tu semblante,
Clicie de tus luces claras,
dejé, sólo por servirte,
el regalo de mi casa,
el respeto de mi padre
830
y el cariño de mi patria;
si tú, si no de amorosa,
de atenta y de cortesana,
diste con tácito agrado
a entender lo que bastaba
835
para que supiese yo
que era ofrenda mi esperanza
admitida en el sagrado
sacrificio de tus aras,
¿cómo ahora tan esquiva
840
con tanto rigor me tratas?

DOÑA ANA
(Aparte.)
¿Qué es esto que escucho, cielos?
¿No es éste don Juan de Vargas,
que mi ingratitud condena
y sus finezas ensalza?
845
¿Pues quién aquí le ha traído?

DON CARLOS
Señora, escucha.

(Llega DON CARLOS a DOÑA LEONOR.)

DOÑA LEONOR
Hombre, aparta;
ya te he dicho que me dejes.

DON CARLOS
Escucha, hermosa doña Ana,
mira que don Carlos soy,
850
a quien tu piedad ampara.

DOÑA LEONOR
[Aparte.]
Don Carlos ha dicho. ¡Cielos!,
y hasta en el habla jurara
que es don Carlos; y es que como
tengo a Carlos en el alma,
855
todos Carlos me parecen,
cuando él (¡ay, prenda adorada!)
en la prisión estará.

DON CARLOS
¡Señora!

DOÑA LEONOR
Apartad, que basta
deciros que me dejéis.

DON CARLOS
860
Si acaso estáis enojada
porque hasta aquí os he seguido,
perdonad, pues fue la causa
solamente el evitar
si algún daño os amenaza.

DOÑA LEONOR
865
[Aparte.]
¡Válgame Dios, lo que a Carlos
parece!

DON JUAN
¿Qué, en fin, ingrata,
con tal rigor me [desprecias]?

(Sale CELIA con luz.)

CELIA
A ver si está aquí mi ama,
para sacar a don Juan
870
que oculto dejé en su cuadra,
vengo; mas ¿qué es lo que veo?

DOÑA LEONOR
[Aparte.]
¿Qué es esto? ¡El cielo me valga!
¿Carlos no es este que miro?

DON CARLOS
[Aparte.]
¿Esta es Leonor, o me engaña
la aprenhensión?

DOÑA ANA
875
[Aparte.]
¿Don Juan aquí?
Aliento y vida me falta.

DON JUAN
[Aparte.]
¿Aquí don Carlos de Olmedo?
Sin duda que de doña Ana
es amante, y que por él,
880
aleve, inconstante y falsa
me trata a mí con desdén.

DOÑA LEONOR
[Aparte.]
¡Cielos! ¿En aquesta casa
Carlos, cuando amante yo
en la prisión le lloraba?
885
¿En una cuadra escondido,
y a mí, pensando que hablaba
con otra, decirme amores?
Sin duda, que de esta dama
es amante. Pero ¿cómo
890
(¡si es ilusión lo que pasa
por mí!) si a él llevaron preso
y quedé depositada?
Yo toda soy un abismo
de penas.

DON JUAN
¡Fácil, liviana!
895
¿Estos eran los desdenes?
¿Tener dentro de tu casa
oculto un hombre? ¡Ay de mí!
¿Por esto me desdeñabas?
¡Pues, vive el Cielo, traidora,
900
que pues no puede mi saña
vengar en ti mi desprecio,
porque aquella ley tirana
del respeto a las mujeres
de mis rigores te salva,
905
me he de vengar en tu amante!

DOÑA ANA
¡Dentente, don Juan, aguarda!

DON CARLOS
[Aparte.]
Son tantas las confusiones
en que mi pecho batalla,
que en su varia confusión
910
el discurso se embaraza,
y por discurrirlo todo
acierto a discurrir nada.
¿Aquí Leonor? ¡Cielos! ¿Cómo?

DOÑA ANA
¡Detente!

DON JUAN
¡Aparta, tirana,
915
que a tu amante he de dar muerte!

CELIA
Señora, mi señor llama.

DOÑA ANA
¿Qué dices, Celia? ¡Ay de mí!
-Caballeros, si mi fama
os mueve, débaos [ahora]
920
el ver que no soy culpada
aquí en la entrada de alguno.
A esconderos, que palabra
os doy de daros lugar
de que averigüéis mañana
925
la causa de vuestras dudas;
pues si aquí mi hermano os halla,
mi vida y honor peligra.

DON CARLOS
En mí bien asegurada
está la obediencia, puesto
930
que debo estar a tus plantas
como a amparo de mi vida.

DON JUAN
Y en mí, que no quiero, ingrata,
aunque ofendido me tienes,
cuando eres tú quién lo manda,
935
que a otro, porque te obedece,
le quedes más obligada.

DOÑA ANA
Yo os estimo la atención.
-Celia, tú en distintas cuadras
oculta a los dos, supuesto
940
que no es posible que salga,
hasta la mañana, alguno.

CELIA
Ya poco término falta.
-Don Juan, conmigo venid.
-Tú, señora, a ese fantasma
945
éntrala donde quisieres.

(Vanse CELIA y DON JUAN.)

DOÑA ANA
Caballero, en esa cuadra
os entrad.

DON CARLOS
Ya te obedezco.
¡Oh, quiera el cielo que salga
de tan grande confusión!

(Vase.)

DOÑA ANA
950
Leonor, también retirada
puedes estar.

DOÑA LEONOR
Yo, señora,
aunque no me lo mandaras
me ocultara mi vergüenza.

(Vase.)

DOÑA ANA
¿Quién vio confusiones tantas
955
como en el breve discurso
de tan pocas horas pasan?
¡Apenas estoy en mí!

(Sale CELIA.)

CELIA
Señora, ya en mi posada
está. ¿Qué quieres ahora?

DOÑA ANA
960
A abrir a mi hermano baja,
que es lo que ahora importa, Celia.

CELIA
[Aparte.]
Ella está tan asustada
que se olvida de saber
cómo entró don Juan en casa;
965
mas ya pasado el aprieto,
no faltará una patraña
que decir, y echar la culpa
a alguna de las crïadas,
que es cierto que donde hay muchas
970
se peca de confianza,
pues unas a otras se culpan
y unas por otras se salvan.

(Vase.)

DOÑA ANA
¡Cielos, en qué empeño estoy!
De Carlos enamorada,
975
perseguida de don Juan,
con mi enemiga en mi casa,
con crïadas, que me venden,
y mi hermano, que me guarda.
Pero él llega; disimulo.

(Sale DON PEDRO.)

DON PEDRO
980
Señora, querida hermana,
¡qué bien tu amor se conoce,
y qué bien mi afecto pagas,
pues te halló despierta el sol,
y te ve vestida el alba!
985
¿Dónde tienes a Leonor?

DOÑA ANA
En mi cuadra, retirada
mandé que estuviese, en tanto,
hermano, que tú llegabas.
Mas ¿cómo tan tarde vienes?

DON PEDRO
990
Porque al salir de su casa
la conoció un deudo suyo,
a quien con una estocada
dejó Carlos casi muerto;
y yo, viendo alborotada
995
la calle, aunque no sabían
quién era y quién la llevaba,
para que aquel alboroto
no declarara la causa,
hice que, de los crïados,
1000
dos al herido cargaran,
como de piedad movido,
hasta llevarle a su casa,
mientras otros a Leonor,
y a Carlos preso, llevaban
1005
para entregártela a ti;
y hasta dejar sosegada
la calle, venir no quise.

DOÑA ANA
Fue atención muy bien lograda,
pues escusaste mil riesgos
1010
sólo con esa tardanza.

DON PEDRO
Eres en todo discreta;
y pues Leonor sosegada
está, si a ti te parece,
no será bien inquietarla,
1015
que para que oiga mis penas,
teniéndola yo en mi casa,
sobrado tiempo me queda;
que no es amante el que trata
primero de sus alivios
1020
que no del bien de su dama;
y también para que tú
te recojas, que ya basta
por aliviar mis desvelos,
la mala vida que pasas.

DOÑA ANA
1025
Hermano, yo por servirte
muchos más riesgos pasara,
pues somos los dos tan uno
y tan como proprias trata
tus penas el alma, que
1030
imagino al contemplarlas
que tu desvelo y el mío
nacen de una misma causa.

DON PEDRO
De tu fineza lo creo.

DOÑA ANA
[Aparte.]
Si entendieras mis palabras...

DON PEDRO
1035
Vámonos a recoger,
si es que quien ama descansa.

DOÑA ANA
[Aparte.]
Voy a sosegarme un poco,
si es que sosiega quien ama.

DON PEDRO
[Aparte.]
Amor, si industrias alientas,
1040
anima mis esperanzas.

DOÑA ANA
[Aparte.]
Amor, si tú eres cautelas,
a mis cautelas ampara.

(Vanse.)

Letra

Bellísima María,
a cuyo Sol radiante,
del otro sol se ocultan
los rayos materiales;
5
tú, que con dos celestes
divinos luminares,
árbitro de las luces,
las cierras, o las abres;
que, porque de ser soles
10
la virtud no les falte,
engendran de tu pelo
los ricos minerales,
cuyo Ofir proceloso,
al arbitrio del aire,
15
forma en ricas tormentas
doradas tempestades,
sin permitir lo negro:
que no era bien se hallasen,
entre copia de luces,
20
sobra de obscuridades
dejando a la hermosura
plebeya el azabache,
que es lucir con lo opuesto
de mendigas deidades;
25
y al adornar tu frente,
se mira coronarse
con arreboles de oro
montaña de diamante,
pues dándoles la nieve
30
transparentes pasajes,
lo cándido acredita,
mas desmiente lo frágil...
En fin, Lysi divina,
perdona si, ignorante,
35
a un mar de perfecciones
me engolfé en leño frágil.
Y pues para tu aplauso
nunca hay voces capaces,
tú te alaba, pues sola
40
es razón que te alabes.

Sainete primero de Palacio

INTERLOCUTORES

EL AMOR
EL RESPETO
EL OBSEQUIO
LA FINEZA
LA ESPERANZA
UN ALCALDE

Sale el ALCALDE cantando.

ALCALDE
Alcalde soy del terreno,
y quiero en esta ocasión,
de los entes de Palacio
hacer [entes] de razón.
5
Metafísica es del gusto
sacarlos a plaza hoy,
que aquí los mejores entes
los metafísicos son.
Vayan saliendo a la plaza,
10
porque aunque invisibles son,
han de parecer reales,
aunque le pese a Platón.
Del desprecio de las damas,
plenipotenciario soy;
15
y del favor no, porque
en Palacio no hay favor.
El desprecio es aquí el premio,
y aun eso cuesta sudor;
pues no lo merece sino
20
el que no lo mereció.
¡Salgan los entes, salgan,
que se hace tarde,
y en Palacio se usa
que espere nadie!

(Sale el AMOR, cubierto.)

AMOR
25
Yo, señor Alcalde, salgo
a ver si merezco el premio.

ALCALDE
¿Y quién sois?

AMOR
Soy el Amor.

ALCALDE
¿Y por qué venís cubierto?

AMOR
Porque, aunque en Palacio asisto,
soy delincuente.

ALCALDE
30
Si hay eso,
¿por qué venís a Palacio?

AMOR
Porque me es preciso hacerlo;
y tuviera mayor culpa,
a no tener la que tengo.

ALCALDE
¿Cómo así?

AMOR
35
Porque en Palacio,
quien no es amante, es grosero;
y escoger el menor quise,
entre dos precisos yerros.

ALCALDE
¿Y por eso pretendéis
el premio?

AMOR
Sí.

ALCALDE
40
¡Majadero!
¿Quién os dijo que el Amor
es digno ni aun del desprecio?
(Canta:)
¡Andad, andad adentro;
que el que pretende,
45
dice que es el desprecio,
y el favor quiere!

(Vase el AMOR, y sale el OBSEQUIO.)

OBSEQUIO
Señor Alcalde, de mí
no se podrá decir eso.

ALCALDE
¿Quién sois?

OBSEQUIO
El Obsequio soy,
50
debido en el galanteo
de las damas de Palacio.

ALCALDE
Bien ¿y por qué queréis premio,
si decís que sois debido?
¡Por cierto, sí, que es muy bueno
55
que lo que nos debéis vos,
queréis que acá lo paguemos!
(Canta:)
¡Andad, andad adentro;
porque las damas
llegan hasta las deudas,
60
no hasta las pagas!

(Vase el OBSEQUIO, y sale el RESPETO.)

RESPETO
Yo, que soy el más bien visto
ente de Palacio, vengo
a que me premiéis, señor.

ALCALDE
¿Y quién sois?

RESPETO
Soy el Respeto.

ALCALDE
65
Pues yo no os puedo premiar.

RESPETO
¿Por qué no?

ALCALDE
Porque si os premio,
será vuestra perdición.

RESPETO
¿Cómo así?

ALCALDE
Porque lo esempto
de las deidades no admite
70
pretensión; y el pretenderlo
y conseguirlo, será
perdérseles el respeto.
(Canta:)
¡Andad, andad adentro,
que no es muy bueno
75
el Respeto que mira
varios respetos!

(Vase el RESPETO, y sale la FINEZA.)

FINEZA
Yo, señor, [de todos], sola
soy quien el premio merezco.

ALCALDE
¿Quién sois?

FINEZA
La Fineza soy;
80
ved si con razón pretendo.

ALCALDE
¿Y en qué el merecer fundáis?

FINEZA
¿En qué? En lo fino, lo atento,
en lo humilde, en lo obsequioso,
en el cuidado, el desvelo,
85
y en amar por solo amar.

ALCALDE
Vos mentís en lo propuesto:
que si amarais por amar,
aun siendo el premio el desprecio,
no lo quisierais, siquiera
90
por tener nombre de premio.
Demás de que yo conozco,
y en las señas os lo veo,
que no sois vos la Fineza.

FINEZA
¿Pues qué tengo de no serlo?

ALCALDE
95
Vení acá. ¿Vos no decís
que sois la Fineza?

FINEZA
Es cierto.

ALCALDE
¿Veis ahí cómo no lo sois?

FINEZA
¿Pues en qué tengo de verlo?

ALCALDE
¿En qué? En que vos lo decís;
100
y el amante verdadero
ha de tener de lo amado
tan soberano concepto,
que ha de pensar que no alcanza
su amor al merecimiento
105
de la beldad a quien sirve;
y aunque la ame con estremo,
ha de pensar siempre que es
su amor, menor que el objeto,
y confesar que no paga
110
con todos los rendimientos;
que lo fino del amor
está en no mostrar el serlo.
(Canta:)
¡Andad, andad adentro;
que la Fineza
115
mayor es, de un amante,
no conocerla!

(Vase la FINEZA, y sale la ESPERANZA, tapada.)

ESPERANZA
El haber, señor Alcalde,
sabido que es el propuesto
premio el desprecio, me ha dado
120
ánimo de pretenderlo.

ALCALDE
Decid quién sois, y veré
si lo merecéis.

ESPERANZA
No puedo;
que me hicierais desterrar,
si llegarais a saberlo.

ALCALDE
125
Pues, ¿y cómo puedo yo
premiaros sin conoceros?

ESPERANZA
¿Pues para aqueso no basta
el saber que lo merezco?

ALCALDE
Pues si yo no sé quién sois,
130
ni siquiera lo sospecho,
¿de dónde puedo inferir
yo vuestro merecimiento?
Y así, perded el temor,
que os encubre, del destierro
135
que, aunque tengáis mil delitos,
por esta vez os dispenso;
y descubríos.

ESPERANZA
La Esperanza
soy.

ALCALDE
¡Qué grande atrevimiento!
¿Una villana en Palacio?

ESPERANZA
140
Sí, ¿pues qué os espantáis de eso
si siempre vivo en Palacio,
aunque con nombre supuesto?

