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URZÁIZ: "Sin las nuevas tecnologías, la investigación era más laboriosa, menos fiable y carísima"

Héctor URZÁIZ//Universidad de Valladolid

1. ¿Por qué se dedica a la investigación del teatro clásico español?

Mi maestro, Javier Huerta Calvo, me propuso colaborar en su proyecto sobre los entremeses barrocos. Me pedí el teatro breve de Quevedo, pero ya estaba cogido, así que hice Vélez de Guevara, que no está nada mal. Luego me dieron una beca para hacer un repertorio del teatro del XVII; y hasta hoy.

2. Actualmente, ¿qué investigación se encuentra desarrollando?

Llevo unos años trabajando sobre censura teatral áurea a través del proyecto Clemit (Censuras y licencias en manuscritos e impresos teatrales). Si la anterior fue una investigación por encargo, esto es lo que siempre había querido hacer. Inicialmente en solitario, como proyecto del programa Ramón y Cajal; después con un pequeño equipo, a través de un par de proyectos I+D financiados. Ahora estamos publicando resultados en la base de datos que tenemos en internet, totalmente abierta (buscador.clemit.es ). Y hay mucho aún por investigar.

3. ¿Cuál es su obra de teatro clásico favorita y por qué razón?

La serrana de la Vera, de Vélez de Guevara, aunque nunca la he visto en escena y no sé cómo funcionaría hoy esta obra, que es un puro disparate, muy de su época, con toda esa venganza excesiva y truculenta, el morbo y la sangre en el castigo, esas insinuaciones lésbicas de Gila a Isabel la Católica, los comentarios sobre el rey Fernando…

4. ¿A qué hispanistas profesa admiración?

He tenido la suerte de formarme (y sigo) con algunos de los mejores y más reconocidos, pero no daré nombres para que no les culpen de mis carencias. Como el término hispanista se puede entender de diferentes maneras, me acojo a su sentido tradicional de estudioso extranjero de nuestra cultura: Edward Wilson, John Elliot, Shergold y Varey… Siempre me ha llamado la atención su interés por nuestro Siglo de Oro y lo mucho que han aportado a su conocimiento (hay también otros menos solventes, que a veces construyen teorías muy pintorescas). Fuera del teatro áureo, Nigel Dennis, que murió prematuramente el año pasado; fui alumno suyo en Ottawa hace años y era, además de una gran persona, un hombre muy brillante, referencia en los estudios sobre la Generación del 27.

5. ¿Quién es su dramaturgo áureo preferido y por qué?

Tirso de Molina, que escribe bastante mejor que Lope; y no tanto como Calderón, pero sermonea menos. Tirso es sorprendente, muy divertido y muy moderno. Por otra parte, su biografía literaria (con la represión política y religiosa que sufrió) ilustra muy bien sobre el alcance de la censura en aquella época.

6. ¿Cuál es su referencia bibliográfica de cabecera?

Me han sido siempre muy útiles los viejos recopiladores de nuestro teatro clásico, tanto para hacer mi Catálogo de dramaturgos como ahora que estoy inventariando las obras censuradas: La Barrera (casi todo el mérito de mi catálogo es suyo, aunque también arrastré sus errores), Agustín Durán (que tenía mucha intuición y da buenas pistas) o Paz y Melia, el primero que se preocupó por reseñar las censuras de los manuscritos áureos (y quien dio noticia por primera vez de obras que algunos ahora dicen haber descubierto). Aquella gente hizo acopio de mucha información con muy pocos medios; ahora es muy fácil cruzar datos de aquí y allá para aparentar grandes hallazgos, pero casi todo ya lo habían apuntado ellos.

7. ¿Puede recordar un espectáculo de teatro clásico que le haya fascinado y explicar las razones?

El mayor encanto, amor, de Calderón, montado por Teatro Corsario: nunca antes había visto hacer de esa forma tan peculiar una obra del Siglo de Oro; me dejó con la boca abierta. Creo que fue la creación más singular de Fernando Urdiales, otro genio al que también hemos perdido. Y, aunque no es en puridad teatro clásico, el Siglo de Oro, siglo de ahora de Ron Lalá es una maravilla.

8. ¿Qué obras le gustaría ver representadas sobre las tablas?

La serrana, como he dicho, y Los tres mayores prodigios, un pastiche mitológico de Calderón con mucha carga cómica. Y la compañía perfecta para hacerla sería Corsario, claro, por las razones antedichas. Pero sin el bueno de Fernando supongo que ya no es fácil.

9. ¿Cuáles son las principales dificultades que debe superar la investigación del teatro clásico español en el siglo XXI?

Sobrevivir a los liquidadores que tienen a las Humanidades en su punto de mira. El teatro clásico, por ejemplo, los sufre en su vertiente más visible, que es la escénica (hostigamiento fiscal, marginación presupuestaria, estigmatización del colectivo actoral), pero también en la nuestra, más oscura y desagradecida, que es la de la investigación (falta de apoyo económico y reconocimiento oficial). En un plano más concreto, remito a la última pregunta de este cuestionario.

10. ¿Qué valoración personal realiza del desarrollo y el uso de las nuevas tecnologías en la investigación del teatro áureo?

Pues que es una pena no haber dispuesto antes de ellas. Por ejemplo, para mi Catálogo de dramaturgos habría sido una ayuda impagable. Hasta hace pocos años todas nuestras investigaciones eran mucho más laboriosas, menos fiables (bien lo sé yo, por desgracia), llevaban infinitamente más tiempo y salían carísimas. Ahora hay herramientas maravillosas: Dicat, Manos teatrales, etc. En el proyecto Clemit estamos confeccionando también una base de datos sobre la censura del teatro clásico, y tenemos idea de hacer algo conjunto en el terreno de las humanidades digitales.

11. Desde su punto de vista, ¿qué ha significado el macroproyecto TC/12 y qué ha aportado al ámbito del hispanismo?

Como es difícil dar una respuesta no previsible y autocomplaciente, aprovecho para hacer publicidad de un libro que resume bien la tarea del TC/12: acaba de publicarse el nº 29 de Cuadernos de Teatro Clásico, que he coordinado con Mar Zubieta. Va dedicado al tema Renovación en el Siglo de Oro: repertorio e instrumentos de investigación y participan en él los investigadores principales de los doce proyectos incumbidos. Es una especie de rendición de cuentas que ilustra muy bien sobre lo que se ha hecho y lo que está por hacer; el artículo de José María Díez Borque, por ejemplo, contesta elocuentemente a la pregunta anterior acerca de las dificultades concretas de la investigación sobre el teatro clásico. Se titula «Sobre lo que sería necesario saber más de la vida teatral del Siglo de Oro español», y pone deberes a todo el gremio.

 

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