ALCALDE
¿Y cuál es?

ESPERANZA
Desconfianza
me llamo entre los discretos,
145
y soy Desconfianza fuera
y Esperanza por de dentro;
y así, oyendo pregonar
el premio, a llevarle vengo:
que la Esperanza en Palacio
150
sólo es digna del desprecio.

ALCALDE
Mientes: que el desprecio toma
algún género de cuerpo
en la boca de las damas,
y al decirlo, por lo menos
155
se le detiene en los labios,
y se le va con los ecos;
y esto basta para hacerse
mucho aprecio del desprecio,
y sobra para que sea
160
premio para los discretos;
que no es razón que a una dama
le costara tanto un necio.
(Canta.)
¡Andad, andad adentro;
que la Esperanza,
165
por más que disimule,
siempre es villana!
Y pues se han acabado
todos los entes,
sin que ninguno el premio
170
propuesto lleve,
sépase que en las damas,
aun los desdenes,
aunque tal vez se alcanzan,
no se merecen.
175
Y así, los entes salgan,
porque confiesen
que no merece el premio
quien lo pretende.

(Salen los Entes, y cada uno canta su copla.)

AMOR
Verdad es lo que dices;
180
pues aunque amo,
el Amor no es obsequio,
mas no contrato.

OBSEQUIO
Ni tampoco el Obsequio;
porque en Palacio,
185
con que servir lo dejen,
queda pagado.

RESPETO
Ni tampoco el Respeto
algo merece;
que a ninguno le pagan
190
lo que se debe.

FINEZA
La Fineza tampoco;
porque, bien visto,
no halla en lo obligatorio
lugar lo fino.

ESPERANZA
195
Yo, pues nada merezco
siendo Esperanza,
de hoy más llamarme quiero
Desesperada.

ALCALDE
Pues sepan, que en Palacio,
200
los que asisten,
aun los mismos desprecios
son imposibles.


Jornada II

Salen DON CARLOS y CASTAÑO.

DON CARLOS
Castaño, yo estoy sin mí.

CASTAÑO
Y yo, que en todo te sigo,
1045
tan solo he estado conmigo
aquel rato que dormí.

DON CARLOS
¿Sabes lo que me ha pasado?
Mas juzgo que sueño fue.

CASTAÑO
Si es sueño muy bien lo sé;
1050
y yo también he soñado
y dormido como dama,
pues los vestidos, señor,
que me dio al salir Leonor,
son quien me sirvió de cama.

DON CARLOS
1055
¿Galas suyas a llevarlas
anoche Leonor te dio?

CASTAÑO
Sí, señor sí las lïó.
¿no era preciso lïarlas?

DON CARLOS
¿Dónde las tienes?

CASTAÑO
Allí,
1060
y en cama quiero rompellas,
que pues [yo] las cargué a ellas,
ellas me carguen a mí.

DON CARLOS
Yo he visto (¡pierdo el sentido!)
en esta casa a Leonor.

CASTAÑO
1065
Aqueso será, señor,
que quien bueyes ha perdido...,
y así tú, que en tus amores
te desvanece el furor,
como has perdido a Leonor,
1070
se te aparecen Leonores.
Mas dime qué te pasó
con aquella dama bella,
que así Dios se duela de ella
como de mí se dolió;
1075
porque viendo que contigo
empezaba a discurrir,
me traté yo de dormir
por escusar un testigo.

DON CARLOS
Castaño, aquesa es malicia;
1080
pero lo que pasó fue
que, como sabes, entré
huyendo de la Justicia;
que ella atenta y cortesana
ampararme prometió,
1085
y en esta cuadra me entró
y me dijo que era hermana
de don Pedro de Arellano,
y que aquí oculto estaría,
porque si acaso venía
1090
no me encontrara su hermano;
y con tanta bizarría
me hizo una y otra promesa,
que con ser tal su belleza
es mayor su cortesía
1095
y, discreta y lisonjera,
alabándome, añadió
cosas que, a ser vano yo,
a otro efecto atribuyera.
Pero son quimeras vanas
1100
de jóvenes, y altiveces,
que en mirándolas corteses
luego las juzgan livianas;
y sus malicias erradas
en su mismo mal contentas,
1105
si no las ven desatentas
no las tienen por honradas;
y a un pensar tan desigual
y [aun] no indigno desdén,
nunca ellas obran más bien
1110
que cuando [los] tratan mal,
pues al que se desvanece
con cualquiera presumpción,
le hace daño la atención,
y es porque no la merece.
1115
Pero, volviendo al suceso
de lo que a mí me pasó,
ella me favoreció,
Castaño, con grande exceso.
Yo mi historia le conté,
1120
y ella con discreto modo
quedó de ajustarlo todo
con tal que yo aquí me esté,
diciendo que no me diese
cuidado, que ella lo hacía
1125
por el riesgo que tenía
si yo en público saliese:
condición, para mí, que
imposible hubiera sido,
a no haberme sucedido
1130
lo que ahora te diré.
Estando de esta manera,
oímos, al parecer,
dar voces una mujer
en otra cuadra de afuera;
1135
y aunque doña Ana impedir
que yo saliese quería,
venciéndola mi porfía
por fuerza hube de salir.
Sacó una luz al rumor
1140
una crïada, y con ella
conocer a Leonor bella
pude.

CASTAÑO
¿A quién?

DON CARLOS
A mi Leonor.

CASTAÑO
¿A Leonor? ¿Haslo soñado?
¿Hay, tan grande bobería?
1145
Yo por loco te tenía,
pero no tan declarado.
De oírlo solo me espanto.
Señor, vete poco a poco;
mira, muy bueno es ser loco,
1150
mas no es bueno serlo tanto.
La locura es conveniente
por las entradas de mes,
como luna, un si es no es,
cuanto ayude a ser valiente;
1155
mas no, señor, de manera
que oyendo esos desatinos
te me atisben los vecinos
porque saben la tronera.

DON CARLOS
Pícaro, si no estuviera
donde estoy...

CASTAÑO
1160
Tente, señor;
que yo también vi a Leonor.

DON CARLOS
¿Adónde?

CASTAÑO
En tu faltriquera,
pintada con mil primores.
Y que era viva entendí,
1165
porque luego que la vi
le salieron los colores;
y aunque de razón escasa
no me resolvió la duda,
yo pensé, viéndola muda,
1170
que estaba puesta la pasa.

DON CARLOS
¡Qué frionera!

CASTAÑO
¿Qué te enfadas
si viva me pareció?
Algunas he visto yo
que están vivas y pintadas.

DON CARLOS
1175
Si en belleza es sol Leonor,
¿para qué afeites quería?

CASTAÑO
Pues si es sol, ¿cómo podía
estar sin el resplandor?
Mas si a Leonor viste, di,
1180
¿qué determinas hacer?

DON CARLOS
Quiero esperar hasta ver
qué causa la trajo aquí;
pues si piadosa mi estrella
aquí la dejó venir,
1185
¿adónde tengo de ir
si aquí me la dejo a ella?
Y así, es mejor esperar
de todo resolución,
para ver si hay ocasión
1190
de volvérmela a llevar.

CASTAÑO
Bien dices; mas hacia acá,
señor, viene enderezada
una, al parecer crïada
de esta casa.

DON CARLOS
¿Qué querrá?

(Sale CELIA.)

CELIA
1195
Caballero, mi señora
os ordena que al jardín
os retiréis luego, a fin
de que ha de salir ahora
a esta cuadra mi señor,
1200
y no será bien que os vea.
(Aparte.)
Aquesto es porque no sea
que él desde aquí vea a Leonor.

DON CARLOS
Decidle que mi obediencia
le responde.

(Vase.)

CELIA
Vuelvo a irme.

CASTAÑO
1205
Oye vuesté, ¿y querrá oírme?

CELIA
¿Qué he de oír?

CASTAÑO
De penitencia.

CELIA
Por cierto, lindos cuidados
se tiene el muy socarrón.

CASTAÑO
Pues digo, ¿no es confesión
1210
el decirle mis pecados?

CELIA
No a mi afecto se abalance,
que son lances escusados.

CASTAÑO
Si nos tienes encerrados,
¿no te he de querer de lance?

CELIA
1215
Ya he dicho que no me quiera.

CASTAÑO
Pues ¿qué quiere tu rigor,
si de mi encierro y tu amor
no me puedo hacer afuera?
Mas ¿siendo criada te engríes?

CELIA
1220
¿Criada a mí el muy estropajo?

CASTAÑO
Calla, que aqueste agasajo
es porque no te descríes.

CELIA
Yo me voy, que es fuerza, y luego
si no es juego volveré.

CASTAÑO
1225
Juego es; mas bien sabe usté
que tiene vueltas el juego.

(Salen DOÑA LEONOR y DOÑA ANA.)

DOÑA ANA
¿Cómo la noche has pasado,
Leonor?

DOÑA LEONOR
Decirte, señora,
que no me lo preguntaras
quisiera.

DOÑA ANA
¿Por qué?
1230
(Aparte.)
¡Ah penosa
atención, que me precisas
a agradar a quien me enoja!

DOÑA LEONOR
Porque si me lo preguntas,
es fuerza que te responda
1235
que lo pasé bien o mal,
y en cualquiera de estas cosas
encuentro un inconveniente;
pues mis penas y tus honras
están mal avenidas,
1240
que si te respondo ahora
que mal, será grosería,
y que bien, será lisonja.

DOÑA ANA
Leonor, tu ingenio y tu cara
el uno a otro se malogra
1245
que quien es tan entendida
es lástima que sea hermosa.

DOÑA LEONOR
Como tú estás tan segura
de que aventajas a todas
las hermosuras, te muestras
1250
fácilmente cariñosa
en alabarlas, porque
quien no compite no estorba.

DOÑA ANA
Leonor, y de tus cuidados
¿cómo estás?

DOÑA LEONOR
Como quien toca,
1255
náufrago entre la borrasca
de las olas procelosas,
ya con la quilla el abismo,
y ya el cielo con la popa.
(Aparte.)
¿Cómo le preguntaré
1260
-pero está el alma medrosa-
a qué vino anoche Carlos?
Mas ¿qué temo, si me ahoga,
después de tantos tormentos,
de los celos la ponzoña?

DOÑA ANA
1265
Leonor, ¿en qué te suspendes?

DOÑA LEONOR
Quisiera saber, perdona,
que pues ya mi amor te dije,
fuera cautela notoria
querer no mostrar cuidado
1270
de aquello que tú no ignoras
que es preciso que le tenga;
y así pregunto, señora,
pues sabes ya que yo quiero
a Carlos y que su esposa
1275
soy: ¿cómo entró anoche aquí?

DOÑA ANA
Deja que no te responda
a esta pregunta tan presto.

DOÑA LEONOR
¿Por qué?

DOÑA ANA
Porque quiero ahora
que te diviertas oyendo
cantar.

DOÑA LEONOR
1280
Mejor mis congojas
se divirtieran sabiendo
esto, que es lo que me importa;
y así...

DOÑA ANA
Con decirte que
fue una contingencia sola,
1285
te respondo; mas mi hermano
viene.

DOÑA LEONOR
Pues que yo me esconda
será preciso.

DOÑA ANA
Antes no,
que ya yo de tu persona
le di cuenta, porque pueda
1290
aliviarte en tus congojas;
que al fin los hombres mejor
diligencian estas cosas,
que nosotras.

DOÑA LEONOR
Dices bien;
mas no sé qué me alborota.
1295
Mas ¡cielos! ¿Qué es lo que miro?
¿Este es tu hermano, señora?

DON PEDRO
Yo soy, hermosa Leonor,
¿qué os admira?

DOÑA LEONOR
[Aparte.]
¡Ay de mí! Toda
soy de mármol. ¡Ah, Fortuna,
1300
que así mis males dispongas,
que a la casa de don Pedro
me traigas!

DON PEDRO
Leonor hermosa,
segura estáis en mi casa;
porque aunque sea a la costa
1305
de mil vidas, de mil almas,
sabré librar vuestra honra
del riesgo que os amenaza.

DOÑA LEONOR
Vuestra atención generosa
estimo, señor don Pedro.

DON PEDRO
1310
Señora, ya que las olas
de vuestra airada fortuna
en esta playa os arrojan,
no habéis de decir que en ella
os falta quien os socorra.
1315
Yo, señora, he sido vuestro,
y aunque siempre desdeñosa
me habéis tratado, el desdén
más mi fineza acrisola,
que es muy garboso desaire
1320
el ser fino a toda costa.
Ya en mi casa estáis, y así
solo tratamos ahora
de agradaros y serviros,
pues sois dueño de ella toda.
1325
Divierte a Leonor, hermana.

DOÑA ANA
¡Celia!

CELIA
¿Qué mandáis, señora?

DOÑA ANA
Di a Clori y Laura que canten.
(Aparte.)
Y tú, pues ya será hora
de lo que tengo dispuesto
1330
porque mi industria engañosa
se logre, saca a don Carlos
a aquesa reja, de forma
que nos mire y que no todo
lo que conferimos oiga.
1335
De este modo lograré
el que la pasión celosa
empiece a entrar en su pecho;
que aunque los celos blasonan
de que avivan el amor,
1340
es su operación muy otra
en quien se ve como dama,
o se mira como esposa,
pues en la esposa despecha
lo que en la dama enamora.
1345
¿No vas a decir que canten?

CELIA
Voy a decir ambas cosas.

DON PEDRO
Mas con todo, Leonor bella,
dadme licencia que rompa
las leyes de mi silencio
1350
con mis quejas amorosas,
que no siente los cordeles
quien el dolor no pregona.
¿Qué defecto en mi amor visteis
que siempre tan desdeñosa
1355
me tratasteis? ¿Era ofensa
mi adoración decorosa?
Y si amaros fue delito,
¿cómo otro la dicha goza,
e igualándonos la culpa
1360
la pena no nos conforma?
¿Cómo, si es ley el desdén
en vuestra beldad, forzosa,
en mí la ley se ejecuta
y en el otro se deroga?
1365
¿Qué tuvo para con vos
su pasión de más airosa,
de más bien vista su pena,
que siendo una misma cosa,
en mí os pareció culpable
1370
y en el otro meritoria?
Si él os pareció más digno,
¿no supliera en mi persona
lo que de galán me falta
lo que de amante me sobra?
1375
Mas sin duda mi fineza
es quien el premio me estorba,
que es quien la merece menos
quien siempre la dicha logra;
mas si yo os he de adorar
1380
eternamente, ¿qué importa
que vos me neguéis el premio,
pues es fuerza que conozca
que me concedéis de fino
lo que os negáis de piadosa?

DOÑA LEONOR
1385
Permitid, señor don Pedro,
ya que me hacéis tantas honras,
que os suplique, por quien sois,
me hagáis la mayor de todas;
y sea que ya me veis
1390
que la fortuna me postra
no apuréis más mi dolor,
pues me basta a mí por soga
el cordel de mi vergüenza
y el peso de mis congojas.
1395
Y puesto que en el estado
que veis que tienen mis cosas,
tratarme de vuestro amor
es una acción tan impropia,
que ni es bien decirlo vos
1400
ni justo que yo lo oiga,
os suplico que calléis;
y si es venganza que toma
vuestro amor de mi desdén,
elegidla de otra forma,
1405
que para que estéis vengado
hay en mí penas que sobran.

(Hablan aparte, y salen a una reja DON CARLOS, CELIA y CASTAÑO.)

CELIA
Hasta aquí podéis salir,
que aunque mandó mi señora
que os retirarais, yo quiero
1410
haceros esta lisonja
de que desde aquesta reja
oigáis una primorosa
música que a cierta dama,
a quien mi señora adora,
1415
ha dispuesto. Aquí os quedad.

CASTAÑO
Oiga usted.

CELIA
No puedo ahora.

(Vase y sale por el otro lado.)

CASTAÑO
Fuese y cerronos la puerta
y dejonos como monjas
en reja, y sólo nos falta
1420
una escucha que nos oiga.
(Llega y mira.)
Pero, señor, ¡vive Dios!
que es cosa muy pegajosa
tu locura, pues a mí
se me ha pegado.

DON CARLOS
¿En qué forma?

CASTAÑO
1425
En que escucho los cencerros,
y aun los cuernos se me antojan
de los bueyes que perdimos.

(Llega DON CARLOS.)

DON CARLOS
¡Qué miro! ¡Amor me socorra!
¡Leonor, doña Ana y don Pedro
1430
son! ¿Ves cómo no fue cosa
de ilusión el que aquí estaba?

CASTAÑO
¿Y de que esté no te enojas?

DON CARLOS
No, hasta saber cómo vino;
que si yo en la casa propria
1435
estoy sin estar culpado,
¿cómo quieres que suponga
culpa en Leonor? Antes juzgo
que la fortuna piadosa
la condujo adonde estoy.

CASTAÑO
1440
Muy reposado enamoras,
pues no sueles ser tan cuerdo;
mas, si hallado golpe en bola
la ocasión, el tal don Pedro
la cogiese por la cola,
1445
¿estaríamos muy buenos?

DON CARLOS
Calla, Castaño, la boca,
que es muy bajo quien sin causa,
de la dama a quien adora,
se da a entender que [le] ofende,
1450
pues en su aprensión celosa
¿qué mucho que a ella le agravie
cuando él a sí se deshonra?
Mas escucha, que ya templan.

DOÑA ANA
Cantad, pues.

CELIA
Vaya de solfa.

MÚSICA
1455
¿Cuál es la pena más grave
que en las penas de amor cabe?

VOZ 1.ª
El carecer del favor
será la pena mayor,
puesto que es el mayor mal.

CORO 1.º
No es tal.

VOZ 1.ª
1460
Sí es tal.

CORO 2.º
¿Pues cuál es?

VOZ 2.ª
Son los desvelos
a que ocasionan los celos,
que es un dolor sin igual.

CORO 2.º
No es tal.

VOZ 2.ª
Sí es tal.

CORO 1.º
¿Pues cuál es?

VOZ 3.ª
1465
Es la impaciencia
a que ocasiona la ausencia
que es un letargo mortal.

CORO 1.º
No es tal.

VOZ 3.ª
Sí es tal.

CORO 2.º
¿Pues cuál es?

VOZ 4.ª
Es el cuidado
1470
con que se goza lo amado,
que nunca es dicha cabal.

CORO 2.º
No es tal.

VOZ 4.ª
Sí es tal.

CORO 1.º
¿Pues cuál es?

VOZ 5.ª
Mayor se infiere
no gozar a quien me quiere
1475
cuando es el amor igual.

CORO 1.º
No es tal.

[VOZ 5.ª]
Sí es tal.

CORO 2.º
Tú que ahora has respondido,
conozco que solo has sido
quien las penas de amor sabe.

CORO 1.º
1480
¿Cuál es la pena más grave
que en las penas de amor cabe?

DON PEDRO
Leonor, la razón primera
de las que han cantado aquí
es más fuerte para mí;
1485
pues si bien se considera
es la pena más severa
que puede dar el amor
la carencia del favor,
que es su término fatal.

DOÑA LEONOR
No es tal.

DON PEDRO
1490
Sí es tal.

DOÑA ANA
Yo, hermano, de otra opinión
soy, pues si se llega a ver,
el mayor mal viene a ser
una celosa pasión;
1495
pues fuera de la razón
de que del bien se carece,
con la envidia se padece
otra pena más mortal.

DOÑA LEONOR
No es tal.

DOÑA ANA
Sí es tal.

DOÑA LEONOR
1500
Aunque se halla mi sentido
para nada, he imaginado
que el carecer de lo amado
en amor correspondido;
pues con juzgarse querido,
1505
cuando del bien se carece,
el ansia de gozar crece
y con ella crece el mal.

DOÑA ANA
No es tal.

DOÑA LEONOR
Sí es tal.

DON CARLOS
¡Ay, Castaño! Yo dijera
1510
que de amor en los desvelos
son el mayor mal los celos,
si a tenerlos me atreviera;
mas pues quiere Amor que muera,
muera de solo temerlos,
1515
sin llegar a padecerlos,
pues este es sobrado mal.

CASTAÑO
No es tal.

DON CARLOS
Sí es tal.

CASTAÑO
Señor, el mayor pesar
con que el amor nos baldona,
1520
es querer una fregona
y no tener qué la dar;
pues si llego a enamorar
corrido y confuso quedo,
pues conseguirlo no puedo
1525
por la falta de caudal.

MÚSICA
No es tal.

CASTAÑO
Sí es tal.

CELIA
El dolor más importuno
que da amor en sus ensayos,
es tener doce lacayos
1530
sin regalarme ninguno,
y tener perpetuo ayuno,
cuando estar harta debiera
esperando costurera
los alivios del dedal.

MÚSICA
No es tal.

CELIA
1535
Sí es tal.

DOÑA ANA
Leonor, si no te divierte
la música, al jardín vamos,
quizá tu fatiga en él
se aliviará.

DOÑA LEONOR
¿Qué descanso
1540
puede tener la que sólo
tiene por alivio el llanto?

DON PEDRO
Vamos, divino imposible.

DOÑA ANA
[Aparte a CELIA.]
Haz, Celia, lo que he mandado,
que yo te mando un vestido
1545
si se nos logra el engaño.

(Vanse DON PEDRO, DOÑA ANA y DOÑA LEONOR.)

CELIA
[Aparte.]
Eso sí es mandar con modo;
aunque esto de «Yo te mando»,
cuando los amos lo dicen,
no viene a hacer mucho al caso,
1550
pues están siempre tan hechos
que si acaso mandan algo,
para dar luego se escusan
y dicen a los crïados
que lo que mandaron no
1555
fue manda, sino mandato.
Pero vaya de tramoya:
yo llego y la puerta abro
que puesto que ya don Juan,
que era mi mayor cuidado,
1560
con la llave que le di
estuvo tan avisado
que sin que yo le sacase
se salió paso entre paso
por la puerta del jardín,
1565
y mi señora ha tragado
que fue otra de las crïadas
quien le dio entrada en su cuarto,
gracias a mi hipocresía
y a unos juramentos falsos
1570
que sobre el caso me eché
con tanto desembarazo,
que ella quedó tan segura
que ahora me ha encomendado
lo que allá dirá el enredo;
yo llego.
1575
-¿Señor don Carlos?

DON CARLOS
¿Qué quieres, Celia? ¡Ay de mí!

CELIA
A ver si habéis escuchado
la música, vine.

DON CARLOS
Sí,
y te estimo el agasajo.
1580
Mas dime, Celia, ¿a qué vino
aquella dama que ha estado
con doña Ana y con don Pedro?

CELIA
Ya picó el pez; largo el trapo.
-Aquella dama, señor...
1585
Mas yo no puedo contarlo
si primero no me dais
la palabra de callarlo.

DON CARLOS
Yo te la doy. ¿A qué vino?

CELIA
Temo, señor, que es pecado
1590
descubrir vidas ajenas;
mas supuesto que tú has dado
en que lo quieres saber
y yo en que no he de contarlo,
vaya, mas sin que lo sepas:
1595
y sabe que aquel milagro
de belleza es una dama
a quien adora mi amo,
y anoche, yo no sé cómo
ni cómo no, entró en su cuarto.
1600
Él la enamora y regala;
con qué fin, yo no lo alcanzo,
ni yo en conciencia pudiera
afirmarte que ello es malo,
que puede ser que la quiera
1605
para ser fraile descalzo.
Y perdona, que no puedo
decir lo que has preguntado,
que esas cosas mejor es
que las sepas de otros labios.

(Vase CELIA.)

DON CARLOS
1610
Castaño, ¿no has oído aquesto?
Cierta es mi muerte y mi agravio.

CASTAÑO
Pues si ella no nos lo ha dicho,
¿cómo puedo yo afirmarlo?

DON CARLOS
¡Cielos! ¿Qué es esto que escucho?
1615
¿Es ilusión, es encanto
lo que ha pasado por mí?
¿Quién soy yo? ¿Dónde me hallo?
¿No soy yo quien de Leonor
la beldad idolatrando,
1620
la solicité tan fino,
la serví tan recatado,
que en premio de mis finezas
conseguí favores tantos;
y, por último, seguro
1625
de alcanzar su blanca mano
y de ser solo el dichoso
entre tantos desdichados,
no salió anoche conmigo,
su casa y padre dejando,
1630
reduciendo a mí la dicha
que solicitaban tantos?
¿No la llevó la justicia?
Pues ¿cómo ¡ay de mí! la hallo
tan sosegada en la casa
1635
de don Pedro de Arellano,
que amante la solicita?
Y yo... Mas ¿cómo no abraso
ante mis [labios], que
pronunciar yo mis agravios?
1640
Mas, cielos ¿Leonor no pudo
venir por algún acaso
a esta casa, sin tener
culpa de lo que ha pasado,
pues prevenirlo no pudo?
1645
¿Y que don Pedro, llevado
de la ocasión de tener
en su poder el milagro
de la perfección, pretenda
como mozo y alentado,
1650
lograr la ocasión felice
que la fortuna le ha dado,
sin que Leonor corresponda
a sus intentos osados?
Bien puede ser que así sea;
1655
¿mas cumplo yo con lo honrado,
consintiendo que a mi dama
la festeje mi contrario
y que, con tanto lugar
como tenerla a su lado,
1660
la enamore y solicite,
y que haya de ser tan bajo
yo que lo mire y lo sepa
y no intente remediarlo?
Eso no, ¡viven los cielos!
1665
Sígueme. Vamos, Castaño,
y saquemos a Leonor
a pesar de todos cuantos
[lo] quisieren defender.

CASTAÑO
Señor, ¿estás dado al diablo?
1670
¿No ves que hay en esta casa
una tropa de lacayos,
que sin que nadie lo sepa
nos darán un sepancuantos,
y andarán descomedidos
1675
por andar muy bien crïados?

DON CARLOS
Cobarde, ¿aqueso me dices?
Aunque vibre el cielo rayos,
aunque iras el cielo esgrima
y el abismo aborte espantos,
1680
me la tengo de llevar.

CASTAÑO
Ahora, ¡sus! Si ha de ser, vamos.
Y luego de aquí a la horca,
que [será] el segundo paso.

(Salen DON RODRIGO y DON JUAN.)

DON RODRIGO
Don Juan, pues vos sois su amigo,
1685
reducidle a la razón,
pues por aquesta ocasión
os quise traer conmigo;
que pues vos sois el testigo
del daño que me causó
1690
cuando a Leonor me llevó,
podréis con desembarazo
hablar en aqueste caso
con más llaneza que yo.
Ya de todo os he informado,
1695
y en un caso tan severo
siempre lo trata el tercero
mejor que no el agraviado.
Que al que es noble y nació honrado,
cuando se le representa
1700
la afrenta, por más que sienta,
le impide, aunque ese es el medio,
la vergüenza del remedio
el remedio de la afrenta.

DON JUAN
Señor don Rodrigo, yo
1705
por la ley de caballero,
os prometo reducir
a vuestro gusto a don Pedro,
a que él juzgo que está llano,
porque tampoco no quiero
1710
vender por fineza mía
a lo que es mérito vuestro.
Y pues, porque no se niegue
no le avisamos, entremos
a la sala...
[Aparte.]
Mas ¿qué miro?
1715
¿Aquí don Carlos de Olmedo,
con quien anoche reñí?
¡Ah, ingrata doña Ana! ¡Ah, fiero
basilisco!

(Sale CELIA.)

CELIA
¡Jesucristo!
Don Juan de Vargas y un viejo,
1720
señor, y te han visto ya.

DON CARLOS
No importa, que nada temo.

DON RODRIGO
Aquí don Carlos está,
y para lo que traemos
que tratar, grande embarazo
será.

CASTAÑO
1725
Señor, reza el credo,
porque estos pienso que vienen
para darnos pan de perro;
pues sin duda que ya saben
que fuisteis quien a don Diego
1730
hirió y se llevó a Leonor.

DON CARLOS
No importa, ya estoy resuelto
a cuanto me sucediere.

DON RODRIGO
Mejor es llegar; yo llego.
Don Carlos: don Juan y yo
1735
cierto negocio traemos
que precisamente ahora
se ha de tratar a don Pedro;
y así, si no es embarazo
a lo que venís, os ruego
1740
nos deis lugar, perdonando
el estorbo, que los viejos
con los mozos, y más cuando
son tan bizarros y atentos
como vos, esta licencia
nos tomamos.

DON CARLOS
1745
(Aparte.)
¡Vive el cielo!,
que aún ignora don Rodrigo
que soy de su agravio el dueño.

DON JUAN
[Aparte.]
No sé, ¡vive el cielo!, cómo,
viendo a don Carlos, contengo
1750
la cólera que me incita.

CELIA
[Aparte a DON CARLOS.]
Don Carlos, pues el empeño
miráis en que está mi ama
si llega su hermano a veros,
que os escondáis os suplico.

DON CARLOS
1755
[Aparte.]
Tiene razón, ¡vive el cielo!,
que si aquí me ve su hermano,
la vida a doña Ana arriesgo,
y habiéndome ella amparado
es infamia; mas ¿qué puedo
1760
hacer yo en aqueste caso?
Ello no hay otro remedio:
ocúltome, que el honor
de doña Ana es lo primero,
y después saldré a vengar
1765
mis agravios y mis celos.

CELIA
[Aparte a DON CARLOS.]
¡Señor, por Dios, que te escondas
antes que salga don Pedro!

DON CARLOS
Señor don Rodrigo, yo
estoy -perdonad si os tengo
1770
vergüenza, que vuestras canas
dignas son de este respeto-,
sin que don Pedro lo sepa,
en su casa; y así, os ruego
que me dejéis ocultar
1775
antes que él salga, que el riesgo
que un honor puede correr
me obliga.

DON JUAN
[Aparte.]
¡Que esto consiento!
¿Qué más claro ha de decir
que aquel basilisco fiero
1780
de doña Ana aquí le trae?
¡Oh, pese a mi sufrimiento
que no le quito la vida!
Pero ajustar el empeño
es antes, de don Rodrigo,
1785
pues le di palabra de ello;
que después yo volveré,
puesto que la llave tengo
del jardín, y tomaré
la venganza que deseo.

DON RODRIGO
1790
Don Carlos, nada me admira:
mozo he sido, aunque soy viejo;
vos sois mozo, y es preciso
que deis sus frutos al tiempo;
y supuesto que decís
1795
que os es preciso esconderos,
haced vos lo que os convenga,
que yo la causa no inquiero
de cosas que no me tocan.

DON CARLOS
Pues adiós.

DON RODRIGO
Guárdeos el cielo.

CELIA
¡Vamos aprisa!
1800
[Aparte.]
(A Dios gracias
que se ha escusado este aprieto.)
-Y vos, señor, esperad
mientras aviso a mi dueño.

DON CARLOS
[Aparte.]
¡Un Etna llevo en el alma!

DON JUAN
1805
[Aparte.]
¡Un volcán queda en el pecho!

(Vanse DON CARLOS, CELIA y CASTAÑO.)

DON RODRIGO
Veis aquí como es el mundo:
a mí me agravia don Pedro,
don Carlos le agravia a él
y no faltará un tercero
1810
también que agravie a don Carlos.
Y es que lo permite el Cielo
en castigo de las culpas,
y dispone que paguemos
con males que recibimos
1815
los males que habemos hecho.

DON JUAN
[Aparte.]
Estoy tan fuera de mí
de haber visto manifiesto
mi agravio, que no sé cómo
he de sosegar el pecho
1820
para hablar en el negocio
de que he de ser medianero,
que quien ignora los suyos
mal hablará en los ajenos.

(Sale DON CARLOS a la reja.)

DON CARLOS
Ya que fue fuerza ocultarme
1825
por el debido respeto
de doña Ana, como a quien
el amparo y vida debo,
desde aquí quiero escuchar,
pues sin ser yo visto puedo,
1830
a qué vino don Rodrigo,
que entre mil dudas el pecho,
astrólogo de mis males,
me pronostica los riesgos.

(Sale DON PEDRO.)

DON PEDRO
Señor don Rodrigo, ¿vos
1835
en mi casa? Mucho debo
a la ocasión que aquí os trae,
pues que por ella merezco
que vos me hagáis tantas honras.

DON RODRIGO
Yo las recibo, don Pedro,
1840
de vos; y ved si es verdad,
pues a vuestra casa vengo
por la honra que me falta.

DON PEDRO
Don Juan, amigo, no es nuevo
el que vos honréis mi casa.
1845
Tomad entrambos asiento
y decid, ¿cómo venís?

DON JUAN
Yo vengo al servicio vuestro,
y pues a lo que venimos
dilación no admite, empiezo.
1850
Don Pedro, vos no ignoráis,
como tan gran caballero,
las muchas obligaciones
que tenéis de parecerlo;
esto supuesto, el señor
1855
don Rodrigo tiene un duelo
con vos.

DON PEDRO
¿Conmigo, don Juan?
Holgárame de saberlo.
(Aparte.)
¡Válgame Dios! ¿Qué será?

DON RODRIGO
Don Pedro, ved que no es tiempo
1860
este de haceros de nuevas,
y si acaso decís eso
por la cortés atención
que debéis a mi respeto,
yo estimo la cortesía,
1865
y en la atención os dispenso.
Vos, amante de Leonor,
la solicitasteis ciego
pudiendo haberos valido
de mí, y con indignos medios
1870
la sacasteis de mi casa,
cosa que... Pero no quiero
reñir ahora el delito
que ya no tiene remedio;
que cuando os busco piadoso
1875
no es bien reñiros severo,
y como lo más se enmiende,
yo os perdonaré lo menos.
Supuesto esto, ya sabéis
vos que no hay sangre en Toledo
1880
que pueda exceder la mía;
y siendo esto todo cierto,
¿qué dificultad podéis
hallar para ser mi yerno?
Y si es falta el estar pobre
1885
y vos rico, fuera bueno
responder eso, si yo
os tratara el casamiento
con Leonor; mas pues vos fuisteis
el que la eligió primero,
1890
y os pusisteis en estado
que ha de ser preciso hacerlo,
no he tenido yo la culpa
de lo que fue arrojo vuestro.
Yo sé que está en vuestra casa,
1895
y sabiéndolo, no puedo
sufrir que esté en ella, sin que
le deis esposo al momento
la mano.

DON PEDRO
(Aparte.)
¡Válgame Dios!
¿Qué puedo en tan grande empeño
1900
responder a don Rodrigo?
Pues que si la tengo niego,
es fácil que él lo averigüe,
y si la verdad confieso
de que la sacó don Carlos,
1905
se la dará a él y yo pierdo,
si pierdo a Leonor, la vida.
Pues si el casarme concedo,
puede ser que me desaire
Leonor. ¡Quién hallara un medio
1910
con que poder dilatarlo!

DON JUAN
¿De qué, amigo, estáis suspenso,
cuando la proposición
resulta en decoro vuestro;
cuando el señor don Rodrigo,
1915
tan reportado y tan cuerdo,
os convida con la dicha
de haceros felice dueño
de la beldad de Leonor?

DON PEDRO
Lo primero que protesto,
1920
señor don Rodrigo, es que
tanto la beldad venero
de Leonor, que puesto que
sabéis ya mis galanteos,
quiero que estéis persuadido
1925
que nunca pudo mi pecho
mirarla con otros ojos,
ni hablarla con otro intento
que el de ser feliz con ser
su esposo. Y esto supuesto,
1930
sabed que Leonor anoche
supo (aun a fingir no acierto)
que estaba mala mi hermana,
a quien con cariño tierno
estima, y vino a mi casa
1935
a verla sólo, creyendo
que vos os tardarais más
con la diversión del juego.
Hízose algo tarde, y como
temió el que hubieseis ya vuelto,
1940
como sin licencia vino,
despachamos a saberlo
un crïado de los míos,
y aqueste volvió diciendo
que ya estabais vos en casa,
1945
y que habíais echado de menos
a Leonor, por cuya causa
haciendo justos estremos,
la buscabais ofendido.
Ella, temerosa, oyendo
1950
aquesto, volver no quiso.
Este es en suma el suceso;
que ni yo saqué a Leonor,
ni pudiera; pretendiendo
para esposa su beldad
1955
proceder tan desatento
que para mirarme en él
manchara antes el espejo.
Y para que no juzguéis
que esta es escusa que invento
1960
por no venir en casarme,
mi fe y palabra os empeño
de ser su esposo al instante
como Leonor venga en ello;
y en esto conoceréis
1965
que no tengo impedimento
para dejar de ser suyo
más de que no la merezco.

DON CARLOS
¿No escuchas esto, Castaño?
¡La vida y el juicio pierdo!

CASTAÑO
1970
La vida es la novedad;
que lo del juicio no es nuevo.

DON RODRIGO
Don Pedro, a lo que habéis dicho
hacer réplica no quiero,
sobre si pudo o no ser,
1975
como decís, el suceso,
pero siéndole ya a todos
notorios vuestros festejos,
sabiendo que Leonor falta
y yo la busco, y sabiendo
1980
que [en vuestra casa la hallé],
nunca queda satisfecho
mi honor, si vos no os casáis;
y en lo que me habéis propuesto
de si Leonor querrá o no,
1985
eso no es impedimento,
pues ella tener no puede
más gusto que mi precepto;
y así llamadla y veréis
cuán presto lo ajusto.

DON PEDRO
Temo,
1990
señor, que Leonor se asuste,
y así os suplico deis tiempo
de que antes se lo proponga
mi hermana, porque supuesto
que yo estoy llano a casarme,
1995
y que por dicha lo tengo,
¿qué importa que se difiera
de aquí a mañana, que es tiempo
en que les puedo avisar
a mis amigos y deudos
2000
porque asistan a mis bodas,
y también porque llevemos
a Leonor a vuestra casa,
donde se haga el casamiento?

DON RODRIGO
Bien decís; pero sabed
2005
que ya quedamos en eso,
y que es Leonor vuestra esposa.

DON PEDRO
Dicha mía es el saberlo.

DON RODRIGO
Pues, hijo, adiós; que también
hacer de mi parte quiero
las prevenciones.

DON PEDRO
2010
Señor,
vamos; os iré sirviendo.

DON RODRIGO
No ha de ser; y así, quedaos,
que habéis menester el tiempo.

DON PEDRO
Yo tengo de acompañaros.

DON RODRIGO
No haréis tal.

DON PEDRO
2015
Pues ya obedezco.

DON JUAN
Don Pedro, quedad con Dios.

DON PEDRO
Id con Dios, don Juan.
(Vanse DON RODRIGO y DON JUAN.)
Yo quedo
tan confuso, que no sé
si es pesar o si es contento,
2020
si es fortuna o si es desaire
lo que me está sucediendo.
Don Rodrigo con Leonor
me ruega, yo a Leonor tengo;
el caso está en tal estado
2025
que yo escusarme no puedo
de casarme: solamente
es a Leonor a quien temo,
no sea que lo resista;
mas puede ser que ella, viendo
2030
el estado de las cosas
y de su padre el precepto,
venga en ser mía. Yo voy.
¡Amor, ablanda su pecho!

(Vanse.)
(Salen DON CARLOS y CASTAÑO.)

DON CARLOS
No debo de estar en mí,
2035
Castaño, pues no estoy muerto.
Don Rodrigo, ¡ay de mí!, juzga
que a Leonor sacó don Pedro
y se la viene a ofrecer;
y él, muy falso y placentero,
2040
viene en casarse con ella,
sin ver el impedimento
de que se salió con otro.

CASTAÑO
¿Qué quieres? El tal sujeto
es marido convenible
2045
y no repara en pucheros:
él vio volando esta garza
y quiso matarla al vuelo;
con que, si el ya la cazó,
ya para ti volaverunt.

DON CARLOS
2050
Yo estoy tan sin mí, Castaño,
que aun a discurrir no acierto
lo que haré en aqueste caso.

CASTAÑO
Yo te daré un buen remedio
para que quedes vengado.
2055
Doña Ana es rica, y yo pienso
que revienta por ser novia;
enamórala, y con eso
te vengas de cuatro y ocho:
que dejas a aqueste necio
2060
mucho peor que endiablado,
encuñadado in aeternum.

DON CARLOS
¡Por cierto, gentil venganza!

CASTAÑO
¿Mal te parece el consejo?
Tú no debes de saber
2065
lo que es un cuñado, un suegro,
una madrastra, una tía,
un escribano, un ventero,
una mula de alquiler,
ni un albacea, que pienso
2070
que del Infierno el mejor
y más bien cobrado censo
no llegan a su zapato.

DON CARLOS
¡Ay de mí, infeliz! ¿Qué puedo
hacer en aqueste caso?
2075
¡Ay Leonor, si yo te pierdo,
pierda la vida también!

CASTAÑO
No pierdas ni aun un cabello,
sino vamos a buscarla;
que en el tribunal supremo
2080
de su gusto, quizá se
revocará este decreto.

DON CARLOS
¿Y si la fuerza su padre?

CASTAÑO
¿Qué es forzarla? ¿Pues el viejo
está ya para Tarquino?
2085
Vamos a buscarla luego,
que como ella diga nones,
no hará pares con don Pedro.

DON CARLOS
Bien dices, Castaño, vamos.

CASTAÑO
Vamos, y deja lamentos,
2090
que se alarga la jornada
si aquí más nos detenemos.


Letra

Tierno pimpollo hermoso,
que a pequeñez reduces
del prado los colores,
y del cielo las luces,
5
pues en tu rostro bello
unidos se confunden
de estrellas y de rosas
centellas y perfumes;
Cupido soberano,
10
a cuyas flechas dulces,
herido el viento silba,
flechado el viento cruje;
astro hermoso, que apenas
das la primera lumbre,
15
cuando en los pechos todos
dulce afición influyes;
bisagra que amorosa
dos corazones unes,
que siendo antes unión,
20
a identidad reduces;
oriente de arreboles,
porque sol más ilustre
en tu rostro amanezca
que en el cielo madrugue;
25
hijo de Marte y Venus,
porque uno y otro numen,
te infunde este lo fuerte,
te dé aquella lo dulce;
bello Josef amado,
30
que dueño te introduces
en comunes afectos
de efectos no comunes;
Sol que naces, mudando
del otro la costumbre
35
en el Ocaso, porque
adonde él muere, triunfes:
la cortedad admite,
pues las solicitudes
que aspiran a tu obsequio,
40
no es razón que se frustren.

Sainete segundo

INTERLOCUTORES

ARIAS
MUÑIZ
ACEVEDO
COMPAÑEROS
COMPAÑERO 1º
COMPAÑERO 2º

Salen MUÑIZ y ARIAS.

ARIAS
Mientras descansan nuestros camaradas
de andar las dos jornadas,
que, vive Dios, que creo
que no fueran más largas de un correo;
5
pues si aquesta comedia se repite
juzgo que llegaremos a Cavite,
e iremos a un presidio condenados,
cuando han sido los versos los forzados,
aquí, Muñiz amigo, nos sentemos
10
y toda la comedia murmuremos.

MUÑIZ
Arias, vos os tenéis buen desenfado;
pues si estáis tan cansado
y yo me hallo molido, de manera
que ya por un tamiz pasar pudiera;
15
y esto no es embeleco,
pues sobre estar molido, estoy tan seco
de aquestas dos jornadas, que he pensado
que en mula de alquiler he caminado.
¿No es mejor acostarnos
20
y de aquesos cuidados apartarnos?
Que yo, más al descanso me abalanzo.

ARIAS
¿Y el murmurar, amigo? ¿Hay más descanso?
Por lo menos a mí, me hace provecho,
porque las pudriciones, que en el pecho
25
guardo como veneno,
salen cuando murmuro, y quedo bueno.

MUÑIZ
Decís bien. ¿Quién sería
el que al pobre de Deza engañaría
con aquesta comedia
30
tan larga y tan sin traza?

ARIAS
¿Aqueso, don Andrés, os embaraza?
Diósela un estudiante
que en las comedias es tan principiante,
y en la poesía tan mozo,
35
que le apuntan los versos como el bozo.

MUÑIZ
Pues yo quisiera, amigo, ser barbero
y raparle los versos por entero,
que versos tan barbados
es cierto que estuvieran bien, rapados.
40
¿No era mejor, amigo, en mi conciencia,
si quería hacer festejo a Su Excelencia,
escoger, sin congojas,
una de Calderón, Moreto o Rojas,
que en oyendo su nombre
45
no se topa, a fe mía,
silbo que diga: aquesta boca es mía?

ARIAS
¿No veis que por ser nueva
la han echado?

MUÑIZ
¡Gentil prueba
de su bondad!

ARIAS
Aquesa es mi mohína:
50
¿no era mejor hacer a Celestina,
en que vos estuvisteis tan gracioso,
que aún estoy temeroso
-y es justo que me asombre-
de que sois hechicera en traje de hombre?

MUÑIZ
55
Amigo, mejor era Celestina,
en cuanto a ser comedia ultramarina:
que siempre las de España son mejores,
y para digerirlas los humores,
son ligeras; que nunca son pesadas
60
las cosas que por agua están pasadas.
Pero la Celestina que esta risa
os causó era mestiza
y acabada a retazos,
y si le faltó traza, tuvo trazos,
65
y con diverso genio
se formó de un trapiche y un ingenio.
Y en fin, en su poesía,
por lo bueno, lo malo se suplía;
pero aquí, ¡vive Cristo!, que no puedo
70
sufrir los disparates de Acevedo.

ARIAS
¿Pues es él el autor?

MUÑIZ
Así se ha dicho,
que de su mal capricho
la comedia y sainetes han salido;
aunque es verdad que yo no puedo creello.

ARIAS
75
¡Tal le dé Dios la vida, como es ello!

MUÑIZ
Ahora bien, ¿qué remedio dar podremos
para que esta comedia no acabemos?

ARIAS
Mirad, ya yo he pensado
uno, que pienso que será acertado.

MUÑIZ
¿Cuál es?

ARIAS
80
Que nos finjamos
mosqueteros, y a silbos destruyamos
esta comedia, o esta patarata,
que con esto la fiesta se remata;
y como ellos están tan descuidados,
85
en oyendo los silbos, alterados
saldrán, y muy severos
les diremos que son los mosqueteros.

MUÑIZ
¡Brava traza, por Dios! Pero me ataja
que yo no sé silbar.

ARIAS
¡Gentil alhaja!
¿Qué dificultad tiene?

MUÑIZ
90
El punto es ése,
que yo no acierto a pronunciar la ese.

ARIAS
Pues mirad: yo, que a silbar me allano,
que puedo en el Arcadia ser Silvano,
silbaré por entrambos; mas ¡atento,
95
que es este silbo a vuestro pedimento!

MUÑIZ
Bien habéis dicho. ¡Vaya!

ARIAS
¡Va con brío!

(Silba ARIAS.)

MUÑIZ
Cuenta, señores, que este silbo es mío.
¡Cuerpo de Dios, que aquesto está muy frío!
(Silban otros dentro.)
Cuenta, señores, que este silbo es mío.
100
¡Vaya de silbos, vaya!

(Silban.)

ARIAS
Cuenta, señores, que este silbo es mío.

(Silba.)
(Sale ACEVEDO y los COMPAÑEROS.)

ACEVEDO
¿Qué silbos son aquestos tan atroces?

MUÑIZ
Aquesto es ¡Cuántos silbos, cuántas voces!

ACEVEDO
¡Qué se atrevan a tal los mosqueteros!

ARIAS
105
Y aun a la misma Nava de Zuheros.

ACEVEDO
¡Ay, silbado de mí! ¡Ay desdichado!
¡Que la comedia que hice me han silbado!
¿Al primer tapón silbos? Muerto quedo.

ARIAS
No os muráis, Acevedo.

ACEVEDO
110
¡Allá a ahorcarme me meto!

MUÑIZ
Mirad que es el ahorcarse mucho aprieto.

ACEVEDO
Un cordel aparejo.

ARIAS
No os vais, que aquí os daremos cordelejo.

ACEVEDO
¡Dádmelo acá! Veréis cómo me ensogo,
115
que con eso saldré de tanto ahogo.

(Cantan sus coplas cada uno.)

MUÑIZ
Silbadito del alma,
no te me ahorques;
que los silbos se hicieron
para los hombres.

ACEVEDO
120
Silbadores del diablo,
morir dispongo;
que los silbos se hicieron
para los toros.

COMPAÑERO 1.º
Pues que ahorcarte quieres,
125
toma la soga,
que aqueste cordelejo
no es otra cosa.

ACEVEDO
No me silbéis, demonios,
que mi cabeza
130
no recibe los silbos
aunque está hueca.

ARIAS
¡Vaya de silbos, vaya!
Silbad, amigos,
que en lo hueco resuenan
135
muy bien los silbos.

(Silban todos.)

ACEVEDO
Gachupines parecen
recién venidos,
porque todo el teatro
se hunde a silbos.

MUÑIZ
140
¡Vaya de silbos, vaya!
Silbad, amigos,
que en lo hueco resuenan
muy bien los silbos.

COMPAÑERO 2.º
Y los malos poetas
145
tengan sabido,
que si vítores quieren,
este es el vítor.
(Todos cantan.)
¡Vaya de silbos, vaya!
Silbad, amigos,
150
que en lo hueco resuenan
muy bien los silbos.

ACEVEDO
¡Baste ya, por Dios, baste
no me den soga;
que yo les doy palabra
155
de no hacer otra!

MUÑIZ
No es aquesto bastante,
que es el delito
muy criminal, y pide
mayor castigo.
160
(Todos cantan.)
¡Vaya de silbos, vaya!
Silbad, amigos,
que en lo hueco resuenan
muy bien los silbos.

(Silban.)

ACEVEDO
Pues si aquesto no basta,
165
¿qué me disponen?
Que como no sean silbos,
denme garrote.

ARIAS
Pues de pena te sirva,
pues lo has pedido,
170
el que otra vez traslades
lo que has escrito.

ACEVEDO
Eso no, que es aquese
tan gran castigo,
que más quiero atronado
175
morir a silbos.

MUÑIZ
Pues lo ha pedido, ¡vaya!
¡Silbad, amigos;
que en lo hueco resuenan
muy bien los silbos!


Jornada III

Salen CELIA y DOÑA LEONOR.

DOÑA LEONOR
Celia, yo me he de matar
si tú salir no me dejas
de esta casa, u de este encanto.

CELIA
2095
Repórtate, Leonor bella,
y mira por tu opinión.

DOÑA LEONOR
¿Qué opinión quieres que tenga,
Celia, quien de oír acaba
unas tan infaustas nuevas,
2100
como que quiere mi padre,
porque con engaño piensa
que don Pedro me sacó,
que yo (¡ay Dios!) su esposa sea?
Y esto cae sobre haber
2105
antes díchome tú mesma
que Carlos (¡ah falso amante!)
a doña Ana galantea,
y que con ella pretende
casarse, que es quien pudiera,
2110
como mi esposo, librarme
del rigor de esta violencia.
Con que estando en este estado,
no les quedan a mis penas
ni asilo que las socorra,
2115
ni amparo que las defienda.

CELIA
(Aparte.)
Verdad es que se lo dije,
y a don Carlos con la mesma
tramoya tengo confuso,
porque mi ama me ordena
2120
que yo despeche a Leonor
para que a su hermano quiera
y ella se quede con Carlos;
y yo viéndola resuelta,
por la manda del vestido
2125
ando haciendo estas quimeras.
-Pues, señora, si conoces
que, ingrato, Carlos te deja,
y mi señor te idolatra,
y que tu padre desea
2130
hacerte su esposa, y que
está el caso de manera
que, si dejas de casarte,
pierdes honra y conveniencia,
¿no es mejor pensarlo bien
2135
y resolverte discreta
a lograr aquesta boda,
que es lástima que se pierda?
Y hallarás, si lo ejecutas,
más de tres mil congrüencias,
2140
pues sueldas con esto solo
de tu crédito la quiebra,
obedeces a tu padre,
das gusto a tu parentela,
premias a quien idolatra,
2145
y de don Carlos te vengas.

DOÑA LEONOR
¿Qué dices, Celia? Primero
que yo de don Pedro sea,
verás de tu eterno alcázar
fugitivas las estrellas;
2150
primero romperá el mar
la no violada obediencia
que a sus desbocadas olas
[impone] freno de arena;
primero aquese fogoso
2155
corazón de las esferas
perturbará el orden con que
el cuerpo del orbe alienta;
primero, trocado el orden
que guarda naturaleza,
2160
congelará el fuego copos,
brotará el hielo centellas;
primero que yo de Carlos
aunque ingrato me desprecia,
deje de ser, de mi vida
2165
seré verdugo yo mesma;
primero que yo de amarle
deje...

CELIA
Los primeros deja
y vamos a lo segundo:
que pues estás tan resuelta,
2170
no te quiero aconsejar
sino saber lo que intentas.

DOÑA LEONOR
Intento, amiga, que tú,
pues te he fiado mis penas,
me des lugar para irme
2175
de aquí, porque cuando vuelva
mi padre, aquí no me halle
y me haga casar por fuerza;
que yo me iré desde aquí
a buscar en una celda
2180
un rincón que me sepulte,
donde llorar mis tragedias
y donde sentir mis males
lo que de vida me resta,
que quizás allí escondida
2185
no sabrá de mí mi estrella.

CELIA
Sí, pero sabrá de mí
la mía, y por darte puerta,
vendrá a estrellarse conmigo
mi señor cuando lo sepa,
2190
y seré yo la estrellada,
por no ser tú la estrellera.

DOÑA LEONOR
Amiga, haz esto por mí
y seré tu esclava eterna,
por ser la primera cosa
que te pido.

CELIA
2195
Aunque lo sea;
que a la primera que haga
pagaré con las setenas.

DOÑA LEONOR
¡Pues, vive el cielo, enemiga,
que si salir no me dejas,
2200
he de matarme y matarte!

CELIA
[Aparte.]
¡Chispas, y qué rayos echa!
¿Mas qué fuera, Jesús mío,
que aquí conmigo embistiera?
¿Qué haré? Pues si no la dejo
2205
ir, y a ser señora llega
de casa, ¿quién duda que
le tengo de pagar esta?
Y si la dejo salir,
con mi amo habrá la mesma
2210
dificultad. Ahora bien,
mejor es entretenerla
y avisar a mi señor
de lo que su dama intenta;
que, sabiéndolo, es preciso
2215
que salga él a detenerla,
y yo quedo bien con ambos,
pues con esta estratagema
ella no queda ofendida
y él obligado me queda.
2220
-Señora, si has dado en eso,
y en hacerlo tan resuelta
estás, ve a ponerte el manto,
que yo guardaré la puerta.

DOÑA LEONOR
La vida, Celia, me has dado.

CELIA
2225
Soy de corazón muy tierna,
y no puedo ver llorar
sin hacerme una manteca.

DOÑA LEONOR
A ponerme el manto voy.

(Vase DOÑA LEONOR.)

CELIA
Anda, pues, y ven apriesa,
2230
que te espero. No haré tal,
sino cerraré la puerta,
e iré a avisar a Marsilio
que se le va Melisendra.

(Vase.)
(Sale DON JUAN.)

DON JUAN
Con la llave del jardín,
2235
que dejó en mi poder Celia
para ir a lograr mis dichas,
quiero averiguar mis penas.
¡Qué mal dije averiguar,
pues a la que es evidencia
2240
no se puede llamar duda!
¡Pluguiera a Dios estuvieran
mis celos y mis agravios
en estado de sospechas!
Mas ¿cómo me atrevo, cuando
2245
es contra mi honor mi ofensa,
sin ser cierta mi venganza
hacer mi deshonra cierta?
Si sólo basta a ofenderme
la presumpción, ¿cómo piensa
2250
mi honor, que puede en mi agravio
la duda ser evidencia,
cuando la evidencia misma
del agravio en la nobleza,
siendo certidumbre falsa,
2255
se hace duda verdadera?
Que como al honor le agravia
solamente la sospecha,
hará cierta su deshonra
quien la verdad juzga incierta.
2260
Pues si es así, ¿cómo yo
imagino que hay quien pueda
ofenderme, si aun en duda
no consiento que me ofendan?
Aquí oculto esperaré
2265
a que mi contrario venga;
que ¿quién, del estado en que
está su correspondencia,
duda que vendrá de noche
quien sale de día y entra?
2270
Yo quiero entrar a esperarlo.
¡Honor, mi venganza alienta!

(Vase.)
(Sale DON CARLOS y CASTAÑO con un envoltorio.)

DON CARLOS
Por más que he andado la casa,
no he podido dar con ella
y vengo desesperado.

CASTAÑO
2275
Pues, señor, ¿de ver no echas
que están las puertas cerradas
que a esotro cuarto atraviesan,
por el temor de doña Ana
de que su hermano te vea,
2280
o porque a Leonor no atisbes;
y para haceros por fuerza
casar, doña Ana y su hermano
nos han cerrado entre puertas?

DON CARLOS
Castaño, yo estoy resuelto
2285
a que don Rodrigo sepa
que soy quien sacó a su hija
y quien ser su esposo espera;
que pues por pensar que fue
don Pedro, dársela intenta,
2290
también me la dará a mí
cuando la verdad entienda
de que fui quién la robó.

CASTAÑO
Famosamente lo piensas;
pero ¿cómo has de salir
2295
si doña Ana es centinela
que no se duerme en las pajas?

DON CARLOS
Fácil, Castaño, me fuera
el salir contra su gusto,
que no estoy yo de manera
2300
que tengan lugar de ser
tan comedidas mis penas.
Sólo lo que me embaraza
y a mi valor desalienta,
es el irme de su casa
2305
dejando a Leonor en ella,
donde a cualquier novedad
puede importar mi presencia;
y así he pensado que tú
salgas, pues aunque te vean,
2310
hará ninguno el reparo
en ti que en mí hacer pudieran,
y este papel que ya he escrito
traigo, con que le doy cuenta
a don Rodrigo de todo,
le lleves.

CASTAÑO
2315
¡Ay, santa Tecla!
¿Pues cómo quieres que vaya,
y ves aquí que me pesca
en la calle la Justicia
por cómplice en la tormenta
2320
de la herida de don Diego,
y aunque tú el agresor seas,
porque te ayudé al ruïdo
pago in solidum la ofensa?

DON CARLOS
Este es mi gusto, Castaño.

CASTAÑO
2325
Sí, mas no es mi conveniencia.

DON CARLOS
¡Vive el cielo que has de ir!

CASTAÑO
Señor, ¿y es muy buena cuenta,
por cumplir el juramento
de que él viva, que yo muera?

DON CARLOS
2330
¿Ahora burlas, Castaño?

CASTAÑO
Antes, ahora son veras.

DON CARLOS
¿Qué es esto, infame? ¿Tú tratas
de apurarme la paciencia?
¡Vive Dios, que has de ir o aquí
te he de matar!

CASTAÑO
2335
Señor, suelta;
que eso es muy ejecutivo,
y en estotro hay contingencia;
dame el papel, que yo iré.

DON CARLOS
Tómalo y mira que vuelvas
2340
apriesa, por el cuidado
en que estoy.

CASTAÑO
Dame licencia,
señor. De contarte un cuento
que viene aquí como piedra
en el ojo de un vicario
2345
(que deben de ser canteras):
Salió un hombre a torear,
y a otro un caballo pidió,
el cual, aunque lo sintió,
no se lo pudo negar.
2350
Salió, y el dueño al mirallo,
no pudiéndolo sufrir,
le envió un recaudo a decir
que le cuidase el caballo,
porque valía un tesoro,
2355
y el otro muy sosegado
respondió: «Aquese recado
no viene a mí, sino al toro».
Tú eres así ahora que
me remites a un paseo
2360
donde, aunque yo lo deseo,
no sé si yo volveré.
Y lo que me causa risa,
aun estando tan penoso,
es que, siendo tan dudoso,
2365
me mandes que venga aprisa.
Y así, yo ahora te digo,
como el otro toreador,
que ese recado, señor,
lo envíes a don Rodrigo.

(Sale CELIA.)

CELIA
2370
Señor don Carlos, mi ama
os suplica vais a verla
al jardín luego al instante,
que tiene cierta materia
que tratar con vos, que importa.

DON CARLOS
2375
Decid que ya a obedecerla
voy.
[A CASTAÑO.]
Haz tú lo que he mandado.

(Vanse DON CARLOS y CELIA.)

CASTAÑO
Yo bien no hacerlo quisiera,
si me valiera contigo
el hacer yo la deshecha.
2380
¡Válgame Dios! ¿Con qué traza
yo a don Rodrigo le diera
aqueste papel, sin que él
ni alguno me conociera?
¡Quién fuera aquí Garatusa,
2385
de quien en las Indias cuentan
que hacía muchos prodigios!
Que yo, como nací en ellas,
le he sido siempre devoto
como a santo de mi tierra.
2390
¡Oh tú, cualquiera que has sido!;
¡oh, tú, cualquiera que seas,
bien esgrimas [abanico],
o bien arrastres contera,
inspírame alguna traza
2395
que de Calderón parezca,
con que salir de este empeño!
Pero tate, en mi conciencia,
que ya he topado el enredo:
Leonor me dio unas polleras
2400
y unas joyas que trajese,
cuando quiso ser Elena
de este Paris boquirrubio,
y las tengo aquí bien cerca,
que me han servido de cama;
2405
pues si yo me visto de ellas,
¿habrá en Toledo tapada
que a mi garbo se parezca?
Pues ahora bien, yo las saco;
vayan estos trapos fuera.
2410
(Quítase capa, espada y sombrero.)
Lo primero, aprisionar
me conviene la melena,
porque quitará mil vidas
si le doy tantica suelta.
Con este paño pretendo
2415
abrigarme la mollera;
si como quiero la pongo,
será gloria ver mi pena.
Ahora entran las basquiñas.
¡Jesús, y qué rica tela!
2420
No hay duda que me esté bien,
porque como soy morena
me está del cielo lo azul.
¿Y esto qué es? Joyas son estas;
no me las quiero poner,
2425
que ahora voy de revuelta.
Un serenero he topado
en aquesta faltriquera;
también me le he de plantar.
Cúbrame esta pechuguera.
2430
El solimán me hace falta;
pluguiese a Dios, y le hubiera,
que una manica de gato
sin duda me la pusiera;
pero no, que es un ingrato,
2435
y luego en cara me diera.
¿La color? No me hace al caso,
que en este empeño, de fuerza
me han de salir mil colores,
por ser dama de vergüenza.
2440
-¿Qué les parece, señoras,
este encaje de ballena?
Ni puesta con sacristanes
pudiera estar más bien puesta.
Es cierto que estoy hermosa.
2445
¡Dios me guarde, que estoy bella!
Cualquier cosa me está bien,
porque el molde es rara pieza.
Quiero acabar de aliñarme,
que aún no estoy dama perfecta.
2450
Los guantes: aquesto sí,
porque las manos no vean,
que han de ser las de Jacob
con que a Esaú me parezca.
El manto lo vale todo,
2455
échomele en la cabeza.
¡Válgame Dios! Cuánto encubre
esta telilla de seda,
que ni hay foso que así guarde,
ni muro que así defienda,
2460
ni ladrón que tanto encubra,
ni paje que tanto mienta,
ni gitano que así engañe,
ni logrero que así venda.
Un trasumpto el abanillo
2465
es de mi garbo y belleza,
pero si me da tanto aire,
¿qué mucho a mí se parezca?
Dama habrá en el auditorio
que diga a su compañera:
2470
«Mariquita, aqueste bobo
al Tapado representa».
Pues atención, mis señoras,
que es paso de la comedia;
no piensen que son embustes
2475
fraguados acá en mi idea,
que yo no quiero engañarlas,
ni menos a Vue-Excelencia.
Ya estoy armado, y ¿quién duda
que en el punto que me vean
2480
me sigan cuatro mil lindos
de aquestos que galantean
a salga lo que saliere,
y que a bulto se amartelan,
no de la belleza que es,
2485
sino de la que ellos piensan?
Vaya, pues, de damería;
menudo el paso, derecha
la estatura, airoso el brío,
inclinada la cabeza,
2490
un [si] es no es, al un lado,
la mano en el manto envuelta;
con el un ojo recluso
y con el otro de fuera;
y vamos ya, que encerrada
2495
se malogra mi belleza.
Temor llevo de que alguno
me enamore.

(Va a salir y encuentra a DON PEDRO.)

DON PEDRO
Leonor bella,
¿vos con manto y a estas horas?
[Aparte.]
¡Oh qué bien me dijo Celia
2500
de que irse a un convento quiere!
-¿Adónde vais con tal priesa?

CASTAÑO
(Aparte.)
¡Vive Dios! Que por Leonor
me tiene; yo la he hecho buena
si él me quiere descubrir.

DON PEDRO
2505
¿De qué estás, Leonor, suspensa?
¿Adónde vas, Leonor mía?

CASTAÑO
(Aparte.)
¡Oiga lo que leonorea!
Mas pues por Leonor me marca,
yo quiero fingir ser ella,
2510
que quizá atiplando el habla
no me entenderá la letra.

DON PEDRO
¿Por qué no me habláis, señora?
¿Aún no os merece respuesta
mi amor? ¿Por qué de mi casa
2515
os queréis ir? ¿Es ofensa
el adoraros tan fino,
el amaros tan de veras
que, sabiendo que a otro amáis,
está mi atención tan cierta
2520
de vuestras obligaciones,
vuestro honor y vuestras prendas,
que a casarme determino
sin que ningún riesgo tema?
Que en vuestra capacidad
2525
bien sé que tendrá más fuerza,
para mirar por vos misma,
la obligación, que la estrella.
¿Es posible que no os mueve
mi afecto ni mi nobleza,
2530
mi hacienda ni mi persona,
a verme menos severa?
¿Tan indigno soy, señora?
Y, doy caso que lo sea,
¿no me darán algún garbo
2535
la gala de mis finezas?
¿No es mejor para marido,
si lo consideráis cuerda,
quién no galán os adora
que quién galán os desprecia?

CASTAÑO
2540
(Aparte.)
¡Gran cosa es el ser rogadas!
Ya no me admiro que sean
tan soberbias las mujeres,
porque no hay que ensoberbezca
cosa como el ser rogadas.
2545
Ahora bien, de vuelta y media
he de poner a este tonto.
-Don Pedro, negar quisiera
la causa porque me voy,
pero ya decirla es fuerza:
2550
yo me voy porque me mata
de hambre aquí vuestra miseria;
porque vos sois un cuitado,
vuestra hermana es una suegra,
las crïadas unas tías,
2555
los crïados unas bestias;
y yo de aquesto enfadada,
en casa una pastelera
a merendar garapiñas
voy.

DON PEDRO
(Aparte.)
¿Qué palabras son estas,
2560
y qué estilo tan ajeno
del ingenio y la belleza
de doña Leonor?
-Señora,
mucho extraña mi fineza
oíros dar de mi familia
2565
unas tan indignas quejas,
que si queréis deslucirme,
bien podéis de otra manera,
y no con tales palabras
que a vos misma mal os dejan.

CASTAÑO
2570
Digo que me matan de hambre,
¿es aquesto lengua griega?

DON PEDRO
No es griega, señora, pero
no entiendo en vos esa lengua.

CASTAÑO
Pues si no entendéis así,
2575
entended de esta manera.

(Quiere irse.)

DON PEDRO
Tened, que no habéis de iros,
ni es bien que yo lo consienta,
porque a vuestro padre he dicho
que estáis aquí; y así es fuerza
2580
en cualquiera tiempo darle
de vuestra persona cuenta.
Que cuando vos no queráis
casaros, haciendo entrega
de vos quedaré bien puesto,
2585
viendo que la resistencia
de casarse de mi parte
no está, sino de la vuestra.

CASTAÑO
Don Pedro, vos sois un necio,
y esta es ya mucha licencia
2590
de querer vos impedir
a una mujer de mis prendas
que salga a matar su hambre.

DON PEDRO
(Aparte.)
¿Posible, cielos, que aquestas
son palabras de Leonor?
2595
¡Vive Dios, que pienso que ella
se finge necia por ver
si con esto me despecha
y me dejo de casar!
¡Cielos, que así me aborrezca;
2600
y que conociendo aquesto
esté mi pasión tan ciega
que no pueda reducirse!
-Bella Leonor, ¿qué aprovecha
el fingiros necia, cuando
2605
sé yo que sois tan discreta?
Pues antes, de enamorarme
sirve más la diligencia,
viendo el primor y cordura
de saber fingiros necia.

CASTAÑO
2610
(Aparte.)
¡Notable aprieto, por Dios!
Yo pienso que aquí me fuerza.
Mejor es mudar de estilo
para ver si así me deja.
-Don Pedro, yo soy mujer
2615
que sé bien dónde me aprieta
el zapato, y pues ya he visto
que dura vuestra fineza
a pesar de mis desaires,
yo quiero dar una vuelta
2620
y mudarme al otro lado,
siendo aquesta noche mesma
vuestra esposa.

DON PEDRO
¿Qué decís,
señora?

CASTAÑO
Que seré vuestra
como dos y dos son cuatro.

DON PEDRO
2625
No lo digáis tan apriesa,
no me mate la alegría,
ya que no pudo la pena.

CASTAÑO
Pues no, señor, no os muráis,
por amor de Dios, siquiera
2630
hasta dejarme un muchacho
para que herede la hacienda.

DON PEDRO
¿Pues eso miráis, señora?
¿No sabéis que es toda vuestra?

CASTAÑO
¡Válgame Dios, yo me entiendo;
2635
bueno será tener prendas!

DON PEDRO
Esa dicha será mía;
mas, señora, ¿habláis de veras
o me entretenéis la vida?

CASTAÑO
¿Pues soy yo farandulera?
2640
Palabra os doy de casarme,
si ya no es que por vos queda.

DON PEDRO
¿Por mí? ¿Eso decís, señora?

CASTAÑO
¿Qué apostamos que, si llega
el caso, queda por vos?

DON PEDRO
2645
No así [agraviéis] la fineza.

CASTAÑO
Pues dadme palabra aquí
de que, si os hacéis afuera,
no me habéis de hacer a mí
algún daño.

DON PEDRO
¿Qué os la ofrezca
2650
qué importa, supuesto que
es imposible que pueda
desistirse mi cariño?
Mas permitid que merezca,
de que queréis ser mi esposa,
2655
vuestra hermosa mano en prendas.

CASTAÑO
(Aparte.)
Llegó el caso de Jacob,
-Catadla aquí toda entera.

DON PEDRO
¿Pues con guante me la dais?

CASTAÑO
Sí, porque la tengo enferma.

DON PEDRO
2660
¿Pues qué tenéis en las manos?

CASTAÑO
Hiciéronme mal en ellas
en una visita un día,
y ni han bastado recetas
de hieles ni jaboncillos
2665
para que a su albura vuelvan.

(Dentro, DON JUAN.)

DON JUAN
¡Muere a mis manos, traidor!

DON PEDRO
Oye, ¿qué voz es aquella?

(Dentro, DON CARLOS.)

DON CARLOS
¡Tú morirás a las mías,
pues buscas tu muerte en ellas!

DON PEDRO
2670
¡Vive Dios, que es en mi casa!

CASTAÑO
Ya suena la voz más cerca.

(Salen riñendo DON CARLOS y DON JUAN, y DOÑA ANA deteniéndolos.)

DOÑA ANA
¡Caballeros, deteneos!
Mas ¡mi hermano! ¡Yo estoy muerta!

CASTAÑO
¿Mas si por mí se acuchillan
2675
los que mi beldad festejan?

DON PEDRO
¿En mi casa y a estas horas
con tan grande desvergüenza
acuchillarse dos hombres?
Mas yo vengaré esta ofensa
2680
dándoles muerte, y más cuando
es don Carlos quien pelea.

DOÑA ANA
[Aparte.]
¿Quién pensará, ¡ay infelice!,
que aquí mi hermano estuviera?

DON CARLOS
[Aparte.]
¡Don Pedro está aquí, y por él
2685
a mí nada se me diera,
pero se arriesga doña Ana
que es solo por quien me pesa!

CASTAÑO
¡Aquí ha sido la de Orán!
Mas yo apagaré la vela;
2690
quizá con eso tendré
lugar de tomar la puerta,
que es solo lo que me importa.

(Apaga CASTAÑO la vela y riñen todos.)

DON PEDRO
Aunque hayáis muerto la vela
por libraros de mis iras,
2695
poco importa que, aunque sea
a escuras, sabré mataros.

DON CARLOS
Famosa ocasión es esta
de que yo libre a doña Ana,
pues por ampararme atenta
2700
está arriesgada su vida.

(Sale DOÑA LEONOR con manto.)

DOÑA LEONOR
¡Ay Dios! Aquí dejé a Celia,
y ahora sólo escucho espadas
y voy pisando tinieblas.
¿Qué será? ¡Válgame Dios!
2705
Pero lo que fuere sea,
pues a mí sólo me importa
ver si topo con la puerta.

(Topa a DON CARLOS.)

DON CARLOS
Esta es sin duda doña Ana.
-Señora, venid apriesa
2710
y os sacaré de este riesgo.

DOÑA LEONOR
¿Qué es esto? ¡Un hombre me lleva!
Mas como de aquí me saque,
con cualquiera voy contenta,
que si él me tiene por otra,
2715
cuando en la calle me vea
podrá dejarme ir a mí,
y volver a socorrerla.

DOÑA ANA
No tengo cuidado yo
de que sepa la pendencia
2720
mi hermano, y más cuando ha visto
que es don Carlos quien pelea,
y diré que es por Leonor.
Solamente me atormenta
el que se arriesgue don Carlos.
2725
¡Oh, quién toparlo pudiera
para volverlo a esconder!

DON PEDRO
¡Quién mi honor agravia, muera!

CASTAÑO
¡Que haya yo perdido el tino
y no tope con la puerta!
2730
Mas aquí juzgo que está.
¡Jesús! ¿Qué es esto? Alhacena
en que me he hecho los hocicos
y quebrado diez docenas
de vidrios y de redomas,
2735
que envidiando mi belleza
me han pegado redomazo.

DOÑA ANA
Ruido he sentido en la puerta;
sin duda alguna se va
don Juan, porque no lo vean,
2740
y lo conozca mi hermano;
y ya dos sólo pelean.
¿Cuál de ellos será don Carlos?

(Llega DOÑA ANA a DON JUAN.)

DON CARLOS
La puerta, sin duda, es esta.
Vamos, señora, de aquí.

(Vase DON CARLOS con DOÑA LEONOR.)

DON PEDRO
2745
¡Morirás a mi violencia!

DOÑA ANA
Mi hermano es aquel, y aqueste
sin duda es Carlos.
¡Apriesa,
señor, yo os ocultaré!

DON JUAN
Esta es doña Ana e intenta
2750
ocultarme de su hermano;
preciso es obedecerla.

(Vase DOÑA ANA con DON JUAN.)

DON PEDRO
¿Dónde os ocultáis, traidores,
que mi espada no os encuentra?
¡Hola, traed una luz!

(Sale CELIA con luz.)

CELIA
2755
Señor, ¿qué voces son estas?

DON PEDRO
¡Qué ha de ser!
[Aparte.]
¡Pero qué miro!
Hallando al abrir la puerta,
se fueron; mas si Leonor
-que sin duda entró por ella
2760
aquí don Carlos- está
en casa ¿qué me da pena?
Mas, bien será averiguar
cómo entró.
-Tú, Leonor, entra
a recogerte que voy
2765
a que aquí tu padre venga,
porque quiero que esta noche
queden nuestras bodas hechas.

CASTAÑO
Tener hechas las narices
es lo que ahora quisiera.

(Vase CASTAÑO y cierra DON PEDRO la puerta.)

DON PEDRO
2770
Encerrar quiero a Leonor,
por si acaso fue cautela
haberme favorecido.
Yo la encierro por de fuera,
porque si acaso lo finge
2775
se haga la burla ella mesma.
Yo me voy a averiguar
quién fuese el que por mis puertas
le dio entrada a mi enemigo,
y por qué era la pendencia
2780
con Carlos y el embozado;
y pues antes que los viera
los vio mi hermana y salió
con ellos, saber es fuerza
cuando a reñir empezaron,
2785
dónde o cómo estaba ella.

(Vase DON PEDRO.)
(Salen DON RODRIGO y HERNANDO.)

DON RODRIGO
Aquesto, Hernando, he sabido:
que don Diego está herido,
y que lo hirió quien a Leonor llevaba
cuando en la calle estaba,
2790
porque él la conoció y quitarla quiso,
con que le fue preciso
reñir; y la pendencia ya trabada,
el que a Leonor llevaba una estocada
le dio, de que quedó casi difunto,
2795
y luego al mismo punto
cargado hasta su casa le llevaron,
donde luego que entraron
en sí volvió don Diego;
pero adviritendo luego
2800
en los que le llevaron apiadados,
conoció de don Pedro ser crïados;
porque sin duda, Hernando, fue el llevalle
por escusar el ruido de la calle.
Mira qué bien viene esto que ha pasado
2805
con lo que esta mañana me ha afirmado
de que Leonor fue sólo a ver su hermana,
y que yo me detenga hasta mañana
para ver si Leonor casarse quiere;
de donde bien se infiere
2810
que de no hacerlo trata,
y que con estas largas lo dilata;
mas yo vengo resuelto,
que a esto a su casa he vuelto,
a apretarle de suerte
2815
que ha de casarse, o le he de dar la muerte.

HERNANDO
Harás muy bien, señor, que la dolencia
de honor se ha de curar con diligencia,
porque el que lo dilata neciamente
viene a quedarse enfermo eternamente.

(Sale DON CARLOS con DOÑA LEONOR tapada.)

DON CARLOS
2820
No tenéis ya que temer,
doña Ana hermosa, el peligro.

DOÑA LEONOR
[Aparte.]
¡Cielos! ¿Que me traiga Carlos
pensando, ¡ah fiero enemigo!,
que soy doña Ana? ¿Qué más
2825
claros busco los indicios
de que la quiere?

DON CARLOS
(Aparte.)
¡En qué empeño
me he puesto, cielos divinos,
que por librar a doña Ana
dejo a Leonor al peligro!
2830
¿A dónde podré llevarla
para que pueda mi brío
volver luego por Leonor?
Pero hacia aquí un hombre miro
-¿Quién va?

DON RODRIGO
¿Es don Carlos?

DON CARLOS
Yo soy.
2835
(Aparte.)
¡Válgame Dios! Don Rodrigo
es. ¿A quién podré mejor
encomendar el asilo
y el amparo de doña Ana?
Que con su edad y su juicio
2840
la compondrá con su hermano
con decencia, y yo me quito
de aqueste embarazo y vuelvo
a ver si puedo atrevido
sacar mi dama.
-Señor
2845
don Rodrigo, en un conflicto
estoy, y vos podéis sólo
sacarme dél.

DON RODRIGO
¿En qué os sirvo,
don Carlos?

DON CARLOS
Aquesta dama
que traigo, señor, conmigo
2850
es la hermana de don Pedro,
y en un lance fue preciso
el salirse de su casa,
por correr su honor peligro.
Yo, ya veis que no es decente
2855
tenerla, y así os suplico
la tengáis en vuestra casa,
mientras yo a otro empeño asisto.

DON RODRIGO
Don Carlos, yo la tendré.
Claro está que no es bien visto
2860
tenerla vos, y a su hermano
hablaré, si sois servido.

DON CARLOS
Haréisme mucho favor;
y así, yo me voy.

(Vase.)

DOÑA LEONOR
[Aparte.]
¿Qué miro?
¡A mi padre me ha entregado!

DON RODRIGO
2865
Hernando, yo he discurrido,
pues voy a ver a don Pedro,
y Carlos hizo lo mismo
que él sacándole a su hermana,
que ya por otros indicios
2870
sabía yo que le amaba,
valerme de este motivo
tratando de que la case,
porque ya como de hijo
debo mirar por su honor;
2875
y él quizá más reducido,
viendo a peligro su honor,
querrá remediar el mío.

HERNANDO
Bien has dicho, y me parece
buen modo de constreñirlo
2880
el no entregarle a su hermana
hasta que él haya cumplido
con lo que te prometió.

DON RODRIGO
Pues yo entro. Venid conmigo,
señora, y nada temáis
2885
de riesgo, que yo me obligo
a sacaros bien de todo.

DOÑA LEONOR
(Aparte.)
A casa de mi enemigo
me vuelve a meter mi padre;
y ya es preciso seguirlo,
2890
pues descubrirme no puedo.

DON RODRIGO
Pero allí a don Pedro miro.
Vos, señora, con Hernando
os quedad en este sitio,
mientras hablo a vuestro hermano.

DOÑA LEONOR
2895
[Aparte.]
¡Cielos, vuestro influjo impío
mudad, o dadme la muerte,
pues me será más benigno
un fin breve, aunque es atroz,
que un prolongado martirio!

DON RODRIGO
2900
Pues yo me quiero llegar.

(Sale DON PEDRO.)

DON PEDRO
[Aparte.]
¡Que saber no haya podido
mi enojo, quién en mi casa
le dio entrada a mi enemigo,
ni haya encontrado a mi hermana!
2905
Mas buscarla determino
hacia el jardín, que quizá,
temerosa del rüido,
se vino hacia aquesta cuadra.
Yo voy; pero don Rodrigo
2910
está aquí. A buen tiempo viene,
pues que ya Leonor me ha dicho
que gusta de ser mi esposa.
-Seáis, señor, bien venido,
que a no haber venido vos,
2915
en aqueste instante mismo
había yo de buscaros.

DON RODRIGO
La diligencia os estimo;
sentémonos, que tenemos
mucho que hablar.

DON PEDRO
(Aparte.)
Ya colijo
2920
que a lo que podrá venir
resultará en gusto mío.

DON RODRIGO
Bien habréis conjecturado
que lo que puede, don Pedro,
a vuestra casa traerme
2925
es el honor, pues le tengo
fiado a vuestra palabra;
que, aunque sois tan caballero,
mientras no os casáis está
a peligro siempre expuesto;
2930
y bien veis que no es alhaja
que puede en un noble pecho
permitir la contingencia;
porque es un cristal tan terso,
que, si no le quiebra el golpe,
2935
le empaña sólo el aliento.
Esto habréis pensado vos,
y haréis bien en pensar esto,
pues también esto me trae.
Mas no es esto a lo que vengo
2940
principalmente; porque
quiero con vos tan atento
proceder, que conozcáis
que teniendo de por medio
el cuidado de mi hija
2945
y de mi honor el empeño,
con tanta cortesanía
procedo con vos, que puedo
hacer mi honor accesorio
por poner primero el vuestro.
2950
Ver si puedo hacer por vos
más; aunque también concedo
que esta es conveniencia mía:
que, habiendo de ser mi yerno,
el quereros ver honrado
2955
resultará en mi provecho.
Ved vos cuán celoso soy
de mi honor, y con qué estremo
sabré celar mi opinión
cuando así la vuestra celo.
2960
Supuesto esto, ya sabéis
vos que don Carlos de Olmedo,
demás de lustre heredado
de su noble nacimiento...

DON PEDRO
[Aparte.]
A don Carlos me ha nombrado.
2965
¿Dónde irá a parar aquesto,
y el no hablar en que me case?
Sin duda, sabe el suceso
de que la sacó don Carlos.
¡Hoy la vida y la honra pierdo!

DON RODRIGO
2970
El color habéis perdido,
y no me admiro, que oyendo
cosas tocantes a honor,
no fuerais noble ni cuerdo,
ni honrado si no mostrarais
2975
ese noble sentimiento.
Mas pues lances de amor
tenéis en vos el ejemplo,
y que vuestra propria culpa
honesta el delito ajeno,
2980
no tenéis de qué admiraros
de lo mismo que habéis hecho.

(Sale DOÑA ANA al paño.)

DOÑA ANA
Don Rodrigo con mi hermano
está. Desde aquí pretendo
escuchar a lo que vino;
2985
que como a don Carlos tengo
oculto, y lo vio mi hermano,
todo lo dudo y lo temo.

DON RODRIGO
Digo, pues, que aunque ya vos
enterado estaréis de esto,
2990
don Carlos a vuestra hermana
hizo lícitos festejos;
correspondiole doña Ana...
No fue mucho, pues lo mesmo
sucedió a Leonor con vos.

DON PEDRO
2995
¿Qué es esto? ¡Válgame el cielo!
¿Don Carlos quiere a mi hermana?

DOÑA ANA
¿Cómo llegar a saberlo
ha podido don Rodrigo?

DON RODRIGO
Digo, por no deteneros
3000
con lo mismo que sabéis,
que viéndose en el aprieto
de haberlo ya visto vos
y de estar con él riñendo,
la sacó de vuestra casa.

DON PEDRO
¿Qué es lo que decís?

DON RODRIGO
3005
Lo mesmo
que vos sabéis y lo proprio
que hicisteis vos. Pues ¿es bueno
que me hicierais vos a mí
la misma ofensa, y que cuerdo
3010
venga a tratarlo, y que vos,
sin ver que permite el Cielo
que veamos por nosotros
la ofensa que a otros hacemos,
os mostréis tan alterado?
3015
Tomad, hijo, mi consejo:
que en las dolencias de honor
no todas veces son buenos,
si bastan sólo suaves,
los medicamentos recios,
3020
que antes suelen hacer daño;
pues cuando está malo un miembro,
el experto cirujano
no luego le aplica el hierro
y corta lo dolorido,
3025
sino que aplica primero
los remedios lenitivos;
que acudir a los cauterios,
es cuando se reconoce
que ya no hay otro remedio.
3030
Hagamos lo mismo acá:
don Carlos me ha hablado en ello,
doña Ana se fue con él
y yo en mi poder la tengo;
ellos lo han de hacer sin vos...
3035
¿Pues no es mejor, si han de hacerlo,
que sea con vuestro gusto,
haciendo, cuerdo y atento,
voluntario lo preciso?
Que es industria del ingenio
3040
vestir la necesidad
de los visos del afecto.
Aqueste es mi parecer;
ahora consultad cuerdo
a vuestro honor, y veréis
3045
si os está bien el hacerlo.
Y en cuanto a lo que a mí toca,
sabed que vengo resuelto
a que os caséis esta noche;
pues no hay por qué deteneros,
3050
cuando vengo de saber
que a mi sobrino don Diego
dejasteis herido anoche,
porque llegó a conoceros
y a Leonor quiso quitaros.
3055
Ved vos cuán mal viene aquesto
con que vos no la sacasteis;
y en suma, que es largo cuento.
Pues sólo con que os caséis,
queda todo satisfecho.

DOÑA ANA
3060
Temblando estoy qué responde
mi hermano; mas yo no encuentro
qué razón pueda mover
a fingir estos enredos
a don Rodrigo.

DON PEDRO
Señor,
3065
digo, cuanto a lo primero,
que el decir que no saqué
a Leonor fue fingimiento,
que me debió decoroso
mi honor y vuestro respeto;
3070
y pues solo con casarme
decís que quedo bien puesto,
a la beldad de Leonor
oculta aquel aposento,
y ahora en vuestra presencia
3075
le daré de esposo y dueño
la mano; pero sabed
que me habéis de dar primero
a doña Ana, para que,
siguiendo vuestro consejo,
3080
la despose con don Carlos
al instante.
[Aparte.]
Pues con esto,
seguro de este enemigo
de todas maneras quedo.

DON RODRIGO
¡Oh qué bien que se conoce
3085
vuestra nobleza y talento!
Voy a que entre vuestra hermana
y os doy las gracias por ello.

(Sale DOÑA ANA.)

DOÑA ANA
No hay para qué, don Rodrigo,
pues para dar las que os debo
3090
estoy yo muy prevenida.
Y a ti, hermano, aunque merezco
tu indignación, te suplico
que examines por tu pecho
las violencias del amor,
3095
y perdonarás con esto
mis yerros, si es que los son,
siendo tan dorados yerros.

DON PEDRO
Alza del suelo, doña Ana;
que hacerse tu casamiento
3100
con más decencia pudiera,
y no poniendo unos medios
tan indecentes.

DON RODRIGO
Dejad
aqueso, que ya no es tiempo
de reprehensión; enviad
3105
un crïado de los vuestros
que a buscar vaya don Carlos.

DOÑA ANA
No hay que envïarlo, supuesto
que, como a mi esposo, oculto
dentro en mi cuarto le tengo.

DON PEDRO
3110
Pues sácale, luego al punto.

DOÑA ANA
¡Con qué gusto te obedezco;
que al fin mi amante porfía
ha logrado sus deseos!

(Vase.)

DON PEDRO
¡Celia!

(Sale CELIA, recibe la llave, y vase.)

CELIA
¿Qué me mandas?

DON PEDRO
Toma
3115
la llave de ese aposento
y avisa a Leonor que salga.
¡Oh amor, que al fin de mi anhelo
has dejado que se logren
mis amorosos intentos!

DOÑA LEONOR
3120
[Aparte.]
Pues me tienen por doña Ana,
entrarme quiero allá dentro
y librarme de mi padre,
que es el más próximo riesgo;
que después, para librarme
3125
de la instancia de don Pedro,
no faltarán otros modos.
Mas subir a un hombre veo
la escalera ¿Quién será?

(Sale DON CARLOS.)

DON CARLOS
[Aparte.]
A todo trance resuelto
3130
vengo a sacar a Leonor
de este indigno cautiverio;
que supuesto que doña Ana
esté ya libre de riesgo,
no hay por qué esconder la cara
3135
mi valor; y ¡vive el Cielo,
que la tengo de llevar,
o he de salir de aquí muerto!

(Pasa DON CARLOS por junto a DOÑA LEONOR.)

DOÑA LEONOR
[Aparte.]
Carlos es, ¡válgame Dios!,
y de cólera tan ciego
3140
va, que no reparó en mí.
Pues ¿a qué vendrá, supuesto
que me lleva a mí pensando
que era yo doña Ana? ¡Ah, Cielos,
que me hayáis puesto en estado
3145
que estos ultrajes consiento!
Mas ¿si acaso conoció
que dejaba en el empeño
a su dama, y a librarla
viene ahora? Yo me acerco
3150
para escuchar lo que dice.

DON CARLOS
Don Pedro, cuando yo entro
en casa de mi enemigo,
mal puedo usar de lo atento.
Vos me tenéis... Mas, ¿qué miro?
¿Don Rodrigo aquí?

DON RODRIGO
3155
Teneos,
don Carlos y sosegaos,
porque ya todo el empeño
está ajustado; ya viene
en vuestro gusto don Pedro,
3160
y pues a él se lo debéis,
dadle el agradecimiento;
que yo el parabién os doy
de veros felice dueño
de la beldad que adoráis,
3165
que gocéis siglos eternos.

DON CARLOS
[Aparte.]
¿Qué es esto? Sin duda ya
se sabe todo el suceso,
porque Castaño el papel
debió de dar ya, y sabiendo
3170
don Rodrigo que fui yo
quien la sacó, quiere cuerdo
portarse y darme a Leonor;
y sin duda ya don Pedro
viendo tanto desengaño
3175
se desiste del empeño.
-Señor, palabras me faltan
para poder responderos;
mas válgame lo dichoso
para disculpar lo necio,
3180
que en tan no esperada dicha
como la que yo merezco,
si no me volviera loco
estuviera poco cuerdo.

DON RODRIGO
Mirad si os lo dije yo:
3185
quiérela con gran estremo.

DOÑA LEONOR
[Aparte.]
¿Qué es esto, Cielos, que escucho?
¿Qué parabienes son estos,
ni qué dichas de don Carlos?

DON PEDRO
Aunque debierais atento
3190
haberos de mí valido,
supuesto que gusta de ello
don Rodrigo, cuyas canas
como de padre venero,
yo me tengo por dichoso
3195
en que tan gran caballero
se sirva de honrar mi casa.

DOÑA LEONOR
[Aparte.]
Ya no tengo sufrimiento.
¡No ha de casarse el traidor!

([Llega] DOÑA LEONOR con manto.)

DON RODRIGO
Señora, a muy lindo tiempo
3200
venís; mas ¿por qué os habéis
otra vez el manto puesto?
Aquí está yendo vuestro esposo.
Don Carlos, los cumplimientos
basten ya, dadle la mano
a doña Ana.

DON CARLOS
3205
¿A quién? ¿Qué es esto?

DON RODRIGO
A doña Ana, vuestra esposa.
¿De qué os turbáis?

DON CARLOS
¡Vive el Cielo,
que este es engaño y traición!
¿Yo a doña Ana?

DOÑA LEONOR
(Aparte.)
¡Albricias, Cielos,
3210
que ya desprecia a doña Ana!

DON PEDRO
Don Rodrigo, ¿qué es aquesto?
¿Vos, de parte de don Carlos,
no venistis al concierto
de mi hermana?

DON RODRIGO
Claro está;
3215
y fue porque Carlos mesmo
me entregó a mí a vuestra hermana
que la llevaba, diciendo
que la sacaba porque
corría su vida riesgo.
3220
Señora, ¿no fue esto así?

DOÑA LEONOR
Sí, señor, y yo confieso
que soy esposa de Carlos,
como vos vengáis en ello.

DON CARLOS
Muy mal, señora doña Ana,
3225
habéis hecho en exponeros
a tan público desaire
como por fuerza he de haceros;
pero, pues vos me obligáis
a que os hable poco atento,
3230
quien me busca exasperado
me quiere sufrir grosero;
si mejor a vos que a alguno
os consta que yo no puedo
dejad de ser de Leonor.

DON RODRIGO
3235
¿De Leonor? ¿Qué? ¿Cómo es eso?
¿Qué Leonor?

DON CARLOS
De vuestra hija.

DON RODRIGO
¿De mi hija? ¡Bien, por cierto,
cuando es de don Pedro esposa!

DON CARLOS
¡Antes que logre el intento,
3240
le quitaré yo la vida!

DON PEDRO
¡Ya es mucho mi sufrimiento,
pues en mi presencia os sufro
que, atrevido y desatento,
a mi hermana desairéis
3245
y pretendáis a quien quiero!

(Empuñan las espadas; y sale DOÑA ANA y DON JUAN de la mano, y por la otra puerta CELIA, y CASTAÑO de dama.)

DOÑA ANA
A tus pies, mi esposo y yo,
hemano...
[Aparte.]
¿Pero qué veo?
A don Juan es a quien traigo,
que, en el rostro el ferreruelo,
3250
no le había conocido.

DON PEDRO
Doña Ana, ¿pues cómo es esto?

CELIA
Señor, aquí está Leonor.

DON PEDRO
¡Oh hermoso, divino sueño!

CASTAÑO
[Aparte.]
Allá veréis la belleza;
3255
mas yo no puedo de miedo
moverme. Pero mi amo
está aquí; ya nada temo,
pues él me defenderá.

DON RODRIGO
Yo dudo lo que estoy viendo.
3260
Don Carlos, ¿pues no es doña Ana
esta dama que vos mesmo
me entregasteis y con quien
os casáis?

DON CARLOS
Es manifiesto
engaño, que yo a Leonor
3265
solamente es a quien quiero.

DOÑA ANA
[Aparte.]
Acabe este desengaño
con mi pertinaz intento;
y pues el ser de don Juan
es ya preciso, yo esfuerzo
3270
cuanto puedo, que le estimo,
que en efecto es ya mi dueño.
-Don Rodrigo, ¿qué decís?
¿Qué Carlos? Que no lo entiendo;
y sólo sé que don Juan,
3275
desde Madrid, en mi pecho
tuvo el dominio absoluto
de todos mis pensamientos.

DON JUAN
Don Pedro, yo a vuestros pies
estoy.

DON PEDRO
Yo soy el que debo
3280
alegrarme, pues con vos
uno la amistad al deudo;
y así, porque nuestras bodas
se hagan en un mismo tiempo,
dadle la mano a doña Ana,
3285
que yo a Leonor se la ofrezco.

(Llégase a CASTAÑO.)

DON CARLOS
¡Antes os daré mil muertes!

CASTAÑO
[Aparte.]
Miren aquí si soy bello,
pues por mí quieren matarse.

DON PEDRO
Dadme, soberano objeto
3290
de mi rendido albedrío,
la mano.

CASTAÑO
Sí, que os la tengo
para dárosla más blanda,
un año en guantes de perro.

DON CARLOS
¡Eso no conseguirás!

(Descúbrese DOÑA LEONOR.)

DOÑA LEONOR
3295
Tente, Carlos, que yo quedo
de más, y seré tu esposa
que, aunque me hicisteis desprecios,
soy yo de tal condición
que más te estimo por ellos.

DON CARLOS
3300
Mi bien, Leonor, ¿qué tú eras?

DON PEDRO
¿Qué es esto? ¿Por dicha sueño?
¿Leonor está aquí y allí?

CASTAÑO
No, sino que viene a cuento
lo de «No sois vos, Leonor...».

DON PEDRO
3305
¿Pues quién eres tú, portento,
que por Leonor te he tenido?

(Descúbrese CASTAÑO.)

CASTAÑO
No soy sino el perro muerto
de que se hicieron los guantes.

CELIA
La risa tener no puedo
3310
del embuste de Castaño.

DON PEDRO
¡Matarete, vive el Cielo!

CASTAÑO
¿Por qué? Si cuando te di
palabra de casamiento,
que ahora estoy llano a cumplirte,
3315
quedamos en un concierto
de que si por ti quedaba
no me harías mal; y supuesto
que ahora queda por ti
y que yo estoy llano a hacerlo,
3320
no faltes tú, pues que yo
no falto a lo que prometo.

DON CARLOS
¿Cómo estás así, Castaño,
y en tal traje?

CASTAÑO
Ese es el cuento:
que por llevar el papel,
3325
que aún aquí guardado tengo,
en que a don Rodrigo dabas
cuenta de todo el enredo
y de que a Leonor llevaste,
para llevarlo sin riesgo
3330
de encontrar a la Justicia
me puse estos faldamentos;
y don Pedro enamorado
de mi talle y de mi aseo,
de mi gracia y de mi garbo,
3335
me encerró en este aposento.

DON CARLOS
Mirad, señor don Rodrigo,
si es verdad que soy el dueño
de la beldad de Leonor,
y si ser su esposo debo.

DON RODRIGO
3340
Como se case Leonor
y quede mi honor sin riesgo,
lo demás no importa nada;
y así, don Carlos, me alegro
de haber ganado tal hijo.

DON PEDRO
3345
[Aparte.]
(Tan corrido ¡vive el Cielo!
de lo que me ha sucedido
estoy, que ni a hablar acierto;
mas disimular importa,
que ya no tiene remedio
3350
el caso). Yo doy por bien
la burla que se me ha hecho,
porque se case mi hermana
con don Juan.

DOÑA ANA
La mano ofrezco
y también con ella el alma.

DON JUAN
3355
Y yo, señora, la acepto,
porque vivo muy seguro
de pagaros con lo mesmo.

DON CARLOS
Tú, Leonor mía, la mano
me da.

DOÑA LEONOR
En mí, Carlos, no es nuevo,
3360
porque siempre ha sido tuya.

CASTAÑO
Dime, Celia, algún requiebro,
y mira si a mano tienes
una mano.

CELIA
No la tengo,
que la dejé en la cocina;
3365
pero ¿bastarate un dedo?

CASTAÑO
Daca, que es el dedo malo,
pues es él con quien encuentro.
Y aquí, altísimos señores,
y aquí, Senado discreto,
3370
Los empeños de una casa
dad fin. Perdonad sus yerros.


Sarao de cuatro naciones,

que son: españoles, negros, italianos y mexicanos

Salen los ESPAÑOLES.

CORO 1.º
A la guerra más feliz
que el Amor ordena,
la caja resuena,
retumba el clarín,

CORO 2.º
5
y el pífano suena,
que convoca a la lid;
y al hacer
la seña a acometer,

CORO 3.º
dicen: ¡Guerra, guerra, porque ya el Amor
10
hoy sale al campo armado de furor,
porque espera salir vencedor!

CORO 1.º
Su opuesta es la Obligación,
que el lauro pretende,
porque que es, entiende,
15
quien tiene razón.

CORO 2.º
Y así, la defiende
con destreza y corazón;
y al salir
y hacer seña de embestir,

CORO 3.º
20
dicen: ¡Toca, toca, toca, y sepan que voy
a coronarme de laureles hoy,
porque digna de ellos solamente soy!

CORO 1.º
De María la beldad
el Amor prefiere;
25
y el Respeto quiere,
con más seriedad,

CORO 2.º
que más se pondere
culto a su deidad.
Pero Amor,
30
como es deidad superior,

CORO 3.º
es quien vence, que es fácil vencer
aquel que vence sólo con querer,
pues sobre razón le sobra el poder.
¡Victoria, victoria, Vitoria,
35
y lleve triunfante la palma y la gloria
el que ha sabido salir vencedor!
Y así, ¡viva, viva, viva el Amor!

CORO 1.º
Hoy la Obligación
y el Amor se ven
40
disputar valientes
la lid más cortés.

CORO 2.º
Y aunque están unidos,
se llegan a ver
tal vez hermanados,
45
y opuestos tal vez.

CORO 1.º
De todos los triunfos
es este al revés;
pues aquí el rendido
el vencedor es.

CORO 2.º
50
La cuestión es: cuál
podrá merecer
del excelso Cerda
los invictos pies.

CORO 1.º
Y de su divina
55
consorte, de quien
aromas mendiga
el florido mes,

CORO 2.º
pues de su beldad
pueden aprender
60
candor el jazmín,
púrpura el clavel;

CORO 1.º
a quien humilladas
llegan a ceder
Venus la manzana,
65
Palas el laurel.

CORO 2.º
Y al tierno renuevo,
el bello José,
que siendo tan grande,
espera crecer.

(Salen los NEGROS.)

CORO 1.º
70
Hoy, que los rayos lucientes
de uno y otro luminar,
a corta esfera conmutan
la eclíptica celestial;
hoy, que Venus con Adonis,
75
esta bella, aquel galán,
a breve plantel reducen
de Chipre la amenidad.

CORO 2.º
Hoy, que Júpiter y Juno,
depuesta la majestad,
80
a estrecha morada truecan
el alcázar de cristal;
hoy que Vertumno y Pomona
dejan ya de cultivar
los jardines que sus pies
85
bastan a fertilizar.

CORO 1.º
Hoy, en fin, que el alto Cerda
y su esposa sin igual,
pues solamente sus nombres
los pudieron explicar;
90
porque en tanta fabulosa
deidad de la antigüedad,
allá se expresa entre sombras
lo que entre luces acá.

CORO 2.º
Los dos amantes esposos,
95
que en tálamo conyugal
hacen la igualdad unión
y la unión identidad.
Tanto que, a faltar María,
célibe fuera Tomás,
100
y, a faltar Tomás, María
igual no pudiera hallar.

CORO 1.º
Depuesto el solio glorioso,
de su grandeza capaz,
luces que [envidia] una esfera,
105
a un estrecho albergue dan.
¡Salga la voz; no el silencio
se ocupe todo el lugar:
conceda a la voz lo menos,
pues se queda con lo más!

CORO 2.º
110
¡Haya un índice en el labio
de lo que en el pecho está,
que indique, con lo que explique,
lo que no puede explicar!
Y aunque la gratitud sea
115
imposible de mostrar,
¡haya siquiera quien diga
que le quede qué callar!

(Salen los ITALIANOS.)

CORO 1.º
En el día gozoso y festivo
que humana se muestra la hermosa deidad
120
de María, y el Cerda glorioso,
que triunfe feliz, que viva inmortal;
hoy que, hermosos Cupidos, sus soles,
del bello, celeste, lucido [carcax],
flechan veneraciones, y luego
125
las flechas que tiran vuelven a cobrar;
hoy que, enjambre melifluo de Amores,
de su primavera festeja el rosal,
y aunque en torno [susurra] a sus flores,
se atreve a querer, pero no a llegar;
130
en el día que sus plantas bellas
dichosa esta casa merece besar,
y en las breves estampas que sella,
vincula la dicha a su posteridad;
en el día en que el tierno renuevo
135
de ascendencia clara, de estirpe real,
nuevo Sol en los brazos del Alba,
de las aves deja su luz saludar;
en el día en que sus damas bellas,
cándidas nereidas del sagrado mar,
140
nueva Venus cada una se ostenta,
mejor Tethis se ve cada cual,
con humildes afectos rendidos,
venid amorosos a sacrificar
víctimas a su culto, en que sea
145
el alma la ofrenda, y el pecho el altar.
Y pues el que merece sus aras
excede glorioso la capacidad,
sude el pecho en afectos sabeos,
arda el alma en aroma mental.
150
Y pues falta la sangre y el fuego,
por uno y por otro sacrificio igual,
el deseo encendido suponga,
la víctima supla de la voluntad.
Y a sus plantas rendidos, pidamos,
155
con votos postrados de nuestra humildad,
que se admita por feudo el deseo,
que supla las faltas de la cortedad.

(Salen los MEXICANOS.)

CORO 2.º
¡Venid, Mexicanos;
alegres venid,
160
a ver en un Sol
mil soles lucir!
Si América, un tiempo
bárbara y gentil,
su deidad al Sol
165
quiso atribuir,
a un Sol animado
venid a aplaudir,
que ilumine hermoso
su ardiente cenit;
170
Sol que entre arreboles
de nieve y carmín,
dos lucientes mueve
globos de zafir;
Sol que [desde] el uno
175
al otro confín,
inunda la esfera
con rayos de Ofir;
la excelsa María,
de quien aprendiz
180
el cielo es de luces,
de flores abril;
en cuyas mejillas
se llegan a unir
cándido el clavel,
185
rojo el carmesí.
Y a su invicto esposo,
que supo feliz
tanto merecer
como conseguir.
190
Y al clavel nevado,
purpúreo jazmín,
fruto de una y otra
generosa vid:
José, que su Patria
195
llegó a producir
en él más tesoros
que en su Potosí.
¡A estas tres deidades,
alegres rendid
200
de América ufana
la altiva cerviz!

(Júntanse las NACIONES, y tañen la «reina» y cantan.)

CORO 3.º
La Obligación y el Amor,
en felice competencia,
si como amigos se ayudan,
205
como contrarios pelean.
Cada cual llevar el lauro
de los aplausos intenta,
en el obsequio debido
a los pies del alto Cerda.
210
La Obligación, por precisa,
dice que no es bien parezca
que se ejecuta de gracia
lo que se tiene [de] deuda.
El Amor, más cortesano,
215
dice que, cuando así sea,
puede él hacer voluntario
lo que la Obligación fuerza.
Replica la Obligación
que es menester que se entienda
220
que se paga por tributo
y no se da por ofrenda.
Mejor lógico el Amor,
dice que, en una acción mesma,
hace dádiva la paga
225
el afecto de la entrega.
Vence el Amor, y vencida
la Obligación se confiesa
-que rendirse de un cariño,
es muy airosa bajeza-,
230
bien que, felizmente unidos,
con igual correspondencia,
pagan, como que no dan;
dan, como si no debieran.

(Tocan los instrumentos el «turdión» y danzan.)

CORO 4.º
Al invencible Cerda esclarecido,
235
a cuyo sacro culto reverente
rinde Amor las saetas de su aljaba,
el rayo Jove, y Marte los laureles;
a la Venus, a quien el Mar erige
en templos de cristal tronos de nieve,
240
vagos altares le dedica el Aire
y aras le da la Tierra consistentes;
a la deidad divina mantüana,
de cuyo templo por despojo penden
de Venus las manzanas y las conchas,
245
de Dïana los arcos y las pieles;
y al José generoso, que de troncos
reales, siempre ramo floreciente,
es engace glorioso que vincula
los triunfos de Laguna y de Paredes,
250
¡venid a dedicar, en sacrificios
de encendidos afectos obedientes,
la víctima debida a sus altares,
la ofrenda que a su culto se le debe!
Y en la aceptación suplan sus aras,
255
donde la ejecución llegar no puede,
las mentales ofrendas del deseo
que ofrece todo aquello que no ofrece;
pues a lo inmaterial de las deidades,
se tiene por ofrenda más solemne
260
que la caliente sangre de la fiera,
la encendida intención del oferente.
Y escuchen los perdones que pedimos
(pues en su ceño más propicio siempre
a las indignidades humilladas,
265
que no a las confiadas altiveces),
porque el felice dueño de esta casa,
el favor soberano que hoy adquiere,
¡en vividores mármoles lo esculpa;
en estrellas, por cálculos, lo cuente!

(Tocan los instrumentos la «jácara» y la danzan.)

CORO 3.º
270
Ya que las demonstraciones
de nuestro agradecimiento,
cuanto han querido ser más,
tanto se han quedado en menos;
ya que cuando nuestro amor,
275
soberano Cerda excelso,
intentó salir en voces,
se quedó sólo en los ecos;
ya que, divina María,
al aplaudir vuestro cielo,
280
porque no bastó la voz,
se atendió sólo [al] silencio;
ya que, José generoso,
a vuestro Oriente primero,
como al Sol, hicieron salva
285
la s voces de nuestro afecto;
ya que, bellísimas damas,
a vuestro decoro atento,
sólo se atrevió el Amor
con el traje del Respeto;
290
y ya que para estimar,
señor, favor tan inmenso,
la Obligación tiene por
estrecho plazo lo eterno,
vuestra benignidad supla
295
la cortedad del festejo:
pues su pequeñez disculpa
la improporción del objecto,
y en el ser vuestro también
asegura los aciertos,
300
pues nunca podrá ser corto,
si se mira como vuestro